Voces de Libertad.
Con Nicolás Maduro y Cilia Flores tras las rejas, Venezuela rompe el cerrojo que durante años mantuvo secuestrada su libertad.
No es un gesto simbólico ni un episodio aislado, es el derrumbe del núcleo duro de la impunidad.
La cárcel para quienes usurparon el poder para destruir y saquear a nuestro país, significa algo elemental y, a la vez, profundo, la ley volvió a tocar a los intocables.
El miedo cambió de bando. El chantaje se desinfló. El aparato de coerción perdió a sus jefes.
Cuando el vértice cae, la estructura se resquebraja.
Durante demasiado tiempo, el régimen sostuvo su dominio con violencia, corrupción y propaganda.
Hoy, ese relato se pulveriza. La justicia —tardía pero firme— demuestra que no hay eternidad para el abuso ni blindaje posible para el crimen.
El mensaje es inequívoco para cómplices y testaferros, nadie está a salvo de rendir cuentas.
Este momento no es para la complacencia, sino para la determinación cívica.
La libertad no llega sola; se construye.
Exige organización, transición limpia y un compromiso inquebrantable con la democracia y el Estado de derecho.
Pero por primera vez en años, el horizonte dejó de ser una promesa abstracta, ahora tiene fecha, dirección y responsables.
Venezuela avanza porque la impunidad retrocede. Avanza porque la verdad dejó de ser clandestina. Avanza porque el poder ya no se hereda por la fuerza.
Con los responsables presos, el país recupera la posibilidad de elegir su destino.
La libertad no es un discurso, es un proceso que acaba de empezar.
El pueblo venezolano clama y lucha porque ße respete su voluntad nitidanente expresada en los comicios del 28 de julio, donde resultó electo -por una abrumadora mayoría- Edmundo González Urrutia con el apoyo de María Corina Machado.
¡La historia es irreversible!

