El segundo objetivo de la educación es formar mentes que puede ser críticas, que puedan verificar y no aceptar todo lo que se les ofrece. El gran peligro de hoy son los lemas, opiniones colectivas, las tendencias ya hechas de pensamiento. Tenemos que ser capaces de oponernos de forma individual, para criticar, para distinguir entre lo que está bien y lo de lo que no. Jean Piaget.
El Mundo devino aldea interconectada y vinculada por las nuevas tecnologías, la posibilidad de contar con una información en tiempo real puede produce y de hecho genera sesgos cognitivos, desviaciones del entendimiento y un distractor permanente contra el cual es imposible competir, la presión de las redes sociales, los conflictos inmateriales a los cuales se enfrenta el educando y el docente, son cada vez más complejos, dificultan las formas del habla, de la comunicación y la capacidad “perlocutiva, que sobre el entendimiento generan los hechos del lenguaje”( Austin, 1962)
Hacerse entender, al menos lograr la atención de los alumnos es una tarea complejísima, pues los distractores entran al aula en forma de dispositivos inteligentes. La solución no subyace en arrebatarles el dispositivo de almacenamiento masivo, eso es una conducta que embrida imposición y violencia física, simbólica y destruye la individualidad, máximo cuando se asume “que el aula es el espacio en el cual profesores y alumnos, deben de fomentar un vinculo de libertad y de procura de conocimiento” ( Miguelez,1997).Claro que se debe intentar competir con una máquina, con un software, por muy sofisticados que estos sean nunca podrán igualar nuestra capacidad crítica, creativa y de acoplamiento a situaciones cambiantes, pueden emularlas, pero jamás superarlas.
El docente ha de ser un sujeto amable, recto más no torvo, cercano al estudiante pero manteniendo las barreras de que las brechas en edad y autoridad nos diferencian. Estamos en la obligación de atrapar al estudiante para que por voluntad propia suelte el dispositivo de almacenamiento, lo coloque en reverso a la pantalla y nos vea a nosotros, nos escuche, lea la pizarra, observe una caligrafía entendible e introyecte que la escritura a mano, es la vía para aprender a fijar conocimientos, solo en ese momento habremos vencido, sin imponernos, sin victimizarnos, el fenómeno de la crisis educativa no es propia de nuestro país, es una crisis global de profesores con síndrome del cerebro quemado, para evitar caer en estos extremos nuestras clases han de ser interesantes, mostrando ejemplos, simulando roles.
Desarrollando la Práctica Pedagógica Ignaciana (PPI), que involucre el contexto, la experiencia, la reflexión, la acción y la evaluación en un ambiente de confianza entre el profesor y el alumno, en donde este fomente en el receptor las sensibilidades críticas, que decanten en un ciudadano integral, capaz de observar las virtudes, los valores y la justicia (Loyola, 2021)
Como profesores, si usamos la Práctica Pedagógica Ignaciana (PPI), abarcaremos temas axiológicos, de la esencia humana, de los intereses de un mundo más justo y confrontaremos al alumno, con su contexto, para que reflexione, accione y evalúe haciendo entonces derivaciones críticas, logrando ese tan deseado pensamiento crítico. Obviamente esta cualidad cognitiva no se ve amenazada por el desarrollo de una tecnología entendida como una herramienta y no como un fin en sí mismo, la inteligencia artificial, puede convertirse en una herramienta apropiada sí se le enseña al alumno a usarla para su beneficio, agotando al algoritmo o entrenándolo para conseguir una respuesta, que pueda ser parafraseada.
En fin, el reto subyace en hacer más humano el proceso de aprendizaje, más cercano a la realidad ontológica y emplear estas herramientas, no como un sustituto o distractor de la clase sino como una externalidad positiva, que redunde en la afinación del pensamiento crítico que le es ajeno a los sistemas y avances de la tecnología.
Una buena clase, con recursos de aula, participación, comprensión del contexto, análisis de la experiencia, reflexión, acción, evaluación, acompañada de un lenguaje que condicione al alumno a hablar mejor, son los mejores antídotos para una sociedad que de manera global desprecia el hecho docente, lo considera una obligación de poca monta y hasta un sub empleo.
Finalmente, el profesor, no debe sucumbir su creatividad debe estar por encima de estos ruidos tecnológicos y emplear los mismos a su favor, sin que ello menoscabe su labor ontológica de formar ciudadanos, en virtudes, valores y con un sólido marco axiológico, por encima del saber hacer y saber explotar una razón técnica.
Referencias:
Austin, J. (1962). Cómo hacer cosas con palabras. Massachusetts: Universidad Harvard.
Loyola, I. (2021). Obras Completas. Madris: Autores Cristianos.
Miguelez, M. (1997). El paradigma Emergente. México, DF: Trillas.
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