Se necesita un descaro absoluto para pararse frente a un micrófono y pretender darle lecciones de futuro al mismo pueblo que han despojado de todo. Las declaraciones de Delcy Rodríguez son una burla abierta a la inteligencia de los venezolanos y una afrenta que clama al cielo.
¿Veintisiete años de demolición institucional, ruina económica y éxodo forzado no fueron suficientes? Pretenden hablar de «renacimiento» como si fueran testigos inocentes de una catástrofe, y no los autores materiales de la peor crisis humanitaria en la historia del continente. Nadie que haya destruido un país tiene autoridad moral para prometer su salvación.
Que se escuche claro y sin rodeos: Venezuela renacerá, pero jamás bajo la bota de la usurpación ni con propaganda oficial.
El destino de una nación no se decreta por televisión ni se levanta sobre la censura, el miedo y la persecución. La reconstrucción de Venezuela solo tiene un camino: el retorno pleno a la libertad y a la democracia. La paciencia de este pueblo no es sumisión, y su memoria no prescribe. Venezuela no se rinde ante quienes la hundieron; Venezuela conquistará su derecho a vivir en libertad.
El Poder ciudadano es la gente.

