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Doña Edelmira de Aguilera, patrimonio humano viviente de El Consejo estado Aragua, por Rafael Sanabria

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​En el número 19 de la calle Bermúdez, en la población de El Consejo, reside Doña Edelmira Visbal de Aguilera (Ropa rosada). Su presencia es un puente hacia aquel pueblo de antaño que hoy solo sobrevive en los aromas y en las formas pausadas de hablar. 

​La vieja casona respira una nostalgia luminosa. Sus largos corredores evocan la antigua Escuela de Artes y Oficios dedicada a la formación de la mujer consejeña. En el mapa biográfico y pedagógico de nuestra región, Edelmira se alza como un valor humano excepcional: una mujer de baja estatura pero de inmensa estatura moral, ejemplo de esas figuras estoicas que han forjado nuestro gentilicio.

​Orígenes y Formación

​Doña Edelmira nació el 29 de marzo de 1929, el mismo año en que la luz eléctrica iluminó por primera vez las calles de El Consejo. Hija de Francisco Paradisi y Petra Visbal Pino, cursó su instrucción primaria en las escuelas «Francisco Conde» y «Juan Uslar».

​Impulsada por un inagotable afán de superación, se especializó en manualidades en diversas instituciones de la región y en el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), herramientas que luego convertiría en su apostolado de vida.

Edelmira de Aguilera

​Vocación Docente: Sembrar en el Camino

​Su labor docente comenzó temprano. Fundó la Escuela Unitaria Nro. 105 en la Hacienda Paso Real, bajo la égida de la Gobernación de Aragua. Con espíritu misionero, trasladó luego la escuela a la Hacienda Píritu —donde funcionó en un modesto rancho de paja— y posteriormente al sector conocido entonces como «La Cochinera».

​Proviene de una estirpe de ciudadanos íntegros. Sus hermanos Urania, Itamar, Federico, Arsenio, León, Mercedes, Moisés y Flor Visbal han sido pilares de familias respetables, honra y prez de nuestra sociedad.

​Belleza, Hogar y Fe

​La tradición oral la recuerda como una de las «caras bonitas» de la época; una mujer de belleza natural, elegancia y un glamour que quedó grabado como una postal en la memoria colectiva.

​El 20 de agosto de 1949, contrajo nupcias en Las Tejerías con Estelio Rafael Aguilera Silva, hombre íntegro y cofundador de instituciones civiles y religiosas, a quien la Hacienda Santa Teresa reconoció como un «aragüeño selecto». De esa unión nacieron Abdalia Coromoto y Carmen Estela, ambas herederas de la vocación educadora.

​Su fe ha sido el motor de sus acciones. Destaca su labor en las sociedades de Nuestra Señora del Buen Consejo —la cual presidió por una década— y del Sagrado Corazón de Jesús.

Por años, ha sido la guardiana celosa de la imagen de San Judas Tadeo, contribuyendo no solo con su cuidado, sino con el sostenimiento de su festividad.

Edelmira de Aguilera 1

​Un Legado entre el Arte y el Oficio

​Hablar de Doña Edelmira es referirse a una maestra de «altos quilates». En su propio hogar fundó una escuela de artesanía que se convirtió en centro de peregrinación para aprendices y curiosos. Su taller fue aula certificada por el INCE, donde enseñó pintura, repostería, cerámica, tejido y bordado.

​Más allá de la técnica, Edelmira sembró en centenares de mujeres la semilla de los valores y el civismo. Su sencillez, su honestidad y su prestigio ganado a pulso la convierten en una institución viviente. Es una «capitalista de la generosidad» que transformó los corredores de su casa en una fragua de voluntades.

​Epílogo: La Historia Viva

​A sus 97 años, Doña Edelmira permanece lúcida y actualizada.

Reencontrarse con ella es abrir un libro cuya mejor síntesis es la palabra SABIDURÍA.

​Para quien suscribe estas líneas, su nombre se escribe con letras de honor.

Como consejeño, le rindo este homenaje a la mujer que ha sido alborada y fortaleza al lado del padre, el esposo y el alumno; a la dama que supo captar el anhelo de un pueblo que hoy la reconoce como su compañera más firme.

​Cada vez que tránsito por la calle Bermúdez y miro hacia la casa Nro. 19, no puedo evitar concluir: Edelmira no solo cuenta la historia; ella es la historia viva de El Consejo.

 

​Homenaje Lírico a Doña Edelmira

​La creatividad madrugó temprano

en la mente fértil de la maestra,

es su arte cultivo de un tiempo lejano,

beso que honra la tierra nuestra.

 

​La cocina es un abierto recetario,

la cerámica, danza de mil colores,

mientras el fogón exhala sus olores,

el taller respira paz de un oratorio.

 

​Manos útiles que crean flores de papel,

en la imaginación de la sublime mujer,

florece siempre un suntuoso vergel.

 

​Edelmira escribe historia en el cristal

de botellas que lucen ternura risueña,

prez de una estirpe que es luz ancestral,

¡Orgullo y esencia de la mujer consejeña!

 

Rafael Sanabria Martínez

Rafael Antonio Sanabria Martínez – Nota de prensa.

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