El mapa de Venezuela volvió a encenderse el lunes25-5-2026. Once protestas simultáneas en once estados distintos no son una coincidencia estadística; son el síntoma inequívoco de un país que llegó al límite de su resistencia. Desde el colapso eléctrico crónico hasta la sequía forzada en los grifos de los hogares, los venezolanos de a pie no están simplemente quejándose: están resistiendo el día a día en condiciones inhumanas.
Intentar buscar soluciones con los mismos actores que planificaron, ejecutaron y profundizaron la ruina de la nación es una ilusión peligrosa. El saqueo institucional y el desprecio por la dignidad ciudadana no se van a corregir con paños calientes ni falsas promesas de quienes convirtieron los servicios públicos en un mecanismo de control social.
La realidad es contundente: no habrá luz, ni agua, ni estabilidad económica mientras se pretenda asfixiar la voluntad popular. La inmensa mayoría del país tiene sed de normalidad, de progreso y, por encima de todo, de libertad.
Para enrumbar a Venezuela hacia un verdadero desarrollo social y económico, el camino está trazado. Es imprescindible devolverle la palabra al soberano mediante un proceso electoral auténtico y transparente, donde el pueblo pueda ratificar la histórica lección de dignidad que ya demostró el 28 de julio de 2024. Las calles siguen hablando con claridad; ahora corresponde hacer valer su mandato institucional.
El Poder Ciudadano es la gente, y la fuerza de su reclamo es el motor indetenible hacia la reconstrucción democrática de nuestra nación.
Nota de prensa

