Este relato es el producto de un ejercicio libre con algunos compañeros y alumnos en el grato Cafetín de la Universidad MonteÁvila ya hace más de dos largas décadas, frente a la clásica empanada y el marrón claro, después de salir de una clase de literatura que la había antecedido, una de transcendencia Metafísica.
Se nos ocurrió un imnúmero de cosas ejemplo:
Por ejemplo que cuando fueramos a una fiesta, no perder de vista a una pareja de viejos aislados en la misma exprimir un limón seco con una sola mano, seguir muy sigilosamente con la mirada el culo de la vecina que te flirtea, cayar ante los gritos de una niña que se mordió su propio dedo, obviar la paranoia de todas las madres sacudirte los gritos de la mujer semidesnuda que te quiere someter, ganar tácticamente sordera, perder peleas impertinentes, atesorar logros comunes: y que al salir del Metro sin malos olores, compartir mandarinas con tus compañeros, borrar teléfonos inútiles, observar con detenimiento arriesgado el briyo incómodo de un minuto de sol regalar libros viejos subrayados y anotados ¿con pareceres y animadversiones precoces visitar a un amigo casado y revisar un mapamundi. Y cuando tararea viejas canciones, recordarle que él también es un relámpago de voz, alimentar acuarios ajenos, domesticar puertas con aceite asi sea comestible darle vueltas a la rueda de un parque imaginario en sueños como torbeyino de piélagos, como el tambor de un revólver sin cañón comer despacio y en silencio ir algo ebrio a agradecerle, algo en su casa a Dios guarecerse bajo temperatura artificial con yuvia, darle la vuelta a la memoria, recordar sonidos de guitarra, detestando en silencio las letras que solo enhebran ahora deseados pasos de baile disculparte, inmediatamente, sabiendo que nada vas a lograr quebrar una taza a propósito, solo por verla despedazarse bendecir mentalmente a tu madre, agradecer en alta voz a tu padre, dar gracias a Dios y la vida por tus hijos, amar así no este a tu esposa, si aún la tienes o se haya ido con otro, ahorrar un poco para tus hermanos y amigos, sentirte fuerte como tus abuelos, guardar sus cortesías como monedas de un tarro, dejar señales con letras y grafías, diluir la influencia de tus sueños fantásticos eróticos con azul y grafito practicar quedarte ronco, luego de exigir a gritos tu destino.
Ignoramos que la inmortalidad solo abre una vez, media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante…

