-No. Yo no me quiero ir para el cielo. A mí no me gusta el cielo sin mi papá. Prefiero irme para el infierno con él.
Era domingo 15 de junio cuando llegué a Madrid. Lo primero que pedí es que me llevaran a a la Feria del libro, que concluye hoy, digo.
La familia tiene un sencillo agasajo, porque en Venezuela es el día del padre y no pierden la costumbre. En España ya fué.
Mis hijo(a)s me quieren mucho, tampoco llegan a tanto como el escritor Héctor Abad Faciolince, que prefiere el infierno siempre sea junto a su padre; al escritor lo descubrí hace aproximadamente 20 años. No hay casualidades, fue un domingo día del padre, cumplía yo con la rutina de leer El Nacional bien temprano y ese columnista me atrapó con “La venganza de Matusalén”, me gustó tanto que hice una de las mías: fastidiar a los presentes después del almuerzo, “acérquense que voy a leer algo en voz alta”.
El recorte de ese artículo lo cargué encima durante mucho tiempo. Siempre con la idea, de vez en cuando y de cuando en vez, de sorprender a los amigos: “acérquense que voy a leer en voz alta”.
Hasta que un día, alguien me dijo: “Pedrito bota esa vaina, aquí lo tienes en Google y te sirve igual o mejor”. Pobre recorte de periódico, no aguantaba más.
Lo mejor estaba por venir, al cabo de un tiempo, también descubrí del mismo autor el libro “El olvido que seremos”, lo despaché inmediatamente, lo he recomendado y regalado. Perdí la cuenta. El oscarizado cineasta español Fernando Trueba llevó el libro al Cine con una actuación magistral de Javier Cámara. La película está en Netflix. Es la historia de un escritor colombiano. Su padre fue un profesor que promovió la tolerancia y los derechos humanos; suficiente para que los paramilitares pusieran fin a su vida (25/8/1987).
Evité ver la película, temía un desaguisado; al final la vi y me gustó. Dejando claro que un libro es un libro y película es película.
De acuerdo, esto se alargó, como siempre. Estáis en libertad de dejarlo hasta aquí; o continuar conmigo.
Es muy tarde y están a punto de cerrar las puertas del hermoso Parque El Retiro, espacio de la Feria del Libro más bella y antigua del mundo, al menos que yo sepa, y en lengua hispana. Hago un recorrido veloz, no es la idea, porque es un evento integral que va de exposición de las editoriales, presentaciones, conversatorios, documentales, homenajes, performances y pare de contar. Son quince días de algo parecido a una fiesta.
Me conformo con decir: “estuve allí, algo es algo”.
El calor es abrazante, recordé al amigo Freddy Halabi, “¿vas para esa vaina?, el calor es arrecho.”
-¿Y tú por qué te mueres por estar en el Rally de Dakar?
Las pasiones son así…
Ahora procedo a tomarme una cañita, una birra, y mientras lo hago pienso: España en televisión y demás medios parece al borde de un desastre; lo siento como un deja vú. Esto lo viví antes en Venezuela. Que pajúos son estos políticos españoles.
Saco de mi cabeza esos pensamientos y voy a otra cosa: encima hay un cielo azul hermoso, allá arriba va un globo como saludándonos, unas letras tipo arco iris nos dicen: “Nos vemos el próximo año”; yo hago introspección: “Escribe que algo queda”.
Siguen las coincidencias, un señor que está al lado carga el último libro de Héctor Abad Faciolince “Ahora y en la hora”.
Por suerte es extrovertido, como yo.
-Ese escritor se salvó por poco-, le digo.
-Es mi paisano – dice- somos de Medellín.
Nos vamos de tesis.
Héctor Abad acababa de salir de un post operatorio y aun así, aceptó la invitación a la Feria del Libro del Arsenal (Kyiv-Ucrania) para presentar la traducción de “El Olvido que seremos”; su familia no quería ese viaje; pero el deber llama.
Cumplidas las tareas varios escritores se citaron en la pizzería de Kramatorsk, y en pleno compartir un misil ruso cae sobre el local; trece muertos, uno de ellos la escritora Victoria Amélina. Corre el año 2023.
Esa tragedia marcó a HAF. Tenía que contarlo todo y de eso va el libro que carga mi nuevo amigo “Ahora y en la hora”.
“Suena paradójico, pero me salvé por sordo. Mi oído derecho es defectuoso, así que decidí cambiarme de lugar para escuchar mejor. Victoria pasó a ocupar mi sitio. Uno nunca piensa que el destino dependa de algo así. Minutos después a las 19:28, estalló todo”, reflexiona Héctor Abad F.
Los artistas son duros y rudos, ahora mismo han multiplicado el número de ferias del libro de Ucrania. Eso sí: siempre con sus respectivos refugios antiaéreos para la gente y para los libros. Hoy es domingo 22 y veo en pleno desarrollo los acontecimientos en el Medio Oriente, todo es volátil, muchas tormentas bajo los cielos; el infierno lo tenemos cerca. Mientras la gente común y corriente como nosotros, apostando por la paz y por la vida. La vida siempre continúa.
…Y sin embargo el olvido siempre está lleno de memoria. Mario Benedetti.
Nos vemos por ahí

