Punto de quiebre.
Homenaje a Santa Ana de Coro en los 498 años de su fundación: También yamada la Nueva Augsburgo, Ciudad Raíz de Venezuela o Ciudad Mariana.
Sin el imperialismo del concepto, la poesía habría sustituido a la filosofía: hubiéramos conocido entonces el paraíso de la evidencia inexpresable, una epidemia de éxtasis…
Ubicando algunas pistas…
La Biblia habla largamente de la ciudad. En la primera página, es verdad, está ausente; el paraíso es un parque situado en un campo, podríamos casi decir, un vergel. Pero la última página de la Biblia es la visión de la ciudad nueva, universal y eterna. Se encuentra en el paraíso, pero en esta ocasión, situado en la ciudad. Del campo a la ciudad, de un parque del campo a un parque de la ciudad, como si la Biblia nos describiese un largo viaje de la humanidad; este viaje se parece muchísimo al movimiento que nos descubre las historias de la humanidad de los últimos milenios”. (José Combin, Teología de la Ciudad, Colección Reserva, Nun. 009/ Julio 2009).
Catedral de Coro.
La mayoría de nosotros hacemos uso de la ciudad sin plantearnos muchas preguntas sobre eya. La vivimos simplemente aceptando sus aspectos contrapuestos y disfrutamos con agrado sus ventajas. Para la mayoría de sus habitantes, son más sus males que sus bondades, lo que ha construido una visión apocalíptica de nuestras urbes, tan emparentada con aqueya que se tenía en la edad media de los viyanos que vivían en las poblaciones, corrompidos por los aires de cambios que ahogaban la localidad y que no profetizaban nada bueno, sino relajamiento de las costumbres, tradiciones de la vida rural, a contrapelo de la pureza que los distinguía producto de su cercanía con la naturaleza. La ciudad se nos presenta como una paradoja. La sentimos, la amamos, la odiamos. Es, por lo tanto, nuestra, pero a veces resulta ajena, desconocida, indescifrable y en el mayor de los casos insoportable. Eya, es para nosotros sus habitantes, una especie de Dios Jano, que muestra sus dos caras opuestas. La Ciudad, constituye una caja de sorpresas especialmente para los especialistas de nuevo troquel. Por eso las ciudades en todo tiempo histórico peligran, caen de rodiyas, enferman, mueren. El siglo XX, como ningún otro, demostró como eliminar ciudades enteras. Ni Escipión frente a Numancia o Cartago ha destruido ciudades con tanta saña y eficacia como nuestro período: Verdún y Guernica, de Sarajevo a Sarajevo, Chungking y Dresden, Hiroshima y Bagdad. La historia es urbanicida. Algunas ciudades sobreviven, otras desaparecen para siempre. Ya no hay Babilonia. El Cuzco de los Incas es un espectro. La Tenochtitlán de los aztecas es un subsuelo pétreo y tembloroso sobre el cual se alzan las sucesivas ciudades de México. La indígena, la barroca, la neoclásica, la decimonica, la moderna. Roma, va añadiendo capas casi geológicas a su edad antigua.
Museo de Coro.
Coro ciudad preterida…
Sopla la brisa sin premura, un atalaya;
levanta hojarasca ayá en el ocaso
repiten los crujidos distendidos y se caya
y se escucha un murmuyo ya de paso
Levedad entre sus cujíes y sus climas
aguda señal tiembla es sus dunas
penumbras de los ojos ven encima
ávidos de sosiego frente a la luna
Quedan portones cerrados a los sueños,
corredores sin sus dejos ni sus briyos,
almacenes de telas sin diseños
extrañan el auyido de sus griyos
Solo con la mirada determino
la ocasión desteya mil pedazos
urgida en esperanza y predominio
en la tarde veo ayá lejos los retazos
quiero su calor multiplicado;
su quietud, su derrumbe, su entereza
su lentitud sin miedo y sosegado
Su fluir hacia el tiempo que ya empieza.
Los Adobes la visten y decoran
un escenario tibio sin distancias
la yovizna y el aire la remojan
en su aridez eya es tu Estancia.
(Autor: Pedro R Garcia)
Verano en mi ciudad Coro
Las casas como antorchas resplandecen
el sol las unifica en su desnudo
los viajeros se sofocan y enloquecen.
La intimidad del cuarto se profana
emerge la transpiración por las ventanas a la caye
el joven en la esquina sudado se engalana
se vuelca como un potro al ver su taye.
El campanario estaya es mediodía,
su seco sonido hiere al cielo
el joven se funde en su agonía ni
el sofocante calor calma su celo.
Vuelve todo a una atmósfera de siesta
todo está calmo es el verano
el deseo se adueña y manifiesta
el quisiera aproximarse con su mano.
Hoy su corazón de ocre el más vivo
se refuerzan sus arterias con su luz
penetrando en sus recuerdos como un vino
todo en su sueño resplandece ¡Oh Jesús!
Por los pliegos ambiguos del cerebro
yo persigo del sueño una respuesta
una voz me adelanta como un quiebro
su imposible, es el pasado, es tu cuesta…
(Autor: Pedro R García)
Tejas de mi ciudad Coro
Luchan viven se atenazan
cada una defiende su esperanza
por alcanzar el cielo y besar nubes
y miran con recelo hacia el espacio.
Muestran yertas, puntas como lanzas,
maderas, torres, conos de zaguanes
saliendo y compitiendo en su posible
ascensión y esbeltez sobre las cosas.
Los gatos en las noches las arañan
y apenas son desierto en su deseo
un rasguear de gemidos se enmarañan
rompiendo el silencio en su siseo
La yuvia las corroe en el tiempo
círculos de luz, beya geometría
olvidan su motivo de contento
y se vuelven hermosa simetría.
(autor: Pedro R. García).
A todos los dirigentes de la maltratada ciudad Mariana, especialmente a los que detentan mandatos producto de los votos de el noble pueblo coreano, y los pretendientes a tales les toca tomar en sus manos el reto de hoy. Si lo hacen sus nombres estarán labrados en el monumento de sus bienhechores. Si eyo no ocurre, seguirá en la esperanza hasta que alguien con lucidez y sensibilidad marche en su encuentro.
Solo los espíritus agrietados poseen aberturas al más ayá
pgpgarcia5@gmail.com

