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Emiliana Vegas: Aprender del mundo para tranformar la educación en Venezuela

 

Un grupo de cerca de veinte estudiantes de Harvard, en su mayoría latinoamericanos pero también provenientes de otras regiones del mundo, ha dedicado el año académico a investigar cómo poner a la educación en el centro de la transición venezolana. La conferencia que convocamos el 12 de mayo es apenas el primer fruto de ese trabajo.

Hay un dato que me persigue desde hace meses, y que debería perseguirnos a todos: uno de cada tres niños y adolescentes en edad escolar en Venezuela está fuera del sistema educativo. No es una metáfora ni un margen estadístico. Son cerca de 2 millones de niños y jóvenes que, mientras usted lee este texto, no están en un aula. De los que sí asisten, entre 70% y 75% no alcanza el puntaje mínimo para aprobar matemáticas o lengua. El gasto público anual por estudiante ronda los 232 dólares, muy por debajo del promedio regional. Detrás de cada cifra hay un futuro que se cierra.

Nací en Caracas, me formé en el mundo, y hoy intento traer al país lo que aprendí. Esa convicción me llevó a fundar y dirigir, en la Escuela de Posgrado en Educación de Harvard, el Education Lab for Latin America (ELLA): un laboratorio que conecta a investigadores con quienes diseñan e implementan políticas educativas en América Latina y el Caribe. Generamos evidencia rigurosa, acompañamos reformas, fortalecemos las capacidades técnicas de los sistemas educativos y formamos a una nueva generación de investigadores. Lo hacemos con un convencimiento simple: ningún país de la región puede seguir diseñando políticas educativas a ciegas.

Desde ELLA he tenido el privilegio de acompañar, este año, a un grupo extraordinario: cerca de veinte estudiantes de Harvard, en su mayoría latinoamericanos —de México a Argentina, pasando por Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y, por supuesto, Venezuela—, junto con estudiantes de Indonesia y de Estados Unidos, que han dedicado el año académico a investigar cómo transformar la educación venezolana. La pregunta que los une es exigente: ¿qué hace falta para que la educación esté en el centro de una transición democrática capaz de producir crecimiento económico inclusivo y duradero?

Elegimos a propósito este lente global. El mundo es un laboratorio de aprendizajes. Brasil ha mostrado que reformas estatales pueden mover indicadores nacionales; Chile y Perú han experimentado con carreras docentes meritocráticas; Colombia y México han probado modelos de aprendizaje fundamental con resultados medibles. Cada uno de estos casos, con sus aciertos y errores, ofrece pistas valiosas para Venezuela. Mis estudiantes han pasado el año leyendo evaluaciones de impacto, conversando con expertos dentro y fuera del país, y traduciendo esa evidencia en propuestas concretas para el día después de la transición.

Esa investigación es la base de la conferencia «Más allá del petróleo: la educación como pilar para la transformación de Venezuela», que reunirá en Harvard, el próximo 12 de mayo, a más de 400 participantes —académicos, hacedores de política, organizaciones de la sociedad civil, financiadores y representantes gubernamentales— en torno a 6 prioridades indispensables: el aprendizaje fundamental en los primeros grados, donde 68% de los niños de tercero muestra rezago lector; el talento docente, en un sistema al que le faltan más de 100.000 maestros; la nutrición y el bienestar escolar, sin los cuales no hay aprendizaje posible; el desarrollo infantil temprano, ventana decisiva donde se juega la trayectoria de toda una vida; el financiamiento y la innovación, en un contexto fiscal que obliga a hacer más con menos; y la educación para la democracia: aulas plurales, despolitizadas, donde se forme una ciudadanía capaz de sostener instituciones libres.

Nada de esto habría sido posible sin un apoyo extraordinario. Filantropías privadas comprometidas con la región han hecho de esta investigación un bien público, y Harvard la ha respaldado desde múltiples frentes: la Oficina del Provost, el David Rockefeller Center for Latin American Studies y la propia Escuela de Posgrados en Educación. Que tantas instituciones converjan en torno a una agenda educativa para Venezuela revela algo importante: el mundo está mirando, y quiere acompañarnos.

¿Por qué insistir en la educación cuando hay tantas urgencias? Porque la evidencia es contundente. Estudios recientes muestran que entre 20% y 50% de las diferencias en el ingreso entre países se explican por diferencias en aprendizaje. Cada año adicional de escolaridad de calidad eleva los ingresos de por vida cerca de un 10%. Programas bien diseñados de alfabetización temprana han mostrado retornos sociales de hasta cinco dólares por cada dólar invertido. Y, no menos importante, más de 6 millones de venezolanos viven hoy fuera del país. Si queremos que regresen, sus hijos necesitarán aulas que les permitan aprender y prosperar.

Los casi veinte jóvenes que han trabajado en este proyecto vuelven a sus países convencidos de algo: el destino de Venezuela no se decidirá únicamente en una mesa de negociación ni en un proceso electoral. Se decidirá, sobre todo, en sus aulas. Lo que están construyendo es una agenda compartida, costeada y articulada en torno a esas seis prioridades; una hoja de ruta pública que sobrevivirá a la conferencia y viajará a Caracas, a Washington y a las capitales de la región. Una agenda que pertenece a Venezuela, pero que se nutre de todo el mundo.

A los lectores les hago una invitación: pensemos, también desde aquí, en la Venezuela que queremos heredar a los niños que hoy están fuera del aula. Su futuro —y, con él, el de todos nosotros— se decide en sus clases.

Profesora y directora de ELLA en la Escuela de Posgrados en Educación de Harvard. Más información: ella.gse.harvard.edu.

 

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