Las auditorías van revelando una verdad trágica para los venezolanos: La destrucción de la economía y de todos los sectores que antes fueron generadores de riqueza son de una profundidad tal, que los inversionistas no ven que pueda ser negocio tales desembolsos, no aprecian que la actual revolución gobernante tenga un atisbo de seriedad en la garantía de seguridad jurídica que dicen ofrecer.Reportajes sobre Venezuela
¿Fue impericia y mal gobierno, o la destrucción total de la economía y las instituciones fue un prerrequisito para implantar el modelo cubano en nuestro país?
La destrucción fue la anestesia necesaria para la amputación de las libertades civiles, sin una economía devastada, y arruinada el modelo de control social a través de la escasez simplemente no habría funcionado. Esta destrucción fue el prerrequisito para instaurar el modelo de control social, ya que es imposible instaurar el modelo de control sobre una sociedad que tiene los medios para sostenerse por sí misma.
Lo que para los demócratas es el fracaso del modelo, para la revolución gobernante es el éxito político del modelo autoritario del socialismo comunitario exportado desde Cuba a suelo patrio.
Bajo la coartada de “la justicia social” reventaron el estado de derecho, abriéndole camino no al proletariado que nunca existió en el país, pero en su nombre se montó una nueva casta burocrática; requerían adicionalmente para lograr con éxito el modelo, pulverizar la propiedad privada, destruir en consecuencia la capacidad productiva; de ahí entonces el tránsito de un ciudadano libre con salario digno a un ciudadano que depende de la bolsa CLAP y de la miseria en cantidad de bolívares del llamado “bono”.
La inflación como política de estado, es el mecanismo de nivelación de la sociedad hacia abajo, logrando así la tan proclamada igualdad social, ahora todos pobres; por ello la liquidación del ahorro, del salario, la sustitución del valor del trabajo y el vaciado de las instituciones. Las leyes en el marxismo son instrumentos de la clase gobernante para cambiar el sistema y vaciar las instituciones cambiando a sus funcionarios que tendrán y tienen la cualidad de la “lealtad” como requisito y no el mérito profesional.
Frente al derrumbe y sin dinero, surge la privatización como fórmula de solución, y reaparece como experiencia el caso ruso de la privatización, cuando el modelo colapsó avanzaron en dejarlo; el paralelismo que cito con rusia debe ser una clara advertencia y una invitación a vernos en ese espejo de lo que ocurre cuando se transfiere propiedad pública en ausencia de un estado de derecho robusto.
Se le denominó “la privatización de compadres”, en Venezuela las cuentas no están claras, existe una asimetría de información al punto que las auditorías confirman que el problema no solo es financiero, sino que también es estructural, el problema entonces no es cambiar de dueño, sino reconstruir desde cero.
Un inversor que no encuentre transparencia total se alejará, dejando el campo abierto a los “compadres”. Y aquí, el dinero de la corrupción se recicla en la compra de activos vendidos y comprados a precio de gallina flaca.
Imagínese privatizar sin estado de derecho; puede usted advertir desde ya en manos de quiénes quedarán los bienes del Estado.
Exigir la transición transparente es lo mínimo que se debe hacer para evitar precisamente el doble juego de ganancias, por ello es indispensable la justicia transicional financiera, esto con el fin de rastrear el origen de los fondos de cualquier comprador mediante estándares internacionales, la necesaria constitución de fideicomisos internacionales, para que la gestión de activos estratégicos pase temporalmente por organismos multilaterales antes de su venta final; la concreción de licitaciones abiertas y globales, para evitar la participación de empresas vinculadas a funcionarios sin auditoria previa y la reinstitucionalización del BCV sacando a leales por profesionales de verdad para que cuente con autonomía absoluta y el flujo de la privatización no termine en casos de corrupción.
No obstante, tenemos más problemas como sociedad, las instituciones intermedias están secuestradas, la sociedad civil venezolana no tiene fuerza institucional ni orgánica para impedir por sí sola “la privatización de compadres”.
A ello se le suma que la oposición no constituye realmente un contrapeso; la única forma de evitar lo que estoy presagiando viendo el espejo ruso, es con la intervención de la comunidad internacional y los organismos multilaterales como garantes y auditores forzosos en cada contrato para que no tenga lugar la consolidación financiera de la autocracia con los mismos recursos del Estado.
Dios con nosotros.

