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Rosalía Moros de Borregales: ¿Qué pagaré al Señor?

 

Serie: Los Salmos: anatomía del alma. Episodio XI.

¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho?Salmos 116:12 DHH.

La gratitud que se convierte en respuesta

Llegando casi al final de esta serie sobre la expresión del alma en los Salmos, quisiera dedicar este episodio de hoy a dilucidar la respuesta a la pregunta que nos sirve de título. Porque cuando nos hacemos conscientes de todas las bendiciones de las que somos objeto, la gratitud deja de ser un sentimiento que nos emociona de vez en cuando, que nos impele a adoptar actitudes para expresar el agradecimiento; se convierte en un estilo de vida, en una búsqueda constante y sobre todo nos redirecciona a una vida de comunión con Dios.

Si miramos el recorrido que hemos hecho a través de la historia de nuestra vida podremos identificar problemas, crisis, accidentes, enfermedades, pérdidas, encrucijadas de decisiones y tantas otras situaciones que hemos vivido que pudieron haber sido fatales; no obstante, se convirtieron en experiencias enriquecedoras, fueron batallas de las que salimos victoriosos, aprendizajes invalorables que incorporamos a nuestra existencia. Al leer la introducción del salmista notamos que, sin lugar a dudas, vivió un evento trágico, en el cual estuvo muy cerca de la muerte: «Amo al Señor porque ha escuchado mis súplicas, porque me ha prestado atención. ¡Toda mi vida lo invocaré!» Salmos 116:1-2 DHH. Entonces, surge en nuestro ser, la misma pregunta, manifestada en el verso 12 «¿Qué daré al SEÑOR por todas sus bendiciones para conmigo?» Salmos 116:12.

Son instantes en los que el alma suplica a Dios por su ayuda; instantes en los que somos encontrados por la gracia de Dios en medio de la tormenta. Ahora bien, ¿cómo podemos responder a esa gracia? La respuesta que a Dios le tomó un instante en medio de nuestro clamor, a nosotros puede tomarnos la vida entera. Porque llevar una vida que honre a Dios es un proceso. Un camino en el cual vamos en ascenso; sin embargo, no podemos dar por terminado. A este respecto hay un versículo, en otro salmo, que siempre viene a mi mente al pensar en el camino de una vida verdaderamente cristiana. «… Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.» Salmo 17:15. En pocas palabras, siempre necesitamos más de Dios. Solo Él puede saciar nuestras almas.

Al pensar en la palabra gracia, recordé la vida de John Newton, conocido como el autor del famoso himno Sublime gracia. Cuenta la historia que Newton viajaba en un conocido barco  inglés llamado el Greyhound cuando una violenta tormenta se desató. Las olas gigantes daban sendos golpes contra la embarcación; de tal manera que, su tripulación saltaba por los aires como si fueran muñecos de trapo. Pronto, un marinero fue arrastrado hacia el mar y perdió la vida. Newton quien se había arremangado para ayudar, al sentirse completamente impotente elevó la más sencilla oración: «SEÑOR, ten misericordia de nosotros.» Y para su asombro la tormenta comenzó a amainar hasta que hubo quietud. Años después, Newton recordaría aquel episodio como su gran liberación y conmemoraría la fecha durante el resto de su vida.

No sabemos que acontecimiento había vivido David específicamente, al escribir el salmo 116; pero, sus palabras nos dicen que Dios le libró de la muerte: «La muerte me enredó en sus lazos, la angustia del sepulcro me alcanzó y me hallé preso del miedo y del dolor. Entonces invoqué el nombre del Señor y le rogué que me salvara la vida.» Salmos 116:3-4. Es importante despertar nuestra consciencia espiritual, transformar nuestro lenguaje y dar gratitud a Dios por su intervención. El salmista no dice «Tuve suerte», no afirma que las circunstancias cambiaron de alguna manera desconocida. No, específicamente agradece a Dios, y en el verso 8 su afirmación nos devela tres imágenes de una relevancia extraordinaria: «Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar». Salmo 116:8 RVR. La intervención divina dio vida al alma, librándola de la muerte; dio consuelo, enjugando cada lágrima y, libró los pies de resbalar, de caer lejos de la presencia del Señor.

La expresión máxima de la liberación es la gratitud.. La gratitud se demuestra no solo dando las gracias sino cambiando de actitud desde el corazón, porque un alma agradecida cambia de rumbo. El verso 9 nos dice: «Andaré delante del SEÑOR en la tierra de los vivientes». La historia de Newton luego de aquella oración contestada en medio del océano fue, precisamente, la de una consciencia que tuvo que seguir siendo confrontada por la gracia que había recibido. Andar delante del Señor significa preguntarnos: ¿Cómo hablaré? ¿Cómo trataré a los demás? ¿Qué haré con mi tiempo? ¿Qué haré con mis capacidades? ¿Cómo administraré aquello que Dios me ha permitido conservar? Porque ¿cómo se paga la gracia divina? Si pudiera pagarse dejaría de ser gracia. La pregunta en hebreo utiliza mah-ashiv, literalmente algo cercano a «¿qué devolveré?», «¿qué retornaré?» o «¿cómo responderé?». Por eso quizá la pregunta espiritual más profunda no sea ¿Cómo puedo pagarle a Dios? sino, ¿Cómo viviré para honrar la vida y la gracia que he recibido de Dios? Aquí nos encontramos con una de las tantas paradojas de la vida con Dios, no se trata de algo que debemos dar en devolución a Dios, sino algo debemos recibir, con el corazón abierto, sin obstáculos: «Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del SEÑOR». ¡Tomar de su gracia cada día, visitando la fuente!

Después de recibir su gracia y su salvación, entonces debemos pagar los votos y las promesas que hemos hecho: «Ahora pagaré mis votos al SEÑOR delante de todo su pueblo». ¿Cuántas promesas se hacen en la habitación de un hospital, en medio de un problema económico, en una crisis familiar, cuando la tierra tiembla y nos mueve a su antojo? El alma agradecida no olvida los beneficios recibidos, tampoco olvida sus promesas. Es un acto voluntario, es rendición de la vida entera: «Oh Señor, ciertamente yo soy tu siervo» Y aquí está la esencia de la respuesta al título de hoy. ¿Qué pagaré al SEÑOR? «Te ofreceré sacrificio de alabanza» Como Newton convirtió su salvación de aquella tormenta en la salvación de su vida y, al mirar retrospectivamente los peligros atravesados, comprendió que aquel rescate marítimo fue una acción de la misericordia y la gracia del Señor, entonces escribió muchos himnos para adorar y alabar a Dios. De la misma manera, tu y yo en el día de hoy solo necesitamos mirar atrás y reconocer todas las veces que Él nos ha salvado para que de nuestras bocas broten torrentes de alabanzas.

En consecuencia, ¿Qué pagaré al SEÑOR por todos sus beneficios para conmigo? El salmista nos enseña: recibiré su salvación, invocaré su nombre, cumpliré aquello que prometí, caminaré delante de Él, le entregaré mi vida, me reconoceré como su siervo (a), convertiré mi gratitud en alabanza.

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