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Alberto Girri: Gato gris muerto

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Gato gris muerto

 

Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas.

Figura empapada del asfalto o vuelto hacia las nubes,
eres el muerto más perfecto que yo he visto.
Pero cómo descubrir que la vigilia que te llega,
ya indiferente a cualquier invocación,
tu realidad verdadera de hijo del demonio,
de locatario esbelto de almas,
que estableció para tu antepasado africano
la voluntad miedosa de los clanes familiares
y confirmó la impar justicia de la magia.
Pronto vendrán hasta tu cuerpo abandonado
ladrones de velas,
y robarán las tibias, su recatada médula.
Porque es sabido que cuando tales huesos despierten
despertarán las almas en ellas internadas,
y en un pueblo lejano y caníbal,
hombres que trabajan y tienen amores,
instantáneamente se convierten en
estatuas.
Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas,
y arañar, si quieren, el corazón del huésped.


Alberto Girri: Fue un poeta nacido en Buenos Aires en 1919. Su primer libro, Playa Sola, lo distingue entre la llamada generación del 40. Su estilo, único y personal, no encaja en ningún movimiento concreto. A partir de esta obra, Girri publicó unos treinta libros en los que paulatinamente se desembarazó de la lírica elegíaca y tradicionalista de aquella década. Su lenguaje se hizo ascético y extremadamente intelectual. Colaborador de la revista Sur y del diario La Nación, llevó una vida monacal, aunque obtuvo amplio reconocimiento en su país y en el exterior. Tradujo a autores británicos y norteamericanos como sir Thomas Stearns Eliot y Robert Frost, ampliando los gustos regionales de la época, que se centraban en la lírica francesa vanguardista. Es también autor del tango “Elegía”, con música de Osvaldo Manzi, y del libreto de la ópera Beatrix Cenci para el reconocido compositor Alberto Ginastera. Su poesía provocó admiración y rechazo. Se le llamó muchas veces “árido e incomprensible”. Murió en 1991.

 

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