Durante décadas, millones de trabajadores venezolanos entregaron parte de su salario al Seguro Social Obligatorio (SSO) creyendo que ese sacrificio garantizaría una vejez digna. Cada mes nos descontaban a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, 4% del salario y los patronos aportaban entre 9% y 11%, especialmente en industrias de alto riesgo como la petrolera de PDVSA.
Un trabajador que ganaba en promedio 1.000 dólares mensuales aportó junto a su patrono cerca de 27.000 dólares en apenas 15 años de servicio y 750 semanas cotizadas. Ese dinero salió del sudor, de guardias nocturnas, accidentes industriales, calor, gases tóxicos y años de trabajo sosteniendo al país.
En cualquier sistema de seguridad social serio, la pensión debería representar al menos 80% del último salario del trabajador. Es decir, ese jubilado hoy debería recibir alrededor de 800 dólares mensuales para vivir con dignidad.
Pero la realidad es brutal: millones de jubilados sobreviven con una pensión de 130 bolívares y bonos miserables que no alcanzan ni para alimentos o medicinas.
Esto no es protección social.
Es el robo del ahorro laboral más grande de la historia contemporánea de Venezuela.
Secretario General del SUTPGEF.

