Lo que para muchos debería ser el epicentro del desarrollo en el oriente venezolano, hoy ofrece una imagen que dista mucho de los nombramientos simbólicos y las promesas políticas. Pese a haber sido designada recientemente como “Capital del Estado Sucre” en actos de corte populista, la realidad que golpea al habitante del municipio Valdez es la de un franco deterioro estructural.
El diagnóstico de la ciudad es evidente al recorrer sus calles, las cuales se han convertido en el testimonio físico de gestiones gubernamentales carentes de una visión de desarrollo a largo plazo. La ausencia de mantenimiento vial y la precariedad en la calidad de los servicios básicos en todas sus manifestaciones —agua, electricidad y saneamiento— mantienen a la población en un estado de estancamiento que contrasta con la importancia estratégica de la zona.
Expertos y ciudadanos coinciden en que Güiria posee todas las condiciones geográficas y económicas para convertirse en un polo de crecimiento regional. Sin embargo, ante la falta de inversión real y planificación urbana, la localidad languidece entre las ruinas de lo que pudo ser.
El llamado de la comunidad es claro: más allá de los títulos honoríficos y la retórica política, Güiria urge de una gerencia que rescate su infraestructura y convierta su potencial en una realidad tangible para sus ciudadanos.
El Valdeciano
José Luis Medina
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