La lucha de independencia y soberanía panameña han sido muy singular en el contexto de América Latina porque ha tenido tres procesos de independencia distintas: la primera de España (28 de noviembre de 1821) trajo la emancipación política; la segunda de Colombia (3 de noviembre de 1903), con la que se fundó la nación, pero bajo tutela extranjera; y una tercera (7 de septiembre de 1977), la de los Acuerdos Torrijos-Carter, con la que se hace efectiva la soberanía de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Tres procesos que marcaron momentos muy diferentes en su historia nacional.
La lucha panameña por su independencia plena fue larga, paciente y profundamente nacionalista. En realidad, su historia registra dos procesos de independencia que, aunque ambos llevaron el nombre de “liberación”, tuvieron significados muy diferentes para el pueblo. La independencia de España en 1821 fue un acto de adhesión al nuevo proyecto político continental de la “Gran Colombia” y tras ochenta años de centralismo y abandono por Bogotá, la separación de Colombia en 1903 fue, en cambio, un acto de afirmación nacional y de soberanía frustrada por intereses extranjeros.
Así tenemos que el 28 de noviembre de 1821 Panamá proclamó su independencia del Imperio español, casi sin derramamiento de sangre. El país, entonces, una provincia del virreinato de Nueva Granada, se unió voluntariamente a la Gran Colombia liderada por nuestro Libertador Simón Bolívar. Para el pueblo panameño, este proceso no significó una transformación radical de la estructura social ni económica. Las élites criollas locales fueron quienes impulsaron el movimiento, buscando estabilidad y protección frente a las guerras que devastaron Centroamérica. La estructura colonial de privilegios, la concentración de la tierra y la dependencia comercial continuaron. Fue una independencia administrativa más que social, sin un proyecto nacional propio.
Ocho décadas después se produce la separación de Colombia el 3 de noviembre de 1903, que respondió a una nueva realidad: el istmo había adquirido importancia geoestratégica por el futuro canal interoceánico. El pueblo panameño, cansado del abandono administrativo de Bogotá y de las guerras civiles colombianas, vio en la separación la posibilidad de un autogobierno y desarrollo propio. Sin embargo, esta esperanza estuvo condicionada por la intervención directa de Estados Unidos, que apoyó la independencia para garantizar su control sobre la Zona del Canal. Así tenemos que, la independencia de 1903 dio origen al Estado panameño moderno, pero a costa de ceder parte de su soberanía. Durante casi todo el siglo XX, la presencia estadounidense en la Zona del Canal simbolizó la contradicción entre independencia política y dependencia económica y militar.
Pero lo cierto es que, para el pueblo panameño, la verdadera independencia, la que transformó su vida cotidiana y su identidad nacional, no fue la de España sino fue la de Colombia, aunque esta última se vio incompleta por la influencia de Estados Unidos.
Durante casi un siglo la Zona del Canal fue una herida abierta, una franja que dividía al país física y simbólicamente. Generaciones enteras crecieron bajo esa sombra. Sin embargo, paralelamente también se gestó en ellas un sentimiento de resistencia que nunca desapareció. En las escuelas, en las universidades, en la calle, en los sindicatos, en los partidos políticos y en el pueblo en general se mantuvo viva la convicción de que Panamá debía ser dueña de su Canal y de su destino.
Es importante destacar que, con la segunda independencia, la nueva nación alcanzó autonomía política, pero perdió soberanía sobre su territorio, al ceder la Zona del Canal a Washington. Esta segunda independencia fue en realidad una victoria nacional, pero también el inicio de una larga dependencia y luchas cívicas, políticas y diplomáticas que se prolongó durante casi todo el siglo XX para poder alcanzar la plena independencia y soberanía.
Así que hubo una tercera independencia que alcanza su máxima expresión en dos etapas: en 1977 con los Acuerdos Torrijos-Carter, que fue la culminación de décadas de lucha moral, diplomática y ciudadana para recuperar la soberanía sobre el Canal e integrar enteramente al Estado panameño y donde, a propósito, desempeñó un papel importante el presidente Carlos Andrés Pérez. Con los Acuerdos Torrijos-Carter se fijó la entrega progresiva del Canal y el retiro total de la presencia militar de Estados Unidos. Fue el 31 de diciembre de 1999 cuando la República de Panamá vivió su tercera y definitiva independencia. Fue la victoria de un pueblo que jamás necesitó fusiles para lograr su independencia sino consciencia, constancia y esfuerzos políticos.
Tres independencias y ninguna guerra. Tres acontecimientos logrados con inteligencia, unidad y voluntad cívica. La lucha panameña por su independencia plena definitivamente fue larga, paciente y profundamente nacionalista. Su historia nos enseña que la libertad no siempre nace del combate independentista, sino del compromiso moral de un pueblo que se niega a vivir bajo el dominio extranjero, solo necesitó conciencia para romper el vínculo colonial, con lo cual ha logrado conquistar y sostener su unidad, su orgullo y recuperar su historia como nación soberana.
Para Latinoamérica, que fue solidaria con las luchas panameñas, la devolución del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999 fue de orgullo y de eufórica alegría porque al fin Panamá alcanzaba soberanía plena y porque con ella también se erradicó el último enclave colonial del siglo XX en la región.
La comunidad internacional reconoce, hoy por hoy, la Panamá independiente, moderna y pujante que ha hecho del Canal una de las palancas de su desarrollo, que, aunada con su espíritu emprendedor y su sólida democracia, ha logrado insertarse con respeto y admiración en el comercio internacional y en el escenario mundial.
La lucha de independencia y soberanía panameña han sido muy singular en el contexto de América Latina porque ha tenido tres procesos de independencia distintas: la primera de España (28 de noviembre de 1821) trajo la emancipación política; la segunda de Colombia (3 de noviembre de 1903), con la que se fundó la nación, pero bajo tutela extranjera; y una tercera (7 de septiembre de 1977), la de los Acuerdos Torrijos-Carter, con la que se hace efectiva la soberanía de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Tres procesos que marcaron momentos muy diferentes en su historia nacional.
La lucha panameña por su independencia plena fue larga, paciente y profundamente nacionalista. En realidad, su historia registra dos procesos de independencia que, aunque ambos llevaron el nombre de “liberación”, tuvieron significados muy diferentes para el pueblo. La independencia de España en 1821 fue un acto de adhesión al nuevo proyecto político continental de la “Gran Colombia” y tras ochenta años de centralismo y abandono por Bogotá, la separación de Colombia en 1903 fue, en cambio, un acto de afirmación nacional y de soberanía frustrada por intereses extranjeros.
Así tenemos que el 28 de noviembre de 1821 Panamá proclamó su independencia del Imperio español, casi sin derramamiento de sangre. El país, entonces, una provincia del virreinato de Nueva Granada, se unió voluntariamente a la Gran Colombia liderada por nuestro Libertador Simón Bolívar. Para el pueblo panameño, este proceso no significó una transformación radical de la estructura social ni económica. Las élites criollas locales fueron quienes impulsaron el movimiento, buscando estabilidad y protección frente a las guerras que devastaron Centroamérica. La estructura colonial de privilegios, la concentración de la tierra y la dependencia comercial continuaron. Fue una independencia administrativa más que social, sin un proyecto nacional propio.
Ocho décadas después se produce la separación de Colombia el 3 de noviembre de 1903, que respondió a una nueva realidad: el istmo había adquirido importancia geoestratégica por el futuro canal interoceánico. El pueblo panameño, cansado del abandono administrativo de Bogotá y de las guerras civiles colombianas, vio en la separación la posibilidad de un autogobierno y desarrollo propio. Sin embargo, esta esperanza estuvo condicionada por la intervención directa de Estados Unidos, que apoyó la independencia para garantizar su control sobre la Zona del Canal. Así tenemos que, la independencia de 1903 dio origen al Estado panameño moderno, pero a costa de ceder parte de su soberanía. Durante casi todo el siglo XX, la presencia estadounidense en la Zona del Canal simbolizó la contradicción entre independencia política y dependencia económica y militar.
Pero lo cierto es que, para el pueblo panameño, la verdadera independencia, la que transformó su vida cotidiana y su identidad nacional, no fue la de España sino fue la de Colombia, aunque esta última se vio incompleta por la influencia de Estados Unidos.
Durante casi un siglo la Zona del Canal fue una herida abierta, una franja que dividía al país física y simbólicamente. Generaciones enteras crecieron bajo esa sombra. Sin embargo, paralelamente también se gestó en ellas un sentimiento de resistencia que nunca desapareció. En las escuelas, en las universidades, en la calle, en los sindicatos, en los partidos políticos y en el pueblo en general se mantuvo viva la convicción de que Panamá debía ser dueña de su Canal y de su destino.
Es importante destacar que, con la segunda independencia, la nueva nación alcanzó autonomía política, pero perdió soberanía sobre su territorio, al ceder la Zona del Canal a Washington. Esta segunda independencia fue en realidad una victoria nacional, pero también el inicio de una larga dependencia y luchas cívicas, políticas y diplomáticas que se prolongó durante casi todo el siglo XX para poder alcanzar la plena independencia y soberanía.
Así que hubo una tercera independencia que alcanza su máxima expresión en dos etapas: en 1977 con los Acuerdos Torrijos-Carter, que fue la culminación de décadas de lucha moral, diplomática y ciudadana para recuperar la soberanía sobre el Canal e integrar enteramente al Estado panameño y donde, a propósito, desempeñó un papel importante el presidente Carlos Andrés Pérez. Con los Acuerdos Torrijos-Carter se fijó la entrega progresiva del Canal y el retiro total de la presencia militar de Estados Unidos. Fue el 31 de diciembre de 1999 cuando la República de Panamá vivió su tercera y definitiva independencia. Fue la victoria de un pueblo que jamás necesitó fusiles para lograr su independencia sino consciencia, constancia y esfuerzos políticos.
Tres independencias y ninguna guerra. Tres acontecimientos logrados con inteligencia, unidad y voluntad cívica. La lucha panameña por su independencia plena definitivamente fue larga, paciente y profundamente nacionalista. Su historia nos enseña que la libertad no siempre nace del combate independentista, sino del compromiso moral de un pueblo que se niega a vivir bajo el dominio extranjero, solo necesitó conciencia para romper el vínculo colonial, con lo cual ha logrado conquistar y sostener su unidad, su orgullo y recuperar su historia como nación soberana.
Para Latinoamérica, que fue solidaria con las luchas panameñas, la devolución del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999 fue de orgullo y de eufórica alegría porque al fin Panamá alcanzaba soberanía plena y porque con ella también se erradicó el último enclave colonial del siglo XX en la región.
La comunidad internacional reconoce, hoy por hoy, la Panamá independiente, moderna y pujante que ha hecho del Canal una de las palancas de su desarrollo, que, aunada con su espíritu emprendedor y su sólida democracia, ha logrado insertarse con respeto y admiración en el comercio internacional y en el escenario mundial.

