Recordamos la vida de Henry Kissinger (1923-2023), ex Asesor de Seguridad Nacional, y ex Secretario de Estado norteamericano, bajo los gobiernos de los Presidentes Richard Nixon, y Gerald Ford, por lo mucho que dejó como aprendizaje y comprensión de la política internacional, que también sirve para ayudar en el tratamiento de la política interior en sociedades convulsas, como muchas de las de hoy.
Le tocó un tiempo difícil en medio de la guerra fría, y la guerra de Vietnam en condiciones adversas para los Estados Unidos, con la Unión Soviética compitiéndole el liderazgo nuclear, y en un evidente desgaste militar; decaimiento del prestigio y poder mundial, e incapaz de imponer por si solo el orden militar, entra en la necesidad de administrar el poder.
Ello supone en su visión de la política exterior, el uso de varios conceptos que le ayudarían en el desarrollo de eso que llamó la ¨administración del poder¨. Por una parte puso la realpolitik por encima de las ideologías, bajo la concepción de que los intereses nacionales de seguridad y estabilidad –en determinadas circunstancias- son más importantes que promover la democracia o los derechos humanos. Pragmático en grado sumo, advirtió que se debe negociar con quien tenga poder, aunque ideológicamente le sea adverso.
Actuó en procura del equilibrio de poder, y trabajó en la línea de la creación y reconocimiento de cinco polos, dentro de los cuales aparecían: Estados Unidos; la Unión Soviética; China; Europa Occidental, y Japón, siempre en balance quizás imperfecto, pero suficiente para evitar desenlaces bélicos.
Firmó con los soviéticos acuerdos para el tratamiento de armas, y comerciales, con la intención de garantizar la moderación de aquellos en Vietnam; medio Oriente, y Alemania. Adelantó la apertura con China para presionar a la Unión Soviética, y viceversa y convenció a Mao de acercarse a Washington, lo cual, se ha considerado como una jugada maestra en cuanto a equilibrio se refiere.
Utilizó con gran maestría la diplomacia de negociación directa; secreta y personal. Luego de la guerra de Yom Kippur en 1973, viajó constantemente entre Israel; Egipto y Siria, para lograr el alto al fuego. Del mismo modo, apoyó movimientos anticomunistas en América Latina; Asia, y Africa, como mecanismos de contención y procura del equilibrio mundial.
Un informe secreto, y luego de conocido controversial, denominado NSSM-200 de 1974, en el que argumentaba que el crecimiento poblacional en los países del tercer mundo constituía una amenaza para la seguridad, y el acceso de EEUU a materias primas, con la consecuente recomendación de llevar adelante políticas de planificación familiar, y control demográfico. Dicho informe, desclasificado en 1989, ha servido para discutir acerca de la geopolítica de la población.
Evidentemente, su obra tiene afectos y detractores. Sus defensores dicen que contribuyó decisivamente para impedir una guerra nuclear; estabilizó un mundo bipolar, y dio apertura a China. Por su parte, sus críticos tanto en la izquierda, como en el liberalismo de derechos humanos, lo acusan de cínico, por haber privilegiado la estabilidad por encima de principios. Lo cierto es que su manera de actuar ayudó a encontrar estabilidad, y contrapesos de los poderosos del mundo.
En América Latina, dentro de la misma lógica, su doctrina tuvo dos caras, en el entendido de que el orden pesa más que el tipo de gobierno. Para el esta zona no tenía prioridad, excepto si se salía de control, inclinándose hacia Cuba o la Unión Soviética; aplicando intervención en esos casos, y administración cuando eran países estables como proveedores. Es muy recordada su participación e influencia luego del triunfo de Allende en Chile, ordenando presiones encubiertas para impedir su consolidación, hasta el golpe de estado de 1973, que expulsó del poder al Presidente, para que en los próximos 17 años estuviera bajo la dictadura de Pinochet. Fue investigado por el Senado Norteamericano, pero negó haber participado en dicho golpe, argumentando que su actuación se limitó a la ¨preservación de la democracia¨.
A diferencia de su actuación en otras regiones latinoamericanas, consideraba a Venezuela como una democracia bipartidista estable, y petrolera. Tanto así que visitó nuestro país el 16 de febrero de 1976, poco más de un mes luego del Decreto de la nacionalización del petróleo, y el nacimiento de PDVSA. No bloqueó la nacionalización, y negoció con Venezuela la continuación del suministro seguro y estable. Además fue un proceso liderado por el Presidente Pérez de manera negociada con los EEUU, mediante la compensación, y no la expropiación radical. De hecho, las concesionarias pasaron a ser contratistas de la nueva empresa PDVSA. No hubo traumas, sino racionalidad y negociación inteligente. Para muchos difícil de entender, pero Kissinger tenía su propia manera de medir a los países, y lo hacía por su función en el equilibrio global.
Hemos querido traer el recuerdo de la figura de un gran estadista como Kissinger, para ilustrar la necesidad de que en ambientes controvertidos, y a veces también polarizados, se pone de bulto la necesidad de negociar para alcanzar objetivos útiles para todos, en vez de poner trabas y buscar la perfección que en política no existe. La Venezuela de hoy necesita mucho de esa capacidad de negociar, y aceptar que existan intereses contrapuestos, siempre que no rompan la Constitución, y las instituciones que de ella derivan. Más Kissinger, y menos disolución.
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