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Rafael Fauquié: Verdadera educación III

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Creo en la universidad. La universidad une, no separa. Conoce y reconoce, no ignora ni olvida. En ella se dan cita no sólo lo que ha sobrevivido, sino lo que está vivo o por nacer en la cultura. Pero para que la cultura viva, se requiere un espacio crítico donde se trate de entender al otro… Carlos Fuentes: En esto creo.

Ningún proyecto de enseñanza válido podría dejar de considerar la obligación de transmitir a quienes educamos saberes humanos que les posibiliten conocimientos capaces de convertirse en mejores personas.

En mi particular ideal de educación, ése que concibo como el reto central para altas casas de estudio que sean mucho más que solo centros de investigación, apuesto por universidades donde los profesores comiencen por dirigirse a sus estudiantes desde su propia experiencia humana. Una manera de comunicar humanidad a través de la educación fue la Paideia de los antiguos griegos: modelo educativo que formaba para la vida; para enseñar cómo enfrentarla, cómo no dejar nunca de aprender de ella y junto a ella.

Se trata, junto al desarrollo de la capacidad técnica o profesional que pudiera precisar el educando, de formarlo también en principios éticos capaces de convertirlo en ductor de sí mismo, de ayudarlo a reconocer una moral capaz de sostenerlo.

Es en el tiempo universitario, época en la que el estudiante tiene la edad suficiente para conocerse y saber qué le conviene y qué desea, cuando podría posibilitarse para él la conquista de su propia autonomía. Ayudarle a hermanarse con su vocación, enseñarle a conquistar el sentido de ese bien imprescindible que es la libertad, hacerle conocer la necesaria virtud la tolerancia… Todo es parte de un proceso encaminado hacia un mismo fin: alcanzar una plenitud individual necesariamente relacionada con la válida convivencia con los otros.

En un ensayo titulado “Individuo y sociedad”, Einstein desarrolló la idea del itinerario de la humanidad como un interminable legado en el cual todos los hombres participan. Infinita herencia de experiencias y perspectivas, de circunstancias y realidades, de comprensiones y espejismos, de verdades y revelaciones que han ido señalando, todas ellas, una a una, desde el comienzo de los tiempos, el itinerario de la humanidad. Pudiéramos definir el tiempo universitario y su legado para el joven formándose en él como una importante contribución de las altas casas de estudio a ese itinerario; acaso un punto de partida para el propósito ideal de llegar a construir una mejor Humanidad.

 

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