I. La génesis de la deuda externa
a) Deuda colosal y responsabilidad de la misma: Venezuela tiene una deuda que oscila en los 170 mil millones de dólares. Cuando el proceso bolivariano entró al gobierno, en 1999, la deuda externa rondaba los 25 mil millones de dólares. Es decir, luego del auge petrolero rentístico más grande de la historia del país (2004-2014), el gobierno incrementó la deuda externa en alrededor de 600 %.
b) Ello indica que el gobierno gastó la renta petrolera pasada, presente y parte de la renta futura, en egresos que nos han llevado a ser un país mucho más pobre que en 1997. Entre 1999 y 2015 (último año de precios petroleros altos), el gobierno recibió alrededor de un trillón de dólares en exportaciones petroleras, el equivalente a 10 planes Marshall (a precios del año 2000), y aún así, multiplicó la deuda externa por 7.
c) No contento con ello, el proceso bolivariano dejó de pagar la deuda externa desde hace 9 años y las demandas por incumplimiento de pago se multiplican y encarecen todas nuestras acreencias.
d) Adicionalmente, el chavismo se dedicó a emprender un proceso de expropiaciones de empresas que mayoritariamente eran chatarra o que tenían una obsolescencia técnica y moral elevadísima, lo que hizo que ninguna de estas empresas, muy mal gerenciadas, diera rendimiento monetario alguno.
e) Esta irresponsable política inútil de expropiar empresas, ha causado una enorme cantidad de demandas por daños y perjuicios, que se traducen en decenas de miles de millones de dólares que se agregan a la deuda externa y la hacen prácticamente IMPAGABLE.

Adjunto el gráfico de Transparencia Venezuela, hecho el 5 de marzo de 2026.
II. El mismo personal político que endeudó y arruinó a la nación no debe reestructurar la deuda
a) Venezuela tiene un gobierno temporal y sin reconocimiento electoral: Un ejecutivo con escasa legitimidad internacional, que no ha sido electo por ningún votante y de carácter transitorio no debe comprometer las finanzas del país por décadas. Un acuerdo de reestructuración podría llegar a determinar volver a pagar servicios de deuda externa (capital más intereses), que podrían amarrar al país a un futuro de pobreza, miseros salarios, escasas inversiones en servicios públicos y bajísimo crecimiento económico. Ello causaría un secular estancamiento que aceleraría el éxodo de población obrera sobrante incapaz de reproducirse biológicamente en un proceso de acumulación de capital hundido.
b) Deuda desconocida y fantasma: Lamentablemente la enorme información que se requiere para calcular con exactitud la deuda externa, es desconocida. Es imposible que realmente se conozca la magnitud bajo un gobierno abiertamente autoritario, que aparte de apresar a miles de políticos opositores, ha secuestrado la información oficial más elemental, no rinde cuentas y no acepta auditorías independientes ni publicación de resultados de gestión. En esa circunstancia, lo que debería imponerse es una exhaustiva AUDITORÍA independiente, con diversas organizaciones que escudriñen hasta el último centavo de una deuda presumiblemente inflada y claramente corrompida en su gestación.
c) Opacidad en las cuentas: No se debe negociar una quita sin antes realizar una auditoría integral que separe la deuda legítima de la deuda odiosa o producto de la malversación. Una negociación apresurada, que pretende ofrecer en muy pocos días (junio de 2026) una posible “oferta” de pago, podría hipotecar activos estratégicos de la nación bajo condiciones tremendamente desfavorables, muy similares a las leoninas formas en las cuales se realizaron las privatizaciones en la extinta Unión Soviética. Allí, con la excusa de las empresas eran muy ineficientes, y tenían pasivos elevados, miles de grandes empresas y recursos fueron privatizados a precio miserable, dejando al erario público sin valiosos recursos, y asignando a los testaferros del partido gobernante, inmensas riquezas adquiridas a precios vil, construyendo una atroz desigualdad.
d) Corrupción en la renegociación: Hay un peligro latente que se utilice la reestructuración para favorecer a “bonistas amigos” cuya expresión política es el colaboracionismo que se niega a impulsar elecciones y que lucha por evitar una auditoria de la deuda, que tenga la intervención del FMI para frenar una negociación que priorice el fraude sobre la disminución de la quita enorme de la deuda que pudiera conseguir un gobierno legítimo, electoralmente validado y con un personal técnico verdaderamente curtido.
e) La posibilidad de una quita histórica (cercana al 75 %) se puede dar sólo si se frena la ultra corrupción y se establecen acuerdos institucionales transparentes, cosa que en estos momentos luce imposible, dado los acontecimientos relativos a la híper corrupción apreciada en estos últimos años (caso PDVSA Crypto) y la total falta de transparencia en cuestiones tan sencillas como saber el destino de la donación estadounidense de medicamentos e insumos hospitalarios que la Federación Venezolana de Médicos, afirma no haber visto.
f) Soberanía en riesgo: Una negociación muy apresurada y sin transparencia puede lastrar a la nación en una espiral de pobreza extrema acentuada e impedir por completo el más mínimo atisbo de desarrollo sostenible en el mediano y largo plazo. Comprometerse a realizar pagos por servicio de deuda onerosos, para corruptamente beneficiar a bonistas que compraron por 10 centavos una deuda de un país quebrado, sería condenar a varias generaciones a vivir en un país menesteroso y sin posibilidades de emplear sus valiosos recursos. Que estas negociaciones estén en manos de empresas extranjeras que no tienen empatía por la situación de depauperación de la masa trabajadora en el país, es realmente preocupante.
III. Deuda odiosa y como la deuda venezolana luce mayoritariamente ilegítima e impagable
a) Alexander Sack, en 1927, establece que una deuda es “odiosa” y no debe ser pagada por un nuevo régimen, si cumple tres condiciones:
1. Ausencia de consentimiento de la población.
2. Ausencia de beneficio: El dinero no se utilizó en pro de la sociedad civil, sino para fortalecer a un régimen autoritario en sus tropelías, o para fines de enriquecimiento personal.
3. Conocimiento de los acreedores: Los prestamistas sabían que el destino del capital no era el bienestar público si no para financiar la represión y consolidar el saqueo del tesoro nacional.
b) De manera objetiva podría decirse que la deuda venezolana cumple con los requisitos planteados por Sack. Como antes explicamos, la deuda venezolana, en su gran mayoría, carece de legitimidad y está extremadamente sobrestimada.
c) En Irak (2003) tras la caída de Saddam Hussein, gran parte de la deuda fue condonada ya que el pueblo iraquí no debía cargar con los préstamos que financiaron la represión de la dictadura.
d) Otra cosa interesante es la condonación masiva bajo la iniciativa de Países Pobres Muy Endeudados (PPME), Somalia, Bolivia y Sudán (deuda odiosa adquirida bajo la dictadura de Omar al-Bashir), recibieron condonaciones humanitarias muy grandes, a las que Venezuela podría acceder.
Corolario
En estos momentos por el cual el pueblo venezolano atraviesa una situación de extrema penuria, no se debería (todavía) pagar un centavo de deuda externa. Es menester hacer una auditoría exhaustiva a la deuda y examinar a que precio se compró y en que condiciones se negoció la adquisición de la misma.
Es menester entender que un plan de ajuste macroeconómico requiere de una reestructuración creíble y sostenible de la deuda, sin embargo, ello amerita de un sólido consenso social y político que el actual interinato, por su carácter eminentemente transitorio, no posee. En 1989 se realizó en Venezuela un proceso de reestructuración de deuda exitoso que disminuyó la carga de la deuda y que se acogió al Plan Brady de la mano de negociaciones técnicas con el FMI. Lamentablemente se aprecia que el interinato va por la vía opuesta.
Economista


