Mi tiempo aquí es limitado, vivan, no sabemos el día ni la hora, ni el momento en que nos vamos, vivan…, manifestó en un Reel premonitorio el 2 de enero.
El más visibilizado de los rostros inmersos en el naufragio del 20 de febrero, era de una fotogenia absoluta. Casi pura como la naturaleza virgen, se convirtió en emblema de la búsqueda.
Procedente de Marabal de Irapa, estado Sucre, Korina del Valle Marín Hernández de 30 años, grabó un bonito TikTok en la Barra, cuatro días antes de zarpar.
Irradiaba dicha, sintiéndose dueña del mundo. Nuevas oportunidades se avecinaban y quería disfrutarlas a plenitud.
De padre sucrense y madre margariteña, su maruto pertenecía al oriente del país, a donde las aguas la llevaron de regreso.
Con un niño de 4 años y un arraigado sentido de libertad e independencia, iba a acompañar una prima en Trinidad, apoyándola en su emprendimiento.
Pretendia progresar para llevar su hijo consigo y darle un mejor futuro, así lo manifestó a los seres queridos.
Dulce y cariñosa, con un aura indiscutible de inocencia, residió un tiempo en República Dominicana, donde le fue bien, añorando siempre retornar a Venezuela, lo que hizo apenas pudo.
Los familiares reclaman la humanidad yacente para darle cristiana sepultura en su tierra natal. Seguro lo lograrán.
El naufragio obedeció a las mismas causas de siempre
Los pocos escrúpulos de quienes organizan los viajes es la primera razón de peso para que ocurriese. Francisco Pérez.
Conocidas las causas, a través de los testimonios de quienes fueron auxiliados la noche del suceso, se deduce que pudo evitarse.
El exceso de peso y la osadía de navegar en tiempos de mar encrespado, sin información meteorológica ni reportes de condiciones, son factores de gran peso.
El único argumento válido para zarpar es que completaron el cupo y apremia hacerlo, ajenos a otras consideraciones.
Carentes de embarcación nodriza o de rescate, ni conocimiento de las autoridades, prácticamente viajan a su suerte.
La ausencia de flotadores añade otro agravante, en caso de voltearse, no tienen como sostenerse en la superficie, en una especie de sálvese quien pueda.
Por último, la necesidad de maximizar el beneficio a costa de lo que sea, añadiendo a la carga natural de personas y equipaje, un alto volumen -entre otros- de ron y queso, es el puntillazo final.
Las personas seguirán ideando como trasladarse, el cumulo de venezolanos sin documentación en Trinidad, garantiza a los transportistas ilegales un caudal de pasajeros.
La vigilancia en las fronteras los obliga a ir casi al desnudo, es cierto, desprovistos de luces o equipos de radio, en condiciones mínimas de seguridad.
Por más que los órganos de inteligencia, el componente militar y los guardacostas arrecien, en alguna oportunidad se les escapará la liebre, cuando eso ocurra, cabe pedirles a los denominados “tratantes” que tengan un poco de conciencia, expresada en posesión de salvavidas, comunicación a tierra, motores a tono, etc., una sola vida vale muchísimo más que aquello que puedan obtener.
Tane Tanae

