Las emociones son caballos salvajes, al final no queda más que liberarlos. Paulo Coelho.
La crisis de los partidos políticos venezolanos que venía aflorando desde los años 80 del siglo pasado como consecuencia de un liderazgo extraviado, dió lugar al advenimiento de un gobierno tumultuario a finales de la década de los años 90 que permitió a un personaje populachero y resentido, junto a un grupo de advenedizos y audaces apoderarse de los poderes e instituciones del Estado para su usufructo personal y propiciar alianzas internacionales con otros personajes inescrupulosos en un intento de afianzar un viejo modelo fracasado también, presentándolo como si fuera nuevo, que denominó Socialismo del siglo XXI.
Su característica esencial ha sido la mentira, el engaño, la demostración de incondicionalidad irreflexiva y la aceptación de un pensamiento único encarnado por un caudillo.
Hoy con todas las dificultades y desencuentros que implica el ejercicio de la democracia adoptada como sistema y como forma de gobierno, observamos una lenta pero esperanzadora recuperación de los partidos políticos, cometiendo viejos errores, es cierto, pero asumiendo nuevas exigencias de la sociedad civil que todavía los observa con recelo, La prueba fundamental es la convicción política de que la unidad es el instrumento eficaz que permitirá no solo el fortalecimiento de la democracia como sistema, sino el de sus propias organizaciones. Se ha comprendido que la unidad es un camino, no una meta.
Lo que se quiere hacer aparecer como un problema de la alternativa democrática, es por el contrario, una verdadera fortaleza. Por fortuna han emergido una gran cantidad de líderes sociales comunitarios y políticos y se cuenta con una constelación de candidatos que brillan con luz propia, descollando una mujer por su valentía y claridad conceptual,que probablemente sea quien abandere la esperanza de cambio en el país, elegida democráticamente y no por imposiciones caudillescas.
La verdadera tragedia está del otro lado, del lado del autoritarismo, al ver que su candil parpadea y no cuentan con otro que les alumbre el camino, ni siquiera con un cocuyo. Es la herencia propia de los regímenes comunistas con su carga de mesianismo y exagerado culto a la personalidad. Es el producto de la mediocridad de un liderazgo que en lugar de formar, deforma. Eso generalmente sucede a los líderes que no aceptan que se les acompañe sino que lo sigan. Ellos mismos crean sus propias crisis.
Parece ser que el fundamento de su política exterior es la célebre frase de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. No sé quienes serán sus asesores, aunque poco caso harán a sus recomendaciones sensatas ya que su engreimiento y soberbia son descomunales. Así son las inteligencias tarifadas que sirven al régimen que exhibe su insensatez e ignorancia por el mundo.
Nuestro insigne Rómulo Gallegos ya expresaba su preocupación por el grave daño que el rencor y el odio habían hecho en nuestro país, el cual decía, se ha formado odiando, de allí que no haya sabido andar sino con las vacilaciones del temor.Tan deplorable y frustrante era el ambiente igual que el de hoy, que Gallegos logró expresar que en el ánimo del venezolano pareciera oírse una voz que clama [ Devuélveme mi miedo. Que de otro modo no podré vivir tranquilo[ Claro que no son los asustadizos o envilecidos por el servilismo quienes ese reclamo harían, si no fuesen a la vez, de algún modo, los que se aprovechan de los regímenes de fuerza a cuya sombra el provecho material pueda crecerles tanto como vaya menguando su dignidad
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