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Julio Castillo Sagarzazu: De blanco y de silencios

 

Hace poco, Delcy Rodríguez se ha parado frente a las cámaras, sobria, nada de showcitos, en los que se “deja llevar”, seria, con imagen estudiada; con estilismo subliminalmente blanco, al estilo “by Carolina Herrera”; en un horario deliberadamente coincidente con la del blanco original y con un discurso. ¡AY, con un discurso! que valía un Potosí.

Veamos primero lo que no dijo; ¿De qué cosas no hablo; que temas conjuró de su narrativa; que expresiones desterró de su vocabulario? Aquí, en estas omisiones, está probablemente, lo más importante de su comparecencia:

Cero antimperialismo; cero “yankees de m…”; cero “Chávez vive, la patria sigue”; cero “los queremos de vuelta”. Nada de socialismo, de revolución bolivariana. Hoy, se puede declarar solemnemente, que han quedado atrás casi dos décadas de ideología y vocinglería decimonónica.

¿Qué significan, entonces, estos silencios y estas omisiones?

Pues, lo que parecería claro es que han optado por la supervivencia táctica y no la estratégica. ¿Esto qué quiere decir? Pues que no se están preparando para una resistencia numantina y heroica; que no se van a suicidar, como los judíos en Masada, sino que están preparando el terreno para una retirada “a la francesa”, como la de Guzmán (nunca mejor dicho en su, caso)

¿Es esta una buena noticia? Si, definitivamente es una buena noticia. Se abre la posibilidad de una transición sin traumas; se disipa la amenaza de que “cada 11, tenga su 13”. Tenemos de viva voz el implícito reconocimiento al plan de tres fases y, sobre todo, algo de la mayor importancia: El Vietnam prometido, no contara con la bendición del interinato luego de que, visto lo visto, se ha producido la jubilación voluntaria y adelantada de los candidatos a Ho Chi Min y el general Giap.

En resumen, esa comparecencia es la confesión expresa de que el ciclo del chavismo ha terminado y de que la mayoría de sus consignas y proyectos no fueron más que “vapores de la fantasía”. Buena noticia, lo repetimos. ¡Buena noticia!

Por otro lado, la llegada y comparecencia de MCM, nos muestra la cara contrastante de la de Rodríguez. Machado, contrariamente a lo que a lo que algunos esperaban (suele sorprender a sus adversarios) no viene a proclamarse como un liderazgo iconoclasta; no compareció para dar ningún ultimátum; se reunió con los miembros de la Plataforma Unitaria, la misma que fue el eje organizativo del 28J; lo hizo igualmente con otra alianza plural de partidos (la AVE) y ha dejado claro que el liderazgo que representa tiene carácter nacional; que viene a unir al país y no a dividirlo. Ha hablado sobre el futuro, sobre transparencia, sobre porvenir

Ambas intervenciones, cada una desde su perspectiva, también ponen en evidencia un tema importante: La política nunca está cerrada. Hay hechos que son disruptivos y que cambian las realidades. El que hayamos pasado del estadio de que “Venezuela no está preparada para unas elecciones” a que se hable de declaratoria de ausencia absoluta; de cumplimiento de los lapsos constitucionales y de la necesidad de la sucesión de acuerdos sobre el TSJ y el CNE, es un paso de gigante. Que, en los Estados Unidos, se haya regresado a la solidaridad bipartidista sobre Venezuela es un logro igualmente de la nueva realidad.

Todas estas cosas son, también, una nueva prueba de que en la política las cosas no se hacen solas, que la presión, la movilización, la voluntad organizada y la determinación pueden hacer mover montañas por más poderosas que estas parezcan.

El regreso de Machado ha sido captado por los sismógrafos internacionales. El doblete sísmico de la doble comparecencia ha sido un evento de la mayor importancia y viviremos sus efectos en los próximos meses.

Aún falta camino, faltan tropiezos y dificultades, aún faltan palos en las ruedas de las carretas, pero hoy, lo que se dice hoy, estamos mejor y somos mejores.