Ubicando algunas pistas…
La caída del muro de Berlín hundió al socialismo de Estado, y a ciertos tipos de sociedades autoritarias, pero termino por liquidar al resto de la izquierda europea. “La socialdemocracia a su interior sonreía pensando que desaparecería un adversario estratégico”. Grave error porque ahora solo quedan partidos de derecha, de centro derecha y de centro izquierda”, todos eyos dedicados diligentemente a “gestionar el capitalismo-financiero, bio-tecnológico, y hacerlo eficiente”. La pandemia Covid-19 y la infame invasión a Ucrania los dejo sin la hoja de parra que como último reducto cubría los espacios de los Estados gestionando los Estados Nacionales. El rechazo a estos enfoques se ha reducido a “fuerzas fundamentalistas, nacionalistas y antiinmigrantes”. En el pasado reciente observamos con pena como Zapatero en España, y Obama en EE UU, supuestos gobernantes comprometidos con lo logros fundamentales del desarroyo histórico democrático, fueron obligados a tranquilizar los mercados financieros”.
¿Naufragaron los partidos tradicionales frente a los grupos de interés?
¿En teoría los partidos pareciera que siguen siendo las organizaciones político-sociales que a pesar de su fragilizacion mejor expresan la necesaria integración y representación de la voluntad de los ciudadanos en las democracias modernas, pese a todas las críticas y evidentes frustraciones? Partidos y organizaciones sociales son un imperativo para las democracias. Eyas requieren de organizaciones fuertes, sólidas y programáticas. A eyos (a), les tocan por un largo tramo seguir en el rol de mediadores entre la sociedad en su conjunto y el Estado, pero deben estar arraigados en la sociedad, representando los intereses más variados y complejos de sus respectivas comunidades. Procesos y movimientos políticos alternativos a los partidos pueden ser inevitables en ciertos ciclos de complejidad histórica, pero, a largo plazo, debilitan los elementos constitutivos del intento de reforzar la tarea de las democracias, que es el fin ambicionado por todos. Un análisis descarnado sobre el actual estado de los partidos políticos en el país nos yeva a repasar algunas interrogantes: ¿qué clase de partidos u organizaciones políticas necesitamos?, ¿cómo establecer sus niveles de democracia interna y externa? ¿Desde qué premisas puede evaluarse a estos referentes políticos?, ¿cómo son asumidas estas organizaciones políticas por la sociedad actual?, (léase ejemplo hemos observado en los eventos recientes con asombro el nivel de recelo frente a eyos de los jóvenes), ¿cómo se modernizarán los cuadros políticos y las ofertas programáticas para que vayan más ayá de la asfixiante coyuntura política y/o electoral? Por otro lado: ¿cómo se explica la dispersión política actual, la división, las defecciones, y la fragmentación de las organizaciones?
¿Resisten los partidos políticos en América Latina?
En algunos países de América Latina, los partidos políticos casi han desaparecido. En otros, se encuentran en una coma permanente, o se debaten en un cenagal de corrupción y del extravío de la intuición para el abordaje de la complejidad político-social, (casos emblemáticos, Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú y Venezuela), han venido siendo desalojados por liderazgos personalistas, mediáticos o caudiyismos mesiánicos apelando a nuevas afluencias y correlaciones grupales. Esta situación no escapa a la apreciación del grueso de la ciudadanía, según lo señalado, y ayí coinciden una infinidad estudios de opinión pública realizados tanto a nivel nacional como regional, (se agradece obviar encuestadoras venezolanas), los cuales ubican a la política y a los partidos políticos en los índices más bajos de aceptación general. En todo caso, el tipo de preguntas que suelen emplear en esas indagaciones confirman algunas tendencias a situarlos como apéndices casi ajenos a la sociedad. Una de las grandes dificultades consiste precisamente en entender el éxito o el fracaso de los partidos como parte de la expresión de las realidades sociopolíticas. Esta premisa es básica para aproximarnos al escrutinio de los mismos. Una de las interpretaciones presentes, que nos convoca a evaluar con seriedad este yamado de una infinidad de sectores autodenominados progresistas, que nos entronca con los análisis de otros países que es la pérdida de identidad de izquierda de los propios partidos que ostentan ese nombre. (Sinopsis de la reflexión de la Fundación Friedrich Eber y compilada por los investigadores, Yesko Quiroga y Jaime Ensigna).
Caso Brasil…
Investigaciones que se realizaron en el caso de Brasil. Un denso estudio de Iole Ilíada López muestra que la legitimidad de una propuesta de izquierda debería verse reforzada por una premisa mundial donde la “muerte de la dictadura del mercado” (en palabras de Sarkozy) se corresponda con una revalorización de la política. Sin embargo, esta distintiva dinámica encuentra a una izquierda agotada, repitiendo las desviaciones donde han gobernado de los mismos males que por años denunciaron de los sectores reaccionarios, después del colapso del socialismo real; han intentado adaptarse al orden vigente (resignada a la imposibilidad de superarlo); y en algunos casos, eya misma protagonista de la implantación de un orden neoliberal y pasto fácil de todo tipo de corruptelas. En palabras de Iole, y utilizando una expresión de Saramago: quien consiga interpretar mejor lo que está pasando y formule las mejores salidas políticas para la construcción de un nuevo orden alternativo, y lograría responder más adecuadamente las preguntas formuladas: Pero no son sólo las inconsistencias de quienes todavía intentan arroparse con el manto ya agujereado de la “izquierda” su legitimidad zozobrada como portadora de un proyecto histórico alternativo. Lo son también los cambios en la estructura social que redujeron el poder de movilización y organización de los movimientos populares, al tiempo que aumentaron la pobreza y la desigualdad que refuerza el pensamiento conservador. Todo eyo ha tenido un devastador impacto sobre la credibilidad de la política misma y su capacidad para transformar la sociedad.
Síndrome del caso Venezuela…
La psiquiatría nos ha enseñado qué es fácil pasar de un estado depresivo a una fase maníaca y viceversa. Hay indicios que permiten albergar la sospecha de que tales cambios bruscos no sólo se presentan en pacientes individuales sino, también, en grandes colectividades (Dixit Venezuela).
De hecho, las fuerzas populares y hoy las “auto invocadas socialdemócratas” enfrentan el problema de la construcción de una subjetividad política organizada, no han sido capaces de articular una voluntad de cambio desde abajo “con la existencia de una difusa demanda de nuevos rumbos en una sociedad que colocó en interrogación su propia continuidad como comunidad política”.
Sin ánimos de ejercicios de loconofilia, en nuestro intento de objetividad no podemos pasar por alto, en el inédito capitulo Venezuela, necesario es recordar y resaltar, que en las dos décadas 80-90, el grueso de la sociedad civil, especialmente su elite intelectualmente, extenuada aprovechando la dispersión ocasionada por el agotamiento de yamado pacto de las elites, que desemboco en una repulsa social, y frente a la ausencia de un necesario remozamiento de ideas y actores, en insolidaria y visceral aptitud se lanzaron a una brutal agresión de la sociedad política, un feroz embestida con la exigencia de desalojo y sustitución. Un asalto que coincide con los diseños estratégicos y tácticos del poder con pretensión hegemónica, (léase fascismo), un cruento abordaje que disperso y restringió fuerzas del civilismo democrático. La agresión artera de la sociedad civil a la sociedad política, frente a la carencia y legitimidad de esta última. Fue una cruzada despiadada letal, sostenida con saña, especialmente a través de los medios, en el oprobioso papel de francotiradores (léase entre muchos Primer Plano). Con creciente intensidad en las dos ultimadas décadas del siglo XX. El salvaje asalto perpetrado con el inocente ropaje de la sacrosanta sociedad civil, causo efectos letales en la ya quebrantada sociedad política. Pero no fueron eyos los pretendidos alaricos de nuevo pelaje autores de este despiadado asalto los beneficiarios de esta cruel ofensiva, sirvieron a los intereses y a las estrategias de otros: aqueyos derrotados por la sociedad política en las luchas por la institucionalización de la democracia durante los años 60. Abonaron si el terreno para los: que nunca tuvieron su pensamiento colmado de sueños revolucionarios, ni por vehementes planteamientos éticos, como por ejemplo contra el grave flagelo histórico de la corrupción, sino que desarroyaron, una poliédrica conjura cuartelaría en pos de una fría ambición de mando. La sedicente sociedad civil con lágrimas de sangre, ha descubierto en estas dos décadas en carne viva, que la sociedad pretoriana ahora matizada con alianzas de tufo totalitario externo, la cual a través de utilizar sin sonrojos las instituciones del Estado, que cebaron su repulsa por la sociedad política, no es vasaya, sino que ha demandado con dureza vasayaje, y la subordinación que exigen los pretorianos siempre han sido mucho peor para las sociedades libres que las que supuestamente demanda la sociedad política. Hoy hay un nuevo y sostenido intento encabezado por María Corina Machado donde la sociedad civil viene de vuelta, aunque con perplejidad seguimos viendo como los grandes intereses que pugnaron por instrumentalizarla, no tienen el menor pudor de hoy someterse lúdica, apresurada y jubilosa a todos los antojos del Cesar y sus áulicos, (léase levantamiento de sanciones y plan electoral y que no se levante la inhabilitación buscar una candidatura de consenso que la sustituya). (Sobre este aspecto prefiero sugerir la lectura del artículo del historiador Elías Puno Iturrieta de esta semana en la Gran Aldea intitulado “María Corina Machado y las culpas de la oposición” Las debilidades del estamento político muestro de cada dia han alterado su legitimidad como portadora de un proyecto histórico alternativo. Lo son también los cambios en la estructura social que por la vía de la coaptación (véase Venezuela, en su annus mirabilis 1998). de quienes, con vasto apoyo popular, en una paradoja cruel han reducido su poder de movilización y organización de los movimientos populares, al tiempo que aumenta la pobreza y la desigualdad reforzando en el país el pensamiento conservador. Todo esto ha impactado sobre la fe de la política misma y su capacidad para transformar la sociedad. El riesgo es la indiferenciación ideológica (como se deduce de la experiencia europea de gobiernos “socialdemócratas” que más parecen haber alimentado a los conservadurismos que reproducido y ampliado las posibilidades de la propia corroída izquierda) y por eyo la tesis del programa y la ideología se constituye en un argumento central. En su trabajo sobre la política en Argentina, Mocca ha señalado: “expresa que el “progresismo” (más bien un eufemismo) de la vieja izquierda huyendo hacia adelante, tiene que hacerse cargo no es la de la administración meticulosa y burocrática de una “cosa pública” preestablecida, sino de sujetos capaces de construirla, expresar las diferencias y generar nuevos cauces”. Por oposición, en el caso argentino la situación fluctúa, según él, entre “situaciones de consenso generalizado en las que todos los actores parecen querer lo mismo y discuten la forma de yevar eso que quieren a la práctica, a explosiones inorgánicas de conflictos muchas veces planteados en términos inconciliables y terminales”. o genera un clima antipolítico y la indiferenciación ideológica que ha minado abiertamente la legitimidad de los partidos. Hoy en esa fluctuación emergió y se hizo de la conducción de la Republica el liberal Milei con unas ofertas cargadas de economicismo, Pero, ¿cuáles serían los componentes centrales en el país de un proyecto político? De acuerdo al análisis clásico de los autores concurrirían dispositivos medulares: tales como la reafirmación de la soberanía nacional, la ampliación de la democracia y la redefinición del papel del Estado, así como la definición de “reformas estructurales que combinen crecimiento económico con transferencia de riqueza, ingresos y poder para los trabajadores los jóvenes y los sectores medios”. El desafío de la construcción de una fuerza emergente, capaz de convertir el impulso de estrategias alternativas al viejo modelo liberal agotado, como a la izquierda anacrónica en una acción política consistente y duradera, enfrenta enormes complejidades. Existe una difundida coincidencia tanto en la teoría como entre los propios actores políticos acerca de la pérdida de liderazgo de los partidos políticos en las sociedades democráticas contemporáneas. La erosión de las grandes identidades sociales que soportaron los cambios en la organización de la producción; el debilitamiento de las capacidades de los estados nacionales en el contexto de la globalización; el nuevo clima cultural signado por el individualismo y la creciente incertidumbre; el territorio social esencial alcanzado por los medios e infinidad de modalidades aferentes de comunicación; y, por fin, el desmoronamiento del mundo de la guerra fría, con el consiguiente final de alineamientos en torno a dos grandes polos ideológicos; constituyen el ambiente en el que se han diluido los grandes partidos de masa y se ha transfigurado en general su rol en la democracia. Esta afirmación tendría que enmarcarse en un debate que podría ser histórico en nuestro país, acerca de qué es lo que se entendía por una fuerza política de socialdemocracia o de derecha, hacia donde debe apuntar el análisis y las recomendaciones hoy. “El mundo teórico y político ha adoptado mayoritariamente la definición de Norberto Bobbio según la cual el proyecto de igualdad ha sido teorizante la “estreya polar” de la izquierda. En tanto que, para la derecha, las desigualdades y el espacio para su libre manifestación son la condición para la competencia económica, siendo ésta sustancial para el progreso de las sociedades. La izquierda clásica a su vez, considera trascendente un cuerpo de derechos económicos, políticos, culturales y sociales sin los cuales es inconcebible la vida en común y mucho menos la democracia”. Pero esta definición quedo suspendida en el vacío de los recintos teóricos al margen de la historia, hay que recordar el hecho de que esa complejidad valorativa tomó cuerpo históricamente a través de actores sociales y de formas político-estatales concretas. Fueron los grandes partidos socialistas y socialdemócratas expresivos de cuantiosas masas de trabajadores, los que constituyeron el soporte político del estado democrático-social europeo de la segunda posguerra; seguramente el más alto logro real de las fuerzas de izquierda. Es decir, eya como presupuesto es algo más que una declaración de principios subjetiva, favorable al establecimiento de condiciones igualitarias: es la historia viva de fuerzas sociales que han hecho suya esa reivindicación y la convirtieron en una presencia ineludible en las sociedades democráticas. Entonces, no es suficiente buscar a la socialdemocracia en programas y declaraciones. Solamente puede encontrársela para su rediscusión con todas sus insuficiencias y contradicciones en la historia de las luchas de un pueblo. (en el país hay creo 5 o 6 que se definen como “socialdemócratas” solo son residuales de los viejo partidos, y los otros grupos de intereses). En suma, puede hablarse de una variedad de actitudes y relaciones para con el gobierno, por parte de las organizaciones sociales populares. Sin embargo, hay que poner de relieve dos cuestiones importantes: la primera, es que los 25 años de el régimen chavista más ayá se sus nulos logros han sido de activación de los sectores populares, después de más de unas décadas en la que estos ocupaban espacios fronterizos en nuestra realidad política a; la segunda es que, en correspondencia, se ha creado una dinámica de relaciones entre actores sociales y Estado totalmente antagónica a la que primó en los años anteriores. La realidad de este tiempo y específicamente la de los últimos meses, es notable su sumatoria a la lucha encabezada por María Corina de esos sectores quienes le profesaban hostilidad y hoy hay que señalar la extraordinaria importancia de esta cuestión. La crisis de 1998 significó un grave deterioro de las mediaciones institucionales, particularmente de los partidos políticos. En esas condiciones han proliferado iniciativas de “autoconvocatoria” en distintos sectores sociales. Es decir, movilizaciones de colectivos al margen de toda mediación orgánica. El principal déficit de la política y los nuestros políticos está en la manifiesta incapacidad mostrada para establecer proyectos y metas políticas alternativas que no han sido claramente formuladas. La participación ciudadana en política suele estar movilizada por la sensación de que está en juego algo innegablemente esencial, que nos concierne a todos. Durante los últimos años vivimos una etapa de convulsionada activación “política” con pocos antecedentes cercanos. Aliados y opositores a las políticas, en materia de inseguridad, servicios públicos, abastecimiento, corrupción, en conclusión, una severa crisis económica asociada al tratamiento arrogante represivo impulsado por la coalición gobernante Maduro-Delcy-Cabello-Padrino-Celia, que además revela que la caye cada día se resiente, si había alguna duda el 29 se les cayeron costosas y sedosas bombachas de la anunciada marea roja que palideció, y los ubicó por debajo del apoyo popular de Leocenis al no asistirles a la conmemoramos de los 20 años de aquel histórico discurso antiimperialista del Cmte. Chávez, cómo esperaban inadvertidamente, sus principalmente radicalismos, que creían se habían apropiado del sentimiento popular. Pero hay que destacar el hecho de que el conflicto político solo escalo su giro en tres eventos, (abril del 2002, a este infortunado acto cuyo fracaso que fuerzas actuantes nunca le explicaron al país) en el (2007) el referéndum que produjo la derrota contundente de Chávez y que los factores opositores intercambiaron por unas especies de Toparquías que han logrado sostener en el tiempo, y en el (2014) el disparate del insensato yamado a la caye en torno a dirigentes estudiantiles, y en el reciente una que otra figura de los “partidos políticos” aparecen en un plano secundario, que desnuda con crudeza el problema de ausencias de los mismos. Nuestra escena política ha oscilado desde situaciones de búsqueda de consenso general, en las que todos los “actores” parecen querer lo mismo y contienden por la forma de yevarse a cabo, hasta la práctica de estayidos y conflictos, planteados muchas veces en términos irreconciliables y extremos. Ese fluctuar particularmente en su fase intensa y polar tiene un efecto devastador por la extenuación del sistema político y han tendido a bloquear las salidas a un ya recurrente clima de inestabilidad. En distintas voces, se está repitiendo que la política de partidos está haciendo falta, y es el gran desafío de los que apuestan hacerse cargo. El sistema de partidos del Dios nuestro de cada día sigue careciendo de ese clivaje ordenador y mensajero de sentido. Sin embargo, es necesario reconocer que el descamino del gobierno fue y es un aporte importante en la dirección de donde debe apuntar con claridad una propuesta programática. La intuición nos enseña que en el país y en la región (y creemos que en todo el mundo) se están modificando certezas que abarcaron más de tres décadas desde que progresivamente el capitalismo fordista y keynesiano de la segunda posguerra fue desplazado por la globalización neoliberal hegemonizada por el capital financiero y fue el elemento sobre el que cabalgaron irrupciones sociales como el chavismo que fueron sus méritos indiscutibles. Esa intuición fue inicialmente acompañada por el impulso de un reagrupamiento de fuerzas políticas entre eyas las conservadoras que atacaron ferozmente a los partidos caso emblemático en el país, disolviendo la poca civilidad que residía en eyos, esos factores podrían ser genéricamente señalados como “tardo-desarroyistas”. Una gran prueba que deberán rendir los partidos populares en nuestra región y con especial énfasis en el país es la de exigir más ayá de la retórica aferente la articulación de sus políticas para la reducción de los daños sociales que ya soportan los países latinoamericanos y dramáticamente el nuestro. Con respecto a eso se expresa cómo nuestra desigualdad estructural es “hija de un proceso de carácter histórico”, donde fuimos colonizados por economías feudales. Además, enfatiza en cómo el liberalismo ha favorecido la diferencia y la acumulación de la riqueza, volviéndonos la región más desigual del mundo. Con respecto a esto hay que hacer énfasis en la importancia de luchar por la erradicación de la misma, y la necesidad de asegurar a los que nacieron pareciera que condenados en los estratos inferiores hay que nivelar derechos elementales a través de la transferencia acceso a la educación en la formación para el trabajo, para asegurar que tengan más oportunidades. El mundo actual viene cambiando a pasos acelerados. Aparte de algunos estudios de universidades de la región y grupos especializados, en el amplio espectro político de rio grande a la Patagonia, solo el presidente Mujica ha reclamado en su momento ejemplo la un real acuerdo regional y la profesionalización de la clase trabajadora. “Esto es apertura de la universidad para ese sector a fin de que estos sean más competentes y puedan con un sentido crítico participar en el mercado laborar y crear mayor excedente que beneficie en su conjunto a eyos y al país que logre ser más justo y democrático. En esto, creo que todos estamos de acuerdo que una de las debilidades marcadas de los países latinoamericanos es la falta de nuestras propias capacidades para confrontar” las más evidentes es la ausencia de primero nuestras propias trabas internas, que aún no somos capaces de resolverlos empoderando e integrando a los excluidos por el contrario estas dificultades se han agravado aun cuando hemos tenido la oportunidad de mejorarlas, y segundo los problemas que confrontamos como países en nuestros ensayos de integrarnos al mercado internacional. En esto, como pareciese ser práctica común de cada uno trata de competir con el otro sin importar el perjuicio que puede causar a la región como conjunto. Los factores de poder siguen fragmentados y así es muy poco lo que se ha avanzado aun cuando la región tenga ingentes recursos que se pudiesen destinar como fortalezas para todos. quienes por una u otra situación en vez de sumar esfuerzos y voluntades, entorpecen lo que se presume debería estar claro ayí la lectura en lo referente al Mercosur, UNASUR el CELAC y otras instancias integradoras y cooperativas, las que hay que modificarlas o rescatarlas para que sean actores centrales y establecer el modo de avanzar con fuerza en el concierto regional y mundial, ya que lo ocurrido nos señala como una de sus limitaciones justamente que “la falta de capacidad y/o voluntad de los socios para adelantar en la consolidación y profundización del proyecto de integración. que incluye también las posiciones divergentes entre sus miembros respecto a la realización de acuerdos con la Unión Europea.” Preciso será franquear todos los riesgos que tiene el contexto, pero también es cierto que las grandes fuerzas políticas que dieron un giro copernicano a la historia surgieron y se desarroyaron en tiempos turbulentos. Existen muchos indicios de que no estamos ante una tormenta pasajera sino ante un cambio épocal, que además la acelero la Pandemia del Covib-19 y el brutal ataque ruso a Ucrania, que no vieron venir cara a su declinación al modo de desarroyo capitalismo-financiero-tecnológico que no consiste solamente en las reglas del funcionamiento económico sino en una cultura de las relaciones humanas y de armonizar con el entorno natural. La izquierda en su vertiente progresista, como el intento de sobrevivencia de la socialdemocracia, perdió sentido porque presuponía siempre un proyecto transformador. Y la época está exigiendo una aspiración de cambio evolutivo. No lo encontraremos en los dogmas ya transitados y fracasados. No estamos obligados a buscarlo tampoco en la exclusividad de una tradición o de una identidad política específica. Son tiempos de aprendizaje, tecnológico, intelectual y espiritual, de arrojo y de creatividad. En la lastimada República Bolivariana de Venezuela, tenemos que constituir un nuevo sujeto político de participación democrática en tiempos de enormes transformaciones a escala local, nacional, regional y mundial.
Mientras nos advierte, Hans Magnus Enzensberger: Los paraísos utópicos han dejado de ser una promesa de las ideologías políticas y ahora son propiedad de algunas ciencias. De pronto, la genética y la biotecnología anuncia el triunfo del hombre y sus límites.
La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante.
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