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Isabel Pereira Pizani: Una reflexión necesaria sobre “la educación”

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Una de las tareas más exigentes y complejas que se impone en los nuevos tiempos es comprometernos en buscar el espacio, el valor, la dimensión y la responsabilidad que representa “la educación” como uno de los temas incluyentes y generadores de los individuos, los ciudadanos y el país. Las respuestas recibidas podrían definirse como muy funcionales, centradas en cronogramas, etapas temporales e instituciones y no en la responsabilidad indelegable de la educación en la formación del venezolano en los nuevos tiempos

Con una inquietud similar a lo que una vez asumieron los franceses, intentemos oír y reflexionar sobre su propósito cuando inundaron las casas del filósofo Edgar Morin con todos los programas, textos e ideas usadas para educar a su pueblo y le pidieron por favor que diera las luces para una nueva definición o ubicación de la importancia de la educación en la formación del individuo-ciudadano francés y de la sociedad francesa.

Morin denunciaba que la educación francesa “se había vuelto “deformadora” al centrarse excesivamente en exámenes y en la fragmentación del conocimiento, lo que dificulta la comprensión global y el desarrollo de un sentido de responsabilidad.

Propuesta de reforma

Su propuesta se enfoca en una educación que prepare para la incertidumbre y fomente la comprensión mutua, para ello ha identificado siete saberes clave para la educación del futuro:

*Reconocer las cegueras del conocimiento (error e ilusión).

*Aprender a conocerse a sí mismo (los principios del conocimiento pertinente).

*Enseñar la condición humana (identidad individual y colectiva).

*Enseñar la identidad terrenal.

*Enfrentar las incertidumbres.

*Enseñar la comprensión mutua.

*Desarrollar una ética para el género humano.

Inclusión y responsabilidad

Morin aboga por una educación que conecte al individuo con su entorno social, planetario y cósmico, y que fomente la solidaridad y la comprensión mutua, en lugar de aislarlo a través de un saber fragmentado.

La respuesta del filósofo Edgar Morin se expresa en su planteamiento de los siete saberes como gran tarea de la educación: “Hay siete saberes «fundamentales» que la educación del futuro debería tratar en cualquier sociedad y en cualquier cultura sin excepción alguna ni rechazo según los usos y las reglas propias de cada sociedad y de cada cultura. Además, el saber científico para situar la condición humana no sólo es provisional, sino que destapa profundos misterios concernientes al Universo, a la vida, al nacimiento del ser humano. Aquí se abre un indecidible diálogo, en el cual intervienen las opciones filosóficas y las creencias religiosas a través de culturas y civilizaciones. Los siete saberes necesarios:

Capítulo I: Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión. La educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer. En efecto, el conocimiento no se puede considerar como una herramienta ready made que se puede utilizar sin examinar su naturaleza. El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana. Se trata de armar cada mente en el combate vital para la lucidez. Es necesario introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión.

Capítulo II: Los principios de un conocimiento pertinente. Existe un problema capital aún desconocido: la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales para inscribir allí los conocimientos parciales y locales. La supremacía de un conocimiento fragmentado según las disciplinas impide a menudo operar el vínculo entre las partes y las totalidades y debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades, sus conjuntos. Es necesario desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo.

Capítulo IIIEnseñar la condición humana. El ser humano es a la vez físico, biológico, psíquico, cultural, social, histórico. Es esta unidad compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser humano. Hay que restaurarla de tal manera que cada uno, desde donde esté, tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos. Así, la condición humana debería ser objeto esencial de cualquier educación. Este capítulo indica cómo, a partir de las disciplinas actuales, es posible reconocer la unidad y la complejidad humanas, reuniendo y organizando conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.

Capítulo IV: Enseñar la identidad terrenal. En lo sucesivo, el destino planetario del género humano será otra realidad fundamental ignorada por la educación. El conocimiento de los desarrollos de la era planetaria, que van a incrementarse en el siglo XXI y el reconocimiento de la identidad terrenal que será cada vez más indispensable para cada uno y para todos, deben convertirse en uno de los mayores objetos de la educación. Es pertinente enseñar la historia de la era planetaria que comienza con la comunicación de todos los continentes en el siglo XVI, y mostrar cómo se volvieron intersolidarias todas las partes del mundo sin por ello ocultar las opresiones y dominaciones que han asolado a la humanidad y que aún no han desaparecido. Habrá que señalar la complejidad de la crisis planetaria que enmarca el siglo XX mostrando que todos los humanos, confrontados desde ahora con los mismos problemas de vida y muerte, viven en una misma comunidad de destino.

Capítulo VEnfrentar las incertidumbres. Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas. Se tendrían que enseñar principios de estrategia que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto, y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza.  La fórmula del poeta griego Eurípides que data de hace 25 siglos está ahora más actual que nunca. «Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta ». El abandono de los conceptos deterministas de la historia humana que creían poder predecir nuestro futuro, el examen de los grandes acontecimientos y accidentes de nuestro siglo que fueron todos inesperados, el carácter en adelante desconocido de la aventura humana, deben incitarnos a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo. Es imperativo que todos aquellos que tienen la carga de la educación estén a la vanguardia con la incertidumbre de nuestros tiempos.

Capítulo VIEnseñar la comprensión. La comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. Teniendo en cuenta la importancia de la educación para la comprensión en todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma de las mentalidades. Tal debe ser la tarea para la educación del futuro. La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión.  De allí, la necesidad de estudiar la incomprensión desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Este estudio sería tanto más importante cuanto que se centraría, no sólo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios. Constituiría, al mismo tiempo, una de las bases más seguras para la educación por la paz, a la cual estamos ligados por esencia y vocación.

Capítulo VIILa ética del género humano. La educación debe conducir a una «antropo-ética» considerado el carácter ternario de la condición humana cual es el de ser a la vez individuo ↔ sociedad ↔ especie. En este sentido, la ética individuo/especie necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad, es decir la democracia; la ética individuo ↔ especie convoca la ciudadanía terrestre en el siglo XXI. La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie. Llevamos en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera, todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana.

De allí, se esbozan las dos grandes finalidades ético-políticas del nuevo milenio: establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria. La educación debe no sólo contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal.”

Esta alusión al pensamiento de Edgar Morin es un llamado urgente a ver un poco más allá, el tema no es decidir acciones rápidas, mover tabiques, ni figurar, tenemos la gran oportunidad de redefinir el papel clave de la educación en nuestra formación como responsables de la creación de un país de individuos responsables, en una sociedad libre y donde la dimensión ética supere cualquier enfoque ideológico.

Oigamos a Edgar Morin, quien nos zambulle, nos confronta con la profundidad del tema de educar a los educadores, aprender a aprender, amar los regalos de la ciencia, la inventiva humana y a sumergirnos en nuestra dimensión ética indelegable.  Leamos pues a Edgar Morin y reflexionemos responsablemente.

 

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