Ha sufrido numerosos arrestos y también actos de repudio a lo largo de su vida política y como defensor de derechos humanos. Ha escrito numerosos ensayos y publicado en varias revistas cubanas y extranjeras. Una selección de sus textos fue reunida en el libro Ensayos progresistas desde Cuba. Es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA por sus siglas en inglés) con sede en la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos. En diciembre de 2016 obtuvo el Premio Ion Ratiu, otorgado por el Woodrow Wilson Center. Manuel Cuesta Murúa es un destacado opositor al gobierno cubano. En esta entrevista exclusiva en texto, video y programa radiofónico ausculta parte del momento que se malvive y padece en Cuba
Desde la última vez que hablamos, hace ya algunos años, usted me dijo dos cosas importantes: Primero, que el gobierno ya no representaba al pueblo y que la situación social y económica en la isla se deterioraba a ojos vista. ¿Es cierto aquello que piensa alguna gente que el gobierno ha terminado por dejar a su suerte al pueblo y que, para decirlo con una sola frase, “que se las arreglen como puedan”?
Es definitivamente cierto. Incluso de una manera en la que el cinismo viene a sustituir la racionalización o la justificación de ese abismo y de la depauperación de la sociedad cubana. Lo digo de esa manera porque después de las reformas se suponía que Cuba empezaba a recuperar su capacidad productiva con un modelo que no se abría completamente al mercado, pero que empezaba a darle espacios claros a la iniciativa privada. Por lo tanto, una especie de recuperación de fuerzas internas. Pero aquello coincidió con el aumento de la pobreza y en esa circunstancia ha arreciado la culpabilización de los Estados Unidos por la situación de Cuba. Es decir, no depende ya de nosotros, depende de los Estados Unidos. De modo que la debilidad y la pobreza abismal que está sufriendo la población, diría que dos tercios está en peores circunstancias y la isla en una caída libre.
Recordemos la libreta de abastecimiento como el diseño que todo el mundo elogiaba para hablar de una especie de igualación de la sociedad cubana. Eso ya está prácticamente eliminado.
Antes se hablaba de crisis económica, de dificultades y hoy día cada vez más uno escucha sustantivo gruesos, no solo pauperización, sino también desplome, colapso, es decir, estamos ante una situación prácticamente irreversible de la debilidad económica del gobierno.
Es así. No hay una infraestructura que sostenga la capacidad del Estado y de la sociedad, incluso para proporcionar el mínimo de sustento a la población. De hecho, hay una distinción que se viene haciendo. Una amiga mía, María Mercedes Benítez, una activista muy apreciada y valiosa, en una conversación dejó claro de que la situación de Cuba no es de supervivencia porque la supervivencia supone unos mínimos. La situación de Cuba es existencial, es decir, de cómo vivir el día a día sin la acumulación mínima que puede darse una sociedad que sobrevive con algo en la despensa. Los cubanos no tienen absolutamente nada y eso es realmente la situación de sustento existencial en la que nos encontramos ahora mismo.
Decía yo que el gobierno como que había decidido dejar al pueblo a su suerte. ¿No es una realidad que parte importante de América Latina ha adoptado la misma posición?
Sí, desafortunadamente así mismo es. De hecho, buena parte de América Latina se ha descolgado de la utopía cubana. Ya no la ve como el gran faro de luz latinoamericana frente a los Estados Unidos. Se ha descolgado y se ha desentendido.
Qué paradoja, dejar de ser luz que alumbra a los marineros para que no naufraguen y la isla que no puede alumbrar a los suyos para que vean cuando llegan las sombras.
De hecho, hay una reproducción de un ciclo histórico en relación con Cuba en el siglo XIX. No estaba en el centro de la discusión y la pelea por las independencias y por el futuro. Estaba olvidada. Ese ciclo se repite ahora, en el siglo 21, en el que América Latina se desentiende y Cuba, en todo caso, es de la atención de los Estados Unidos; una condición casi natural y de algunos actores o sectores en Europa como España y otros pocos, pero nada más.
Permítame plantearle una tesis y me dirá cuan lejos o cerca estoy de esta suposición. Me da la impresión de que hay a lo menos dos sectores diferenciados en la sociedad cubana: resignados, miedosos y finalmente obedientes. Los segundos, hastiados de las privaciones que perdieron el miedo y salen a la calle a reclamar. Los primeros, seguramente, aún constituyen la mayoría nominal del país que disminuye cada día. Y los demás, los contestatarios, van en franco crecimiento.
Excelente descripción. Una taxonomía precisa de la realidad y la sociedad cubana. Hay un flujo de resignados a los que protestan, pero todavía los resignados son la mayoría. Aunque todos comparten el mismo diagnóstico. Lo que los separa es a algunos con expectativas; otros hastiados con un temperamento para exigir.
Aquellos que se dan cuenta de que la situación es difícil no ven la luz en la caverna. No tratan de salir y mejorar la situación.
A dónde voy con esta descripción perfecta que hace de cómo vive la sociedad cubana: Casi el 90% del país está en la senda de la crítica al Gobierno y al Estado.
Hay una especie de despertar, pero hay un sector minoritario dentro de esa sociedad que ha salido a protestar, que cada día hace valer sus derechos y demandas de la mejor manera posible. Otro sector todavía está, como dirían los masones, dormidos.
Cuán lejos estamos de que las protestas espontáneas sin dirección deriven en manifestaciones organizadas y encabezadas por una oposición visible, coordinada y confiable.
Hay distancia entre estas manifestaciones espontáneas que crecen, se localizan y que, por cierto, son muy interesantes porque no se dan solo en las grandes ciudades, sino en zonas rurales y eso sociológicamente es vital para un país como Cuba.
Sin embargo, todavía estamos lejos, porque si queda algo del Estado totalitario, eso tiene que ver con el control de el Estado sobre los espacios físicos y al mismo tiempo el control sobre la sociedad civil relativamente organizada. Y eso hace difícil que el camino de liderar las demandas de la sociedad pasen por las manifestaciones en las calles organizadas y lideradas por la oposición. Te lo ilustro de la siguiente manera. Cada vez que hay un conato relativamente serio de manifestaciones en algún lugar, en algún municipio de alguna región, lo primero que hace el gobierno, si esos conatos duran, es llegar y detener a los líderes de la oposición o cercarlo para impedir que estos puedan unirse a las manifestaciones. Es un ejemplo de ese control totalitario que todavía tiene en dos sentidos el gobierno cubano, tanto sobre el espacio físico de manifestación, las calles, como sobre los organizadores de las posibles manifestaciones dirigidas a un punto clave con una estrategia y una táctica precisa.
Es por eso que nosotros hemos hecho una inversión en vez de tratar de liderar a la sociedad en las protestas, tratamos de liderar a la sociedad en las propuestas. A partir de ahí se puede establecer sistemáticamente esa conexión entre las demandas de la ciudadanía y lo que tiene que ofrecer la oposición política al interior del país.
Según el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana o CAC, se ha producido un gran aumento de las actividades criminales en las islas. 1319 delitos entre enero y junio de 2025. Esta cifra es la más alta desde que existen registros independientes y representa, según los autores, un crecimiento del 378% de aumento. ¿Es muy grave esta situación?
Muy grave para los estándares y los patrones cubanos del comportamiento social es muy grave. Por primera vez en los últimos tiempos estamos frente a un esquema de violencia social, y la tendencia aumenta la naturaleza de la criminalidad, lo que es importante distinguirlo. Cada vez la criminalidad se parece más a lo que vemos en las series de televisión de Estados Unidos, de Occidente, cabezas cortadas, asesinatos por venganza, torturas. No hace mucho a un niño lo torturaron para que delatara y dijera a sus captores donde la madre guardaba el dinero. Al final mataron al niño y a la madre.
Hay un cambio en la naturaleza de la criminalidad y porque esto tiene su origen en la anomia social en la que está inmersa Cuba. A la pobreza se le suma la pérdida de ciertos valores de la convivencia social que atesoraba la sociedad cubana, que llevaban a que el pobre no tratara de cometer actos delictivos para subsistir. El pobre trataba de buscar un oficio o una profesión para levantar su situación social y económica.
Allí es donde hay un problema realmente serio que se asocia a la violencia desde el Estado hacia la sociedad. Nosotros tenemos un programa que iniciamos en el 2022, que llamamos Programa de Estrategia Global contra la Violencia, Shanti, en donde tratamos de que se entienda que todas las violencias están conectadas, porque todo lo expuesto está asociado a la violencia feminicida, a la violencia política y al lenguaje violento con el que la sociedad y el Estado tratan de mantener la comunicación, si es posible mantener una comunicación desde la violencia.
Ahora que lo veo en la imagen, me acuerdo perfectamente de la escena en que usted está sentado al lado del expresidente Barak Obama cuando visitó la isla. Por decir lo menos, la situación ha cambiado radicalmente. ¿De qué manera afecta esta realidad a la oposición y a quienes buscan un cambio en libertad y democracia para la isla?
Mi perspectiva siempre ha sido que el aumento de la tensión entre el gobierno cubano y el gobierno norteamericano no es favorable para la articulación de la sociedad civil, porque el lenguaje de “plaza sitiada”, se agrega a la naturaleza represiva del Estado. Yo no quiero decir que cuando Cuba mantiene mejores relaciones con Estados Unidos, como fue con el periodo de Obama, la represión disminuye. Lo que quiero decir es que a la naturaleza represiva se une al discurso de plaza sitiada y la represión aumenta y eso entorpece la capacidad de la sociedad civil para articularse con la ciudadanía.
Hoy por hoy, reunir a 20 personas sistemáticamente en espacios cerrados se ha convertido en una quimera. No solo hay que conquistar el espacio cívico de la calle, hay que conquistar el espacio privado de los hogares para tratar de reunir a la sociedad civil con la ciudadanía y a los actores. La realidad no favorece ese clima necesario para que la sociedad civil pueda articularse y trabajar mejor o para que pueda desafiar la represión del Estado a partir de la naturaleza misma del Estado y no por aquello de que estamos sitiados por un imperio que quiere destruir a la nación. En ese sentido no es bienvenida la tensión creciente entre ambos gobiernos.
Por otro lado, en la escena internacional solo parecen ser los Estados Unidos lo que de alguna manera sistemática se preocupan por el tema de los derechos humanos. Dos caras de un mismo fenómeno que a veces complica mucho el trabajo nuestro.
Naturalmente que a un historiador y analista como usted no se le puede pedir que adivine el futuro. Pero ¿cuáles son, a su juicio, las perspectivas?
Creo que las perspectivas son realmente interesantes. Siempre le digo a la gente que no se guíe mucho por mi juicio, porque soy optimista por naturaleza. Ya se sabe, el optimismo, como el pesimismo, pierden la objetividad. Pero a donde voy concretamente es a la posibilidad del día a día de articular a la sociedad civil y a la ciudadanía, porque tenemos una ciudadanía que no está de espalda a las propuestas de la sociedad civil, que está de frente a la propuesta de la sociedad civil. Si aceleramos el paso en la conexión, en subir al barco de las alternativas sociales y políticas a la sociedad que está demandando las expectativas son auspiciosas. Por eso tenemos un proyecto que se está desarrollando ahora mismo, que llamamos Asamblea Ciudadana, al que la gente responde positivamente. Reuniones de pequeño formato donde ciudadanos distintos y diversos discuten, hacen propuestas y nosotros las vamos recogiendo para convertirlas en propuestas de ley, de reforma constitucional, al mismo tiempo que recogemos propuestas ambulantes en las calles.
Aquí hay un camino interesante que tratamos de, primero estabilizar, luego fortalecer, consolidar, para que se convierta en una, no la única alternativa en la dirección del cambio democrático.
Periodista de Radio Media Naranja y de Razones de la Palabra – https://www.facebook.com/razonesdelapalabra?ref=hl – http://radiomedianaranja.com/ -Colaborador de https://www.opendemocracy.net/es/ – Teléfono: 0031-653-34-88-52 – Correo: zepedavaras@gmail.com

