Duele mucho la no clasificación de nuestra selección de fútbol al mundial del 2026. Los muchachos dirigidos por Fernando “Bocha” Batista no pudieron en su último compromiso con Colombia en el Monumental de Maturín. Con ello se esfumaron las esperanzas de un país entero de acudir a esa importante cita futbolística que arranca simultáneamente el 11 de julio del próximo año en México, Estados Unidos y Canadá.
La derrota es más dolorosa y dramática la oportunidad de ir al repechaje dependió de un gol que nunca vino del poderoso equipo de Brasil contra la arrinconada Bolivia. Un polémico penalti a favor de los chicos del altiplano marcó la diferencia y sacó del repechaje a la Vinotinto. Bolivia, con menos oportunidad, terminó en el séptimo lugar de la clasificación y obtuvo el derecho a seguir avanzando hacia el mundial.
Para el último compromiso de las eliminatorias la Vinotinto tenía todas las condiciones para ir al repechaje. Contaba con 18 puntos acumulados, uno más que Bolivia. Tenía que ganarle a Colombia y así obtener ese ansiado repechaje. Incluso si perdía, aun tenía esperanza con una derrota de Bolivia ante Brasil que era muy probable en el papel. Prefirió depender de este segundo escenario y no aprovechar el gol a su favor en los primeros minutos del juego frente a Colombia para administrar con inteligencia la eventual victoria. Se plantó bien en el primer tiempo, tocó balón, pero se confío demasiado. Vinieron los goles de Colombia y se desmoronó el equilibrio mental de los jugadores.
Al final el resultado fue desastroso. Recibió una goleada de 6 goles a 3 en terreno donde había salido invicta en varias oportunidades. Con profunda desolación se quedó esperando el resultado entre Brasil y Bolivia en El Alto. Lamentablemente, no creyó que su pase al repechaje dependía más de ella que del favor ajeno. Pasó lo que muchos no se imaginaron. El tetracampeón Brasil sucumbió frente a un débil competidor que supo emplear todos los recursos para pasar al repechaje y así ocurrió.
Este dramático episodio de la selección patria debe servirnos de lección como país. Es tiempo de reflexionar profundamente de lo que somos, dónde estamos, qué hemos dejado de hacer y hacia dónde queremos ir. Todavía nos falta mucho por aprender de las circunstancias. Debemos visualizarnos como nación para entender que hemos sido responsables de nuestros males. No debemos buscar la culpa en otra parte y entender que debemos apostar al esfuerzo, a la preparación ciudadana, a la unidad del país y a evaluar claramente el perfil de los que aspiran gobernar a la hora de elegir.
Un país que permanece en la sombra y apuesta por la mediocridad y el conformismo no puede salir adelante. Los deseos no bastan si no se actúa con esfuerzo, trabajo en equipo y pensamiento crítico. Hemos preferido que venga un salvador a acabar con nuestros padecimientos y no creer en nosotros mismos para afrontar los obstáculos de la vida. Como venezolanos tenemos que despertar, asumir nuestros errores y formar ciudadanos desde temprana edad para que afronten con éxito el mañana. Venezuela tiene todas las potencialidades para hacerlo. Solo falta creerlo para hacerlo realidad.

