pancarta sol scaled

Genaro Mosquera: Inteligencia artificial y control social

Compartir

 

La Inteligencia Artificial no solo está revolucionando industrias y cambiando el día a día de millones de personas. Silenciosamente, se ha convertido en una poderosa arma geopolítica. Hoy, algunos gobiernos están aprovechando la IA para vigilar, manipular y controlar poblaciones enteras sin que estas lo noten. Los gobiernos dictatoriales la usan como elementos de control social, quienes aprovechando su capacidad tecnológica han instrumentado sistemas de vigilancia hacia la población, con el objetivo de preservar su poder, ya que para obtener el poder global exportan sus sistemas a otros países aliados como es el caso de Venezuela.

El uso de la Inteligencia Artificial para vigilancia va desde el reconocimiento facial hasta el análisis predictivo, los cuales particularmente lo han instrumentado en nuestro país, con el objetivo de controlar e ideologizar a la población y, monitorear el comportamiento social. China lidera este campo con su conocido sistema de créditos sociales, donde cada ciudadano es evaluado por su comportamiento diario. Las cámaras con IA reconocen rostros, comparan patrones y penalizan acciones inadecuadas, como cruzar un semáforo en rojo o hablar mal del gobierno en redes sociales. Estos datos se traducen en puntuaciones que pueden determinar el acceso a empleos, atención a servicios públicos, actividades bancarias o incluso viajes. Han desarrollado plataformas de IA destinadas al reconocimiento facial en tiempo real en estaciones de buses, trenes, aeropuertos, calles y autopistas, hacen interferencias telefónicas y análisis de la voz para interceptar llamadas sospechosas y detección de emociones para predecir reacciones políticas, participación en hechos o disturbios. Predicen posibles amenazas y actúan contra los opositores sin restricción de ningún tipo, violando los derechos humanos de los ciudadanos.

En Venezuela se han instalado sistemas similares y se han entrenado a funcionarios fanáticos del régimen para la manipulación de la información a escala nacional, usando plataformas de IA para escribir artículos, diseñar propagandas y montar programas de radio y televisión con fines propagandísticos y, por supuesto, defender sus acciones y destacar una supuesta labor de desarrollo económico y social. También escriben artículos e inundan los espacios con sus emisiones en plataformas, intentando informar supuestas verdades, cuando en realidad son noticias falsas y perturbadoras, con una narrativa mentirosa y distorsionada de la realidad. Usan modelos de lenguaje masivo, como los que sustentan los actuales LLMs, para crear campañas de desinformación y bots automatizados, a través de comentarios copiados y pegados por inteligencias artificiales, apoyando el servicio de moldear la opinión pública, lo cual se convierte en una verdadera guerra narrativa para sembrar el odio hacia los movimientos sociales o líderes en particular. También intentan confundir con noticias contradictorias, cuyos contenidos son difíciles de distinguir de los reales mediante algoritmos de procesamiento natural del lenguaje, que parece humano, pero sirve a los intereses políticos concretos, tales como: discursos políticos, creación de perfiles falsos en las redes, especialmente en X para defender al gobierno y desacreditar a personas que los adversan. La manipulación ya no necesita trolls, sino algoritmos capaces de alimentar el caos informativo con eficiencia quirúrgica, es decir, control algorítmico del comportamiento colectivo para dirigirlo como una variable programable y usar el Machine Learning para identificar puntos de quiebre sociales y preparar los planes de represión.

A partir del análisis de datos masivos: interacciones en redes, datos de movilidad, patrones de consumo y sensores públicos les permite aumentar la presencia policial, lanzar campañas de distracción o incluso silenciar voces específicas. La IA deja de ser una herramienta pasiva y se convierte en un instrumento de ingeniería social mediante programas financiados por potencias antioccidentales, expertas en usar programas como. iBorderCtrl el cual detecta mentiras en solicitantes de servicios públicos o interrogatorios, mediante microimpresiones y machine learning. Usan la plataforma Maven para analizar videos a escala masiva en tiempo real. En todos estos casos, el objetivo es claro: reprimir y condicionar a las personas, cruzando la delgada línea entre seguridad y represión, violando la vida íntima. El riesgo más grave es la normalización de la vigilancia como estándar social. Es decir, generaciones enteras que obligan a ser monitoreadas en nombre del orden. La represión ahora no requiere violencia física, sino cuando son atrapados, detenidos y enjaulados, basta con que un algoritmo marque tu rostro como “peligroso”. Además, controla a las personas cuando puedes viajar, acceder a servicios de salud o hacer el trámite de cualquier solicitud formal como obtener documentos oficiales. Entonces, la tecnología ayuda al régimen a aproximarse al poder absoluto.

El uso de sistemas de IA para el control de masas ha penetrado lentamente, cámaras y drones con visión computarizada graban los movimientos de barrios enteros y controlan a las personas, identificándolas y catalogándolas para tenerlas a raya y así reprimirlos, detenerlos y desaparecerlos. Todo eso, contra los derechos ciudadanos y su libertad individual, pero la IA avanza más rápido que las leyes. No se trata de rechazar la tecnología, sino exponer sus usos indebidos. Cuando los gobiernos usan la IA para ayudarnos, es bienvenida, pero si la usan para dominarnos, la historia nos ha enseñado que el precio puede ser devastador. El futuro de nuestras libertades depende de nuestra capacidad de entender, fiscalizar, evadir y participar o no en esta era de algoritmos omnipresentes. La ciudadanía y ética digital no es una opción. Es una urgencia contra el nuevo centro de gravedad del poder y del control de las emociones de millones de personas. Es más, probablemente ya estés siendo controlado tú también por los ojos inyectados de sangre de los órganos represivos del Estado.

 

Traducción »