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Soledad Morillo Belloso: ¿De dónde vienen los reales para Venezuela?

 

¿Cuánto de las inversiones que hoy celebran con bombos y platillos  como “renacimiento económico” proviene de fondos grises cuyos inversionistas son los mismos que ayudaron a destripar al país? ¿Cuánto de ese “capital fresco” es solo dinero nuestro, robado, lavado, centrifugado y devuelto con etiqueta de inversiones de lujo y olor a lavanda?

La pregunta, me dicen, es delicada,  incómoda. Lo es: conmina a reconocer que los saqueadores no desaparecen, se reciclan. Regresan con cara de querubines, con vocecita de “no rompo un plato”,  con trajes de firma y camisas “tailored made”, con discursos de “futuro promisorio”, con sonrisas de anfitrión de concierto de gala, como si no fueran ellos quienes fueron arte y parte en la demolición.

En Venezuela, los bárbaros han aprendido a lucir como inversionistas distinguidos. Han convertido la devastación en oportunidad y la impunidad en “modelo operativo” y “business plan”. Y lo hacen con la complacencia de los hunos que administran el coroto. Y con la ayudita cómplice de otros, en varios idiomas.

¿Esto es “la transición”? ¿O apenas el retorno, con cristalería francesa y perfume caro que no se consigue en el bodegón, de la misma fauna que lleva años depredando? Vuelven refinados, casi ceremoniales, con corte de pelo de Fifth Avenue, con perfume de la Rive Gauche, con esa elegancia impostada que pretende borrar el ruido de sus antiguas fechorías. No lo pregunto por candidez. Esa se me murió sin funeral hace tantos años que no recuerdo cómo era. Lo pregunto por la sensatez más básica: la que detecta a los  depredadores, esos que cuando llegan envueltos en terciopelo y cara de “yo no fui”, muerden más hondo, con colmillos de hiena.

El riesgo país está en 7.098. Una cifra que cae como bendición para ciertos inversionistas: mientras más alto el riesgo, más jugoso el festín para quienes saben lucrarse en la penumbra. Qué conveniente para esa fauna que prospera cuando el país tiembla.

La transición, por ahora, tiene el filo discreto de una daga escondida. Esto ya parece una novela de F. Scott Fitzgerald, con toques actualizados de “Landman” pero escrita en mal “spanglish”.

Antiemético… Intravenoso.

Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM