La música que tuve de fondo mientras escribía el capítulo Brasileros de “Lo que nos trajeron los inmigrantes” no fue un simple acompañante: fue la coautora silenciosa, la que me marcaba el ritmo de las frases y me soplaba en el oído ese “jeitinho” que sólo Brasil sabe tener. Yo adoro ese país. Me seduce sin remedio. Fui tantas veces que perdí la cuenta, pero hay viajes que se quedan tatuados en la memoria como cicatrices luminosas.
Uno de ellos fue en 1982. Brasil estaba en plena efervescencia, con esa alegría y esa sensualidad que no piden permiso para entrar. Y cada vez que encendías la radio sonaba la canción, omnipresente, pegajosa, irresistible. Era como si el país entero la tarareara al unísono. Y tuve aún más suerte: Roberto Carlos se presentaba en el Canecão y fuimos a verlo.
Ah… “Detalhes”, de Roberto Carlos.
Ahí estaba él, con su voz rasgada, su picardía elegante, su descaro dulce. Y ahí estaba yo, décadas después, escribiendo sobre los brasileros mientras esa canción —todo ese disco, Emoções— se instalaba justo al lado del teclado como un amuleto. Cada vez que la escuchaba, sentía que Roberto Carlos me guiñaba un ojo y me decía: anda, escribe sin miedo, suelta la cadera de las palabras.
Y así lo hice. Ese capítulo respira distinto: tiene música en las comas, “saudade” en los silencios. Y aunque el protagonista son los brasileros, entre líneas flotan también los “detalhes” que Roberto Carlos le da a todas las “emoçoes”.
Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

