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Román Ibarra: Llego el final

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Recordando al cantante de los cantantes, Héctor Lavoe, y su emblemática canción: Todo tiene su final, nada dura para siempre; tenemos que recordar, que no existe eternidad.

En efecto, toda actividad humana es finita, y se supone que siempre debe dar paso a una nueva etapa de esperanza, y bienestar; especialmente si esta tiene un origen noble y bueno. Y no hay mejor origen, ni más noble que aquel que deviene del esfuerzo consciente, y generoso como el ejercicio de la soberanía popular, expresada en el acto libérrimo del 28J, a pesar de todas las restricciones; arbitrariedades; inhabilitaciones; ventajismo y abuso desmedido, con el que actuaron quienes pretendieron perpetuarse en el poder por la fuerza, con lo cual, transformaron un gobierno autoritario, muy cuestionado; en uno de facto y en consecuencia, insoportable.

A la oposición liderada por Edmundo González Urrutia, y María Corina Machado, hay que reconocerle el esfuerzo y la organización alcanzada para llevar adelante con éxito, una campaña electoral en la que tuvieron que competir contra todo tipo de obstáculos, plagado de arbitrariedades de hecho y de derecho, y aún así, no desmayar en el intento de ofrecer al pueblo venezolano la oportunidad de expresarse y construir un futuro de posibilidades que le había negado la autodenominada ¨revolución bonita¨;  que de revolucionaria no tiene nada, y de bonita, ni hablar.

Han sido 26 años ininterrumpidos de pésimo gobierno; huérfano de obras significativas y perdurables al servicio de la sociedad, y sus posibilidades de desarrollo. Lleno de abusos; arbitrariedades; corrupción exagerada e impúdica que contrasta con la pobreza extrema e inhumana, con la cual sometieron a todo un pueblo que les dio su confianza, y afecto, por la promesa siempre incumplida de la redención ofrecida, que solo alcanzó su existencia en algunos papeles olvidados, y en el discurso estafador construido en la hipérbole de la retórica hueca y vacía.

Empeñarse en llevar adelante un gobierno de facto no tiene ningún sentido, y solo sería posible sobre la base del sometimiento total de una sociedad que despertó de la pesadilla, y está resuelto a construir nuevas oportunidades. En el mundo interconectado de hoy, es prácticamente imposible aislarse para no ser observado por quienes tienen interés en cambiar el rumbo autocrático, por uno democrático, contrario a la barbarie que representa el comunismo; el socialismo; el militarismo; la violación de DDHH; el terrorismo de estado, y la corrupción.

Ya muestran signos, no solo de cansancio, sino de desesperación y ninguna creatividad para tratar de mantenerse en el poder, sin reparar en el hecho incontrovertible de que perdieron las elecciones del 28J, y ese es el origen de toda la verdad que les golpea el rostro.

En su desesperación han llegado a ofrecer de todo: riquezas materiales del país; negociaciones a través de interlocutores inválidos y autodescalificados como el Presidente del Brasil, Lula Da Silva. Gobiernos para sustituir a Maduro, pero con Maduristas como los hermanos Rodríguez; en fin, patadas de ahogado. Solo quieren mantenerse en el poder de facto, y para ello buscan desesperadamente negociaciones que les permitan ganar tiempo, sin resultados hasta el presente, porque ya nadie les cree.

Se les sugirió que como gesto de buena voluntad, y a efectos de abrir espacios para la negociación, que decretaran una amnistía general y en consecuencia liberaran de manera irrestricta e inmediata a todos los presos políticos, y no aceptaron. Hicieron todo lo contrario, y cada día aumentan las arbitrariedades;  persecuciones; desapariciones forzadas, y encarcelamientos contrarios a derecho.

Lejos de colaborar con las luchas hemisféricas contra la  violación de DDHH; el tráfico de drogas, han sido incluidos en las peores listas como organizaciones criminales, y terroristas, presuntamente vinculadas con el trafico de drogas, y protectores de ejércitos irregulares como las Farc; ELN; Hezbolá; Hamas, entre otros.

La consecuencia ha sido un mensaje claro en términos de amenaza de miedo creíble con el emplazamiento de una poderosa flota militar en aguas del Caribe, y ahora también en el Pacífico, para frenar el tráfico de drogas; el lavado de capitales, entre otros; lo cual, ha servido –como siempre- para el discurso patriotero de la supuesta invasión, negada hasta la saciedad por el gobierno norteamericano, y los aliados que le acompañan en este despliegue militar.

Afortunadamente, y al ser interrogado por periodistas de manera directa acerca de sus intenciones de ¨atacar militarmente¨ a Venezuela, el Presidente Trump ha sido tajante en su respuesta: ¡NO!

Con ello se despeja la duda, y en consecuencia debería abrirse paso la idea de la negociación verdadera; sin trampas ni dilaciones indebidas. Llegó la hora de aceptar, primero que perdieron las elecciones; liberar a todos los presos políticos, y estimular que se investigue y someta a juicio a los responsables de la comisión de delitos de lesa humanidad, y colaborar en la construcción de una transición responsable, y pacífica que dé cabida a la instauración de un gobierno nuevo; democrático, en la medida de las necesidades de la sociedad venezolana, al servicio de la democracia y el desarrollo.

Construir la paz es obligatorio, y la mesa está servida luego de la promesa del gobierno norteamericano de no agredir militarmente, pero hay que ofrecer garantías de fiel cumplimiento.

No hay chance para intentar ganar tiempo; jugar al cansancio del adversario, o al engaño. Reconocer la derrota electoral, y pasar a cumplir el rol que la sociedad les otorgó, como fue el de oposición, es su deber.

En política se gana, y se pierde, pero quien pierde no se aferra al poder por la fuerza, mediante la violación del orden constitucional, o legal, sino que acepta los designios de la soberanía popular, y pasa a la oposición.

Es urgente el inicio de negociaciones para garantizar la construcción del nuevo gobierno, y cerrar este ciclo vicioso de destrucción política y socioeconómica. El país tiene todos los recursos para emprender su recuperación, pero es obvio que vamos a necesitar la ayuda y comprensión del mundo civilizado. No obstante, como ya se ha dicho, son inmensos los recursos del país, y explotados racionalmente, podemos avanzar en la reconstrucción, y honrar los compromisos de la nación.

Se acabó el tiempo del odio, abramos camino a la paz, y la democracia.

@romanibarra

 

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