(Crónica en tiempos de oscuridad).
Aquí viene el muerto de Marigüitar, cuatro pescadores lo van a enterrar.
Así comienza la estrofa de una emblemática canción titulada “Polo Doliente” que popularizó Gualberto Ibarreto “El pichón” en 1975. La letra corresponde a un poema del famoso humorista Aquíles Nazoa y los arreglos musicales le pertenecen al maestro Antonio Estévez. El canto nostálgico de Gualberto narra el entierro de Juan Salazar, un pescador en el pueblo costero de Marigüitar, estado Sucre, que sale a la faena de noche y regresa sin vida al amanecer.
Hoy ese polo doliente retumba con mayor fuerza por las oscuras calles de Marigüitar, ahogadas de espantos y leyendas urbanas. Dicen algunos vecinos, a propósito del día de los fieles difuntos, que vieron merodear el fantasma de Juan Salazar por los lados del cementerio rumbo a la subida del Calvario y que de allí se esfumó con destino a Altamira. Otros rumoran que lo vieron por Campamento con salida hacia La Chica.
Cualquier cosa puede ocurrir en Marigüitar, donde el lamento colectivo comienza a sentirse con mayor rigor ante los constantes apagones que se extienden hasta la madrugada y hacen ver espantos por las tenebrosas noches de ese pueblo, enclavado en el apacible Golfo de Cariaco. De día el calor es asfixiante. Las casas son un verdadero infierno. Los alimentos se descomponen dentro de las neveras que hacen las veces de aparatos de adorno frente a los rabiosos rostros de la gente.
Marigüitar, pintoresco pueblo bañado de mar y tantas historias, hoy se hunde en el dolor y el sufrimiento por tantos apagones y problemas cotidianos. El polo doliente dedicado a Juan Salazar, expresión de lamento que emerge de las fibras internas del pescador, se cuela en la vida diaria de un pueblo que trata de evadir su viacrucis con leyendas urbanas.
El fantasma del muerto de Marigüitar sigue rondando en las calles vestidas de penumbra. Quienes lo han visto recientemente señalan que estuvo por los alrededores del Ambulatorio donde no hay ni una ambulancia. Otros dicen que lo han visto por el Gimnasio donde el hedor de las aguas servidas perturban el sueño de sus moradores. También que se paseó por las riberas de Cocalito rumbo al mercado. Lo cierto es que la ciudad sin luz eléctrica se mezcla de sufrimiento y apariciones, mientras su burgomaestre gobierna la ciudad a control remoto en un ambiente de confort, streaming y aduladores.

