Te sostiene un empeño por entender, la perseverancia apoyada en viejos egoísmos, el aliento de la esperanza… Lo naturalizado por demasiados estereotipos suele contradecir eso que has visto, eso que has vivido, eso que conoces. Muchas convenciones a tu alrededor, en nada se parecen a eso que has visto, a eso que has vivido, a eso que conoces. Imaginarios en los que tantos y tantos coinciden están muy alejados de eso de has visto, de eso que has vivido, de eso que conoces… Jamás te interesará descifrar esos rostros incapaces de comunicar nada que pudiera interesarte comprender. Nuevas expectativas y viejos ensueños reúnen para ti similares ilusiones, promesas y proyectos. Algunas de tus verdades de ahora contradicen acremente muchas anteriores verdades. La indescifrabilidad del tiempo: ¿un reto que no puedes dejar de enfrentar? Sabes bien que sin un sentido de “utilidad”, tus verdades se desdibujarán hasta desvanecerse por completo. ¿Un destino para tu memoria? Otorgarle una razón al tiempo de tu historia, alimentada siempre por la esperanza. Reconoces la importancia de interpretar las señales que te muestra el camino; y, en él, atesorar cuanto pudiera enriquecerte. ¿Una de tus más importantes aprendizajes? Distinguir en tus rutas un cauce hacia el sosiego. Destinado a existir como personaje, o, incluso como protagonista en ciertos espacios, descubres la irreal realidad que puedes llegar a ser en muchos ambientes y en determinadas circunstancias. Distingues en la oportunidad una de las leyes esenciales de tu universo humano. Con firmeza te propones acogerte a determinadas memorias, elegir rutinas, entretejer tu alma y tu entorno… Huésped de personales argumentos, conjuras la pesada verosimilitud de lo real. Buscas sin cesar aproximar la realidad a tus sueños y conjurar mucha incertidumbre con imaginarios de expectación y armonía. Descubres tus más importantes respuestas por entre enlazados laureles y detritus. Tratas de conservarte libre en tu propósito de aferrarte a cuanto te sostenga. Temes al temor, a las voces sin eco, a la discontinuidad del tiempo, a la falta de aliento en las promesas… Pierdes al apostar por ciertas verdades desmentidas una y otra vez en tu camino. Pierdes al enfrentar equivocadamente tus sentimientos o ignorar el alcance de sus significados. Pierdes al convertir tus presentimientos en desvaríos. Pierdes cuando la incertidumbre se convierte en destino de tus certezas. Muy a menudo solías preguntarte: “¿Qué sueños y qué circunstancias me conducirán hacia ciertos firmamentos dibujados por mi esperanza?” Responder esa pregunta pudo guiarte hacia tus mayores ilusiones o hacia tus peores desencantos.

