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Rodolfo Izaguirre: Pérez Galdós y Luis Buñuel

 

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843 y murió en Madrid en 1920, después de publicar 31 novelas consideradas principales, de las cuales la más gloriosa y relevante es Fortunata y Jacinta, y 46 novelas históricas contenidas en la serie Episodios nacionales. Luis Buñuel es el nombre del célebre cineasta nacido en Calanda, España, en 1900, autor de filmes famosos como Un perro andaluz y La edad de oro, ambos surrealistas, y obras como Los olvidados, Nazarín, Viridiana y otros títulos de asombroso vigor creativo.

Pertenecen cada uno a tiempos y generaciones distintas y alejados uno del otro; pero el cineasta canario Luis Roca y su esposa Marta de Santa Ana, tenaces escaladores de la montaña literaria que es Pérez Galdós y conocedores a fondo de la filmografía de Buñuel, descubrieron y dejaron expuesto en el filme Benito Pérez Buñuel la permanente atracción que la literatura de don Benito ejerció sobre el cineasta de Calanda.

Se trata de una fina joya cinematográfica que enriquece el Festival de Cine Español que nuevamente recorre las salas del Trasnocho Cultural de Las Mercedes.

Lo que encontraron permite que el asombro y la fascinación nos envuelvan en el deleite de saber que Pérez Galdós y Luis Buñuel permanecen juntos, uno al lado del otro, no obstante lo alejados que parecen estar en el tiempo y la distancia. Marta, como intensa y tenaz productora del filme, y Luis, como guionista y director inteligente y perspicaz, ponen al descubierto no solo la admiración de Buñuel por Pérez Galdós, sino la presencia del escritor canario en el cineasta de Calanda, al punto que expresiones e imágenes icónicas de Buñuel como: “Soy ateo por la gracia de Dios” o la delgada nube que al cruzarse con la luna poetiza la desconcertante, trágica y afilada lámina de la navaja que secciona el ojo de la chica en el clásico e irrepetible surrealismo de Un perro andaluz, se encuentran en algunas de las novelas de don Benito que el propio Buñuel leyó con admirada devoción.

Esta sorprendente revelación pondera a Marta y a Luis Roca, porque constato y veo en ellos una mirada que abarca no solo la presencia del arte, la originalidad de la belleza y una efervescente curiosidad por saber qué hay más allá de lo que creemos conocer, sino que abarca también a la propia España, porque mantiene viva la amplitud de una cultura que ha sabido conservar a lo largo del tiempo la iluminación de un lenguaje, el poder de sus ideas y la presencia siempre activa y promisoria de la mujer que vive en todos los textos de Pérez Galdós y en los filmes de Buñuel.

Además, esta película de Luis y de Marta resulta atractiva porque, siendo un documental, es decir, una obra que paso a paso se dispone a descifrar o revelar secretos, es tan ágil y fluida como un filme de ficción, pues su propósito no es otro que descubrir la fértil y maravillosa identidad que vive entre estos dos insustituibles valores de la cultura universal.

Con acierto, Roca incorpora la animación, esa admirable ilusión de movimiento e irrealidad, porque nos permite ver o conocer a un Galdós joven que ve desvanecerse a la mujer que con su presencia pudo haber enriquecido su portentosa vida literaria.

Me cautivó constatar, una vez más, que la cultura no se rinde ante el tiempo y mucho menos ante la distancia, porque ella es el tiempo y en ella no hay espacio para las distancias que pudieron mantener separados a Benito Pérez Galdós y a Luis Buñuel y, junto a ellos, unidos también por España y por la cultura, a Marta, a Luis Roca y a mí.