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Carles Manera: La Ofensiva neoliberal

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Se evidencian signos de que la más acendrada ortodoxia económica reaparece con fuerza. Las posiciones del gobierno alemán y del francés (con crecimientos anémicos y dificultades en la deuda pública, sobre todo en el segundo caso), por ejemplo, van en una línea disruptiva, en relación con las políticas económicas implementadas, con oscilaciones, desde 1945. Los mensajes se acumulan: se afirma que el gasto público galo es excesivo, que el Estado del Bienestar germánico es inviable, que todo conduce a una deuda pública inasumible, y que se deben atenuar las medidas tributarias. La narrativa se esparce en la Unión Europea, al tiempo que se sustenta la importancia de incrementar el gasto militar, hasta el 5% del PIB. Todos los países, con la excepción de España, se han declarado –al menos nominalmente– de acuerdo con esto, para agradar las peticiones de Donald Trump. Error mayúsculo.

El impacto económico de aplicar tal medida sería letal para las cuentas públicas. Por ejemplo: Alemania debería gastar más de 220 mil millones de euros al año en políticas de defensa, cuando actualmente dedica a esto cerca de 90 mil millones. La financiación de esta asignación de recursos supondría diferentes escenarios: desde la subida de los impuestos, el recorte de gastos esenciales en educación, sanidad y servicios sociales (renglones que pueden significar el 25% del PIB en muchos países) y, a su vez, el incremento de una deuda pública que, se dice, inquieta a instituciones como el FMI. Otro caso: para España, que gasta cerca de 24 mil millones de euros en defensa, esta propuesta elevaría la partida a 80 mil millones; un incremento que cuadruplicaría la partida presente. Las consecuencias serían las ya enunciadas: descomunal esfuerzo de reducción de los servicios sociales críticos, fundamentales para el bienestar de la población. Quienes defienden tal proyecto deberían explicar de dónde obtendrían los recursos necesarios para cubrirlo.

No debe olvidarse uno de los elementos definitorios de esta política económica: la reducción de los impuestos: a la franja más rica de la población. El tema es recurrente entre las opciones de derechas, y estamos viendo como sigue formando parte central en su portafolio de propuestas en política económica. Se declara que el gasto público social es excesivo y que urge no “ahogar” a la gente con impuestos. Pero las medidas que se han desarrollado en este campo, al aplicarse, han afectado sobre todo a las rentas más altas: esa elevación de la trompa del elefante dibujada por Branko Milanovic, que consolida el poder económico, político y también cultural del 1% de la población. Las clases medias y trabajadoras de los países occidentales ven decrecer su capacidad económica. Un caldo de cultivo para el ascenso de opciones de ultraderecha –defensores de esa política–, pero que, mediante mensajes sencillos para la resolución de problemas complejos, directos y nada matizados, ha ido calando en el cuerpo electoral. La evidencia científica es que recortar impuestos, es decir, limitar la posibilidad de obtener mayores ingresos tributarios, tiene como corolario la contracción de los servicios públicos.

 

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