Nuestra columna del pasado 2 de mayo la titulamos “Estan vacilando a Mr. Trump?” (Adolfo P. Salgueiro: ¿Se están vacilando a Mr. Trump?). Se trataba de plantear una persistente interrogante, tal como su mismo título lo sugería. Hoy pasados apenas unos pocos días la interrogante se vuelve a plantear con igual incertidumbre cuando tratamos de descifrar la respuesta.
En efecto, la lentitud en la resolución de numerosos pedidos de amnistía interrumpidos por la suspensión de la ley, la detención de nuevas personas sin aparente razón, el mantenimiento de numerosos extranjeros privados de su libertad, algunos presumiblemente para aprovecharlos como fichas de intercambio y ahora, como si fuera poco, los episodios de “reconstrucción de la justicia” iniciados en el TSJ nos llevan a concluir que, en efecto, la “interina” estaría en el proceso de “vacilar” a su tutor, lo cual pudiera ser el resultado de las extraordinarias piruetas que ella debe hacer para mantener el tutelaje más o menos funcionando, procurando que no haya cambio alguno.
Lo anterior, sin más consideraciones, pudiera ser el caso de no ser por una muy inusual declaración de Mr. Trump desde la mismísima Oficina Oval en la que afirmó que en Caracas la gente baila de alegría en las calles festejando las nuevas realidades hechas efectivas a través de una “fantástica” relación entre él y Delcy, lo cual garantizaría en un plazo, no muy rápido pero sí muy seguro, el tránsito hacia la ruta electoral que ahora se anuncia como etapa final anterior a la restitución democrática definitiva en Venezuela.
Lo cierto es que, por lo que se puede apreciar, el auspicioso cuadro indicado no parece confirmarse con la muy reciente encuesta de “Meganálisis”, según la cual el sentimiento de agradecimiento y aprobación a Mr. Trump ha descendido muy notablemente en los últimos tiempos transcurridos después del 3 de enero sin que se perciban muchos cambios.
En la interpretación de Washington las cosas en Venezuela marchan viento en popa, pese a que el ambiente más reciente sugiere que aunque pueda existir algún mejoramiento en los números de la macroeconomía, este no es ni remotamente suficiente como para permear hacia los menos favorecidos que aún tendrán que evaluar hasta dónde las cosas son como las pintan.
En la narrativa de Washington, los mil millonarios fondos originados en el megarreajuste de los ingresos petroleros sí ha permeado hacia los niveles menos favorecidos que pronto pudieran experimentar algún alivio. Habrá que verlo, pero por lo que se comenta, tal alivio, de darse, requerirá algún tiempo. Ahora hay que ver si los ajustes decretados a principio de mes se verán atendidos con fondos provenientes de la supuesta bonanza petrolera o no. Entendemos que si tales fondos han de provenir de esa fuente, ello requerirá la aprobación de las autoridades norteamericanas a través de auditorías, flexibilizaciones de licencias de la OFAC y otros mecanismos.
Hoy parece ser cierto que algunas de esas flexibilizaciones requeridas pudieran estar volviéndose realidad. De ser el caso, muy bueno sería.
La prensa estadounidense comenta que esta misma semana el presidente Trump habría cenado con los directores de las mayores empresas energéticas, pero no ha trascendido si esos señores hayan o no modificado su apreciación inicial en el sentido de que por los momentos Venezuela no amerita la asignación de los astronómicos montos requeridos para la reactivación de la industria. Tampoco parece que esa actitud de precaución vaya a cambiar mientras no exista una Asamblea Nacional suficientemente legítima que pueda aprobar las reformas jurídicas necesarias para justificar tamaño compromiso.
El comentario de los pasillos es que hasta el momento ninguno de los grandes actores, excepto Chevron, estaría dispuesto a asumir esos riesgos, tanto menos cuánto algunos especialistas pueden anticipar que a la vuelta de un tiempo no muy largo Guyana -si resulta favorecida en el litigio que cursa ante la Corte Internacional de Justicia en L:a Haya- pudiera asegurar un suministro suficiente y confiable.
En estos días cuando la unidad y prácticamente la existencia de la OPEP parece estar en entredicho ante la primera grieta ya anunciada (salida de Emiratos Árabes Unidos de la organización) pudiera llegar a ser posible que los precios del crudo fluctúen a la baja para beneficio del comercio mundial y gusto de quienes hoy tienen que pagar altísimos precios para llenar el tanque de sus vehículos, transporte, carga, pasajes, etc.
A modo de comentario adicional a esta columna, anticipamos la posible dificultad que puede presentarse cuando el próximo mes de noviembre se lleve a cabo la XXX Cumbre Iberoamericana cuya sede será Madrid. El Gobierno de España, consistente con su posición guabinosa en relación con el devenir del proceso político venezolano, parece dispuesto a jugarse una apuesta importante cuando tenga que decidir entre invitar a la “interina”, arriesgando el éxito y hasta la realización del encuentro, o asumir el costo de pertenecer a una Unión Europea cuyo Europarlamento se ha mostrado firme en el rechazo a esa presencia, según lo ya decidido oportunamente.
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