Llegan rumores de la orden que intentan imponer desde los centros de mando: “Los venezolanos pueden vivir tranquilos mientras no se metan en política. Si lo hacen sufrirán las consecuencias”. Detrás de esa orden está la amenaza, dictaminan que si nos atrevemos a cuestionar como se hacen las cosas o protestamos, sufriremos las consecuencias. Esta preocupación surge cuando conversamos con los convocados por los ministros que ejercen cargos de gobierno, las respuestas en general son: “El ministro es muy simpático, pero dejó claro que no podemos ni siquiera olfatear los temas políticos”
Ante esta orden impuesta me atrevo a cavilar sobre qué significa “meterse en política”. Primero entendamos qué es lo político y cómo se define un sistema político: “Un sistema político es el conjunto de interacciones, instituciones, organizaciones, normas y valores que organizan y regulan la forma en que se ejerce el poder en una sociedad para tomar decisiones y satisfacer las necesidades de la población. Este sistema incluye a agentes políticos, instituciones (como el ejecutivo, legislativo y judicial), y también las creencias, actitudes y comportamientos de los ciudadanos y las organizaciones que influyen en la política”
Entonces tendríamos dos componentes fundamentales: las instituciones que componen el sistema y en segundo lugar los valores, creencias, aspiraciones de los ciudadanos que rigen el funcionamiento de estas instituciones. Estas Inquietudes son importantes porque la orden “no hablar de política” se puede traducir como la intención de separar, apartar a los ciudadanos de las instituciones y valores que nos rigen.
La primera pregunta que podemos hacernos es sobre la existencia del equilibrio de poderes, es decir cómo se relacionan, que es la división de poderes donde el Poder Legislativo crea las leyes, el Poder Ejecutivo las ejecuta y administra el gobierno, y el Poder Judicial interpreta las leyes y administra justicia, en un sistema de “frenos y contrapesos” que evita el abuso de poder y la tiranía.
El equilibrio de poderes es crucial porque impide la concentración de poder en una sola persona o institución, protege la libertad política y ciudadana al evitar los abusos, la tiranía, fomenta la vigilancia y el control mutuo entre las distintas ramas del gobierno (legislativa, ejecutiva y judicial) a través de un sistema de pesos y contrapesos.
Estos son los componentes del sistema político que nos gobierna. Un delicado tejido que debería estar en equilibrio. La orden entonces será que está prohibido preguntarse o averiguar si será verdad que estos componentes están en equilibrio o que podría impedir que uno de estos elementos se imponga sobre otro.
El equilibrio de poderes es un principio político fundamental mediante el cual el poder del Estado se distribuye entre diferentes ramas para evitar que una única entidad concentre demasiado poder, asegurando que puedan controlarse y limitarse mutuamente a través del sistema de pesos y contrapesos. El objetivo principal es garantizar la libertad y la democracia al impedir la tiranía y la concentración de poder.
Los componentes clave del equilibrio de poderes serían entonces la separación de poderes: la división del poder estatal en ramas distintas con funciones específicas como primer pasó para alcanzar el equilibrio.
Los pesos y contrapesos (checks and balances) aquellos mecanismos que permiten a las diferentes ramas del gobierno limitarse mutuamente y resistir las intromisiones de las otras. La co-igualdad de fuerzas, que trata de lograr que las ramas del poder, especialmente el ejecutivo y el legislativo, tengan una fuerza equilibrada y similar para poder ejercer un control efectivo unas sobre otras.
Podemos preguntarnos por el propósito del equilibrio de poderes, en primer lugar sería garantizar la libertad. Impedir que alguno de los poderes actúe sin límites y que el sistema pueda proteger las libertades de los ciudadanos. Otro gran objetivo es prevenir la tiranía. Históricamente la humanidad ha aprendido que concentrar el poder es un riesgo para las sociedades, niega la democracia, el equilibrio de poderes es una forma efectiva de prevenirlo. Otra gran misión es fortalecer la democracia, un pilar esencial para el funcionamiento de un Estado democrático, permitiendo la participación de intereses diversos en el gobierno, el ciudadano debería poder pensar y hablar de política.
Pero, quizás el aprendizaje más profundo de estos eventos es reconocer que los venezolanos tenemos que tomar plena conciencia de la imposibilidad de fundar una democracia si quienes aspiran a asumir el poder creen poder ejercer sus mandatos sin controles, sin límites y en consecuencia sin responsabilidades, sin rendir cuentas, como si los ciudadanos no existieran. De espaldas a las enseñanzas de Montesquieu «todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar de este hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder»
Las circunstancias negativas que afrontamos en esta temporada desnudan un problema de fondo en nuestro país, la gravedad de la inexistencia de poderes que controlen el poder, expresado en la falta de independencia de un poder judicial que abandona su responsabilidad con los ciudadanos y se desdobla obediente ante los mandatos del poder ejecutivo.
Fuertes preguntas nos acosan, cuál heridas en nuestra conciencia ciudadana, frente a los desafíos imposibles de obviar, es posible, como dicen, hacernos los locos. ¿Cómo puede entenderse y soportar que en Venezuela el oficio de Juez, de servidor de la justicia se haya minusvalorado y sirva de telón de fondo para las impiedades que se cometen desde otro poder? Cómo digerimos la sentencia en casos confusos, que condenan a años de prisión a venezolanos, jóvenes, inocentes, sin haber encontrado ninguna prueba de culpabilidad y que se robe la vida a estos ciudadanos.
Cuando cualquier régimen tropieza con la independencia de poderes y no lo puede digerir estamos en dificultades. Sabemos que eso no se enseña ni se practica en Cuba, de allí que reproduciendo lo de la isla, aquí se intente prohibir hablar de política.
Para todos aquellos que aspiran el regreso de la libertad, nuestra gran prioridad, es imponer límites al ejercicio del poder en Venezuela, no podemos estar sujetos a la barbaridades y trapacerías de cualquiera, que por giros del destino, una frase pegajosa, un exitoso populismo, una imagen agraciada o una manoseada promesa de bienestar incumplible, tome el poder y lo ejerza cual predestinado, sin frenos ni limitaciones para gobernar un país que no sabe cómo sacudirse este barbarismo.
Los candidatos que se asoman y aspiran a participar en la contienda política están obligados a ofrecerle al país algo que parece contradictorio, que su primera tarea sea limitar el poder y respetar el equilibrio de poderes, establecer las reglas de juego pétreas que impidan que Venezuela, por circunstancias impredecibles, sea regida por un poder que ignore lo que es la democracia, que solo pretenda realizar el sueño de mandar en un país con poder absoluto, sin contrapoder que lo frene, sin ninguna capacidad de oposición por parte de sus gobernados y que para lograrlo subordine a todas las instituciones de control civil.
Frenar la concentración de poder es una tarea de principio de la estrategia de reconstrucción, no basta con anular la capacidad de intervenir legislativamente de un presidente dictando leyes y convirtiendo a los jueces en una manada obediente de personas cuyas endebles bases morales les permite vender sus decisiones por un “puñao de parné”.
Para reequilibrar el poder, los venezolanos debemos comprender lo que significa y la envergadura que tienen los jueces en una democracia, ellos son los encargados de hacer cumplir la ley, lo único que nos salva, junto al comercio en libertad, de ser una tribu de salvajes. Habría que comenzar por una tarea educativa que pudiera estar a cargo de los cientos de organizaciones civiles que existen en nuestro país. En principio, que la gente valore lo que representa la ley y lo que significa alcanzar la posición de juez, aquellos que hacen cumplir la ley, que deben ser insobornables, como lo es en muchas otras sociedades. La otra gran tarea seria revalorizar el poder legislativo que no está ahí para allanarle el camino a las atrocidades que quiera cometer el amo del ejecutivo, está ahí para representar la conciencia, aspiraciones y grandes acuerdos de los ciudadanos que deben estar plasmados en la arquitectura de leyes que ellos definen y aprueban.
Estas tres condiciones expresadas de forma coloquial, no técnica, son los escenarios imprescindibles para recuperar la libertad en Venezuela. 1. Limitar el poder del ejecutivo y de su zar, el presidente de turno 2. Sanear el poder judicial, ubicándolo en manos de verdaderas conciencias democráticas. Ser juez constituye uno de los oficios más nobles de cualquier sociedad, requiere mucha sabiduría, templanza, sobriedad, equidad y muy especialmente, la comprensión de los seres humanos que son juzgados. 3. Devolver el legítimo poder de legislar a la institución que le corresponde, sin delegaciones, son elegidos por el voto ciudadanos para que cumplan con la insigne tarea de formular las leyes que constituyen el cuerpo insustituible de la democracia.
Estas solicitudes deben estar inscritas en el llamado, en el mensaje de los aspirantes a liderizar. Es el camino para garantizar el respeto al ciudadano, el respeto a la propiedad privada, la libertad de expresión, el cese del abuso, el allanamiento de los medios de comunicación y la posibilidad de crecer económicamente sin chantajes. Ya han salidos de nuestro país mas de siete millones de venezolanos, es hora no sólo de hacer caso a la frase “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.” Es hora de cambiar, una voluntad de equilibrio y respeto a la ley debe y puede imponerse, las democracias en el mundo lo han enseñado.
Los ciudadanos estamos esperando el cumplimiento de este mensaje.

