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Ana Noguera: ¿Otra forma de hacer política?

 

He tenido la necesidad anímica de ver de nuevo la serie danesa Borgen. Una serie política, de intrigas, de pactos y negociaciones, de chantajes y presiones, en definitiva, de lo difícil que es gobernar en coaliciones.

Pero qué diferente a la mediocridad política que estamos sufriendo en España, y que son los vientos huracanados de la ultraderecha mundial encabezada por un maleducado y violento Donald Trump. En España, la derecha es una aprendiz aventajada porque ya tiene a sus espaldas un pasado político, tanto del franquismo como en la democracia, que les otorga la convicción de que nuestro país es propiedad de ellos y que la izquierda es una clara anomalía a la que hay que exterminar.

En la serie de Borgen, cada partido político representa su propia ideología: militaristas, verdes y ecologistas, moderados, de izquierda, de derechas, nacionalistas… como es lo normal. Y todos buscan el propio beneficio de su partido pero sin olvidar nunca el interés nacional. Por ello, pactar y negociar es un habitual, es la normalidad de una primera ministra que tiene que ceder parte de sus posiciones desde la honestidad intelectual y la sagacidad política. Vemos tensiones, presiones y negociaciones para acabar siempre en un acuerdo de gobierno.

¿Acuerdo de gobierno? Aquí es imposible con la derecha que representan el PP y Feijóo.

Resulta curioso que el PP sigue actuando de la misma forma: generar un estado de malestar insoportable que tape cualquier medida o avance social y que emborrone cualquier éxito del gobierno y de sus socios parlamentarios. La estrategia que les funciona es provocar tal ruido ensordecedor que la ciudadanía acabe harta y aburrida de una política que solo pronuncia insultos de forma desmedida.

Si Feijóo gana las elecciones será sin haber pronunciado una sola propuesta positiva, sin atreverse a presentar una moción de censura para no desvelar cuál es su plan de gobierno, sin medirse como un presidente de gobierno. Si gana las elecciones será porque el PP utiliza una estrategia que le funciona, aunque dañe el corazón del sistema democrático: insultar, manipular, gritar.

Y hay algo más. Ese “el que pueda hacer que haga” de Aznar, que ha repetido de nuevo con contundencia, genera un malestar social y una sospecha de que los hombres del poder franquista están a la cabeza de un cambio de gobierno “por detrás”.

Como ha dicho tantas veces Moisés Naím, las democracias actuales ya no se hunden con golpes de Estado, sino con un deterioro significativo producido desde dentro. Y eso está ocurriendo en España, donde la derecha está actuando desde fuera del parlamento y la política.

La imputación de Zapatero nos llega al corazón de la izquierda española. Muchos no creemos todavía que sea posible, y tenemos derecho a dudar de su culpabilidad. Pero para ello necesitamos garantías judiciales, información periodística rigurosa y, sobre todo, que no sea juzgado de antemano. Pero eso hoy ya no es posible.

Feijóo conocía antes que nadie que esto iba a ocurrir. Pero que él tenga chivatazos de los juzgados, de la UCO, de la policía, o vete a saber, debería ser motivo para investigar cómo es posible que se produzcan estas filtraciones.

Que Miguel Tellado y cía se dediquen a un insulto grandilocuente y sucio como “bandas de criminales”, y que no pase nada entre muchos periodistas obligando a un respeto institucional y a una educación cívica, es un verdadero desatino.

Que se pueda llamar “Begoño” a la mujer del presidente, que la deslenguada quede impune y se jacte de ello, es realmente insultante. Tanto como que Vito Quiles se dedique a perseguir al personal emborrachándose de su actitud soberbia, mientras que el juez Peinado sigue persiguiendo a Begoña Gómez sin pruebas para ello, que no exista un Consejo General del Poder Judicial que ponga orden también en sus filas y que actúe desde el corporativismo más incomprensible, solo sirve para que dejemos de confiar en la propia justicia. Porque todos, también los jueces y sus instituciones, somos responsables de garantizar nuestra propia honorabilidad.

Que se produzca una manifestación este domingo pasado contra el gobierno y que en ella esté Víctor Aldama es una mascarada. Un señor que debería estar en prisión puesto que su acusación es de organización criminal, blanqueo de capitales, cohecho y delitos contra la hacienda pública, y no lo digo por las mascarillas de Ábalos/Koldo que es un caso menor, sino que me refiero al meollo del asunto principal que son los hidrocarburos.

Que existan presiones de tal tipo que Àngels Barceló se vea obligada a dimitir y dejar su puesto en la SER porque sus tertulias son “poco conservadoras” es la última pata negra del PP dentro de los medios de comunicación. ¿Acaso no existen suficientes medios conservadores y pseudomedios cuya intención es desacreditar al gobierno sea lo que sea y pase lo que pase?

El problema ahora mismo ya no es cuánto aguantará Pedro Sánchez al frente del gobierno, ni cuál es el nivel de resistencia de unos socios parlamentarios cuya voz es casi imposible de escuchar en medio del barrizal en el que le gusta revolcarse al PP. El mayor problema de todos es qué quedará después y qué significará el gobierno del PP con un Feijóo de pasado más que dudoso, con un Miguel Tellado que verlo de ministro produce sarpullidos, con una Isabel Díaz Ayuso tan ignorante como soberbia. O que Carlos Mazón siga en las Cortes Valencianas como diputado, con trato de expresidente y paseándose por las playas valencianas.

Dicho todo eso, la preocupación de la izquierda española por todo lo que está pasando en el PSOE es honda. Hay casos de corrupción que están siendo juzgados y que deberán pagar sus penas si así se demuestra, como puede ser Leire DíezSantos CerdánJosé Luis Ábalos o Koldo García. Y hay otros que están siendo investigados como el de Zapatero, al que ya lo han juzgado y sentenciado, sin que haya oportunidad ni siquiera de que se explique.

Respetemos la justicia, pero todos. No puede ser que unos callemos, seamos prudentes, y otros como el PP y sus medios de comunicación afines, incluidos los pseudomedios digitales, falten a todo rigor hablando ya de organización criminal, financiación del PSOE, joyas y sobornos, etc.

España está lejos de imitar una serie como Borgen porque el PP supo reconvertirse cuando llegó la democracia. Se dio cuenta de que, con gestión social y propuestas de gobierno, no podía ganar a la opinión pública. Por ello, decidió hace mucho tiempo que su forma de hacer política era destruir al adversario, hundirlo, machacarlo, con todos sus poderes actuando a una y utilizando cualquier medio por sucio que fuera.

El juego del PP no es nada nuevo, es cíclico, lo utiliza una y otra vez, lo utilizará tantas veces como le sea rentable, aunque ello suponga destrozar el ambiente político y social de España. Porque para ellos solo hay una única verdad: o gobiernan o el caos.

 

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