Un alma empeñada en reconocerse, en congraciarse consigo y aceptarse. Forja del yo en un corazón testigo de sí mismo, permeado a la intrusión de afirmativos recuerdos y logros en esa andadura donde la vuelta atrás no existe y todo gira alrededor de una continuidad de tientos entre lo incierto y lo probable.
Elogio de quien pudo conquistarse en la aspereza de un camino donde cada paso puede significar la aparición de lo sombríamente inesperado o el acceso a lo inútil o lo falso.
Triunfo de quien celebra consigo el término feliz de mucha enrojecida vigilia y la afortunada finalización de ciertos ineludibles juegos de la vida.

