El Gobierno de Berlín empezó este domingo la instalación de 30 cámaras de vigilancia automática por inteligencia artificial en Kottbusser Tor, la famosa plaza del barrio de Kreuzberg. Son las primeras cámaras de vigilancia de la ciudad fuera del transporte público desde la caída del Muro. Llevan lentes Axis de muy alta resolución, visibilidad nocturna y cobertura de 180º. Lo más importante: están conectadas a un software que analiza automáticamente en tiempo real lo que están haciendo las personas que aparecen en las imágenes para avisar a la policía si hacen algo mal.
Según Staige, la empresa que ha diseñado el software, el sistema no identifica personas individuales sino que registra “patrones de movimiento” y genera un “mapa de situación”. Es capaz de seguir al mismo grupo de gente a través de múltiples cámaras y, si detecta alguna anomalía que coincida con las reglas predefinidas por las fuerzas de seguridad, entonces alerta a la policía para que decida cómo intervenir.
¿Qué constituye comportamiento inadecuado estos días en la capital alemana? La IA ha sido entrenada con vídeos de al menos 10.000 escenas simuladas que la policía ha grabado con actores, donde aparecen movimientos corporales concretos como golpes y patadas, y otros patrones físicos que puedan indicar una situación de violencia. Por ejemplo: una persona que huye de otra. Gente levantando objetos con el rostro cubierto. Personas que rodean a otra con los brazos en alto. Son escenarios con un alto grado de ambigüedad. La posibilidad de error se multiplica en contextos donde la masa de gente aumenta y su comportamiento no es el cotidiano. Por ejemplo, una manifestación.
Kottbusser Tor —Kotti, para los locales— es una de las zonas “problemáticas” de la capital alemana, al menos según la Reforma de la Ley de Policía y Orden Público de Berlín de diciembre de 2025, que también ha aprobado las cámaras. Y es un nodo principal de la protesta berlinesa, especialmente en temas de vivienda, desarrollo urbano y migración. En 2012, sus residentes ocuparon la plaza y crearon una pequeña estructura de protesta llamada Gecekondu, un punto permanente de encuentro y coordinación local. Es una intersección fundamental de las marchas del Revolucionario Uno de Mayo, una fecha muy señalada para la izquierda radical berlinesa con numerosos antecedentes de violencia policial. Y es uno de los territorios fuertes de Die Linke y Los Verdes, una coalición con fuertes posibilidades de robarle al actual Gobierno de centroderecha las elecciones del 20 de septiembre al Parlamento regional de Berlín, donde se elige al alcalde de la ciudad.
Los informes que ya existen sobre el funcionamiento de sistemas que convierten una inferencia algorítmica en una intervención policial coinciden en al menos tres puntos: se equivocan con frecuencia, pero la policía trata los avisos como una prueba definitiva, incluso cuando los protocolos exigen una comprobación. En consecuencia, esos errores son integrados como parte del entrenamiento, contribuyendo a la criminalización sistemática de colectivos vulnerables, especialmente inmigrantes, refugiados, personas sin techo y activistas locales. Después de Kotti, las cámaras se expandirán por el resto de las “zonas conflictivas” de la ciudad. Algo me dice que será suficiente. El ministro del Interior, Manuel Hagel, ha anunciado planes de combinar esa clase de escaneado del comportamiento ciudadano con sistemas automatizados de reconocimiento facial y, potencialmente, la intervención de comunicaciones telefónicas y reconocimiento de voz.

