Mar de Fondo.
Nicolás Maduro ha vuelto a convertir el ridículo en política de Estado.
Esta vez anunció, con total desparpajo, que Venezuela construirá su primer “minisatélite” y que el responsable del proyecto será nada menos que Alex Saab, su testaferro, corrupto y ex convicto por lavado de dinero en Estados Unidos.
En un acto televisado, el propio Maduro ordenó a Saab “meter su cerebro y sus capacidades empresariales” para lanzar el satélite al espacio.
El cinismo no tiene límites: un delincuente internacional, sancionado y señalado por la justicia norteamericana, ahora convertido en símbolo de la “innovación nacional”.
Mientras millones de venezolanos sufren hambre, hospitales colapsados y escuelas sin luz, el régimen anuncia con pompa un proyecto espacial que solo busca lavar la imagen de un sistema podrido y exhibir una falsa modernidad.
No es un satélite lo que Maduro quiere poner en órbita: es su corrupción, su impunidad y su desprecio por la inteligencia de un país que ya no lo soporta.

