Justo después de grandes batallas se aprecian a los ejércitos agotados procurando a sus individuos en reposo y meditando sobre los botines alcanzados. Algunos piensan sobre lo experimentado en combate, otros solo buscan recuperar el tiempo perdido en casa y hay quienes evaden completamente lo vivido y quieren asumir con prontitud un nuevo reto. Empero, el tiempo inclemente y ávido de reproches transcurre sin esperar a nadie sea cual sea su circunstancia o condición. En medio de estas elucubraciones recordé un pasaje, en el que el Padre con la firmeza de su amor incomprensiblemente eterno alinea todo a sus propósitos, los cuales superan nuestra propia temporalidad vital. Los versos dicen:
Así dice el Señor: si no permaneciere mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y de la tierra, también desecharé la simiente de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar su simiente quien sea Señor sobre la simiente de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver su cautividad, y tendré de ellos misericordia. Jeremías 33:25-26.
Releer esto ubicando tiempo y espacio actual, me anima a considerar contundentemente la gloria de Dios en tal promesa, donde se asegura que solo si se lograra invalidar el pacto que Dios ha hecho con el día y la noche, quienes puntualmente cumplen su misión en proporcionar luminares que promueven el trabajo y el descanso oportuno, mientras invitan a poetas y pintores al desvelo, promueven la fotosíntesis, y atraviesan los cuerpos animados e inanimados con radiación oportuna. Si todo esto se pudiera quebrantar, entonces podríamos albergar miedo de ser removidos de la misericordia, permanecer cautivos o perder nuestro lugar dentro de ese plan divino por el cual existimos, y que se nos va revelando conforme discurren las edades.
Recordar la riqueza de confianza y plenitud que se esconden en unas pocas líneas nos hincha el pecho en paz y permite inmortalizar que en medio de nuestros esfuerzos de batalla y la naturaleza diligente de nuestras acciones; existe un sello eterno que delimita el alcance y también resguarda de toda acción interna o externa que pretenda abolir el sentido propio de existencia, pertenencia y función dentro del plan de Dios. En tal sentido, mientras algunos contabilizan botines otros han sido abatidos al punto de necesitar la confianza de que el pacto entre el día y la noche aún no se invalida, por lo tanto, su lugar en las proximidades del trono de la gracia no podrá ser removido, y una certeza es la abundancia de libertad y misericordia que albergan sus días, mientras se completan sus propósitos con la afirmación segura sobre su descendencia.
@alelinssey20

