Punto de quiebre.
El amor es elevación y apertura, y en él entra en juego la imaginación; es sin lugar a dudas un crecimiento, erotismo es intrínseco a la sensibilidad humana; es temática recurrente en el arte y la literatura desde los tiempos más remotos si recordamos la exaltación “erótica” en la Venus paleolítica de Willendorf o los poemas de Safo en la Grecia clásica. Teniendo en cuenta la relevancia que en la actualidad ha cobrado el tema de lo erótico, en sus manifestaciones literarias, este abordaje se propone reflexionar sobre esta categoría y sus formas de representaciones estéticas y estructurales. Lo erótico es definido como lo inadvertido que súbitamente hace presencia: es el rapto, lo inquietante, el peligro; a su vez es calificado como la dimensión del placer de la sexualidad y la creatividad. A través del erotismo el entregarse al erotismo es familiarizarse en el amor; unido al erotismo se manifiesta la sensualidad, la inteligencia y el placer. “Si el sexo no fuese la cosa más importante de la vida, el Génesis no empezaría por ahí”. (Cesare Pavese, escritor italiano).
La literatura el Erotismo y el amor
Sobre la literatura, el erotismo y el amor algunos estudiosos del controvertido tema al ser consultados arguyen que sin erotismo no hay amor, pues al traspasar el cuerpo deseado se busca a la persona plena; es el amor, por excelencia una elección y el erotismo la aceptación, porque desde el erotismo el ser humano se encuentra con otra vía de auto-conocimiento, y este se exacerba en la medida en que los cuerpos se conocen. Estudiosos del erotismo plantean que, en el mundo de los objetos, este puede confundirse con el fetichismo, como la derivación hacia objetos o partes del cuerpo o de la libido. De tal manera que una mirada, o una simple imagen real o mental de determinada parte del cuerpo, o una escena insinuante, provoca en el fetichista un deseo que en una de sus acepciones genera atracción sexual, la que puede ser canalizada adecuadamente para lograr completa satisfacción del individuo. Desde la sexología, (Guillermo Pozo Pradas (2006) revela que el erotismo es vivenciado como una forma singular de la sexualidad, pasando a ser una afirmación ferviente de la vida postulada como valor de la existencia humana, yegándose a lo trascendente. Al erotismo marcar la diferencia con la actividad sexual de reproducción presente tanto en el hombre como en el animal el ser humano logra sumarle la capacidad de su potencial actividad erótica y amorosa. El erotismo depende de variables como la época, el lugar y la cultura, además de las formas de relaciones entre los géneros; al respecto, se puede citar la deformación de un supuesto “machismo” o “feminismo” con roles preestablecidos que conyevan a obligaciones de actuaciones o “máquinas sexuales” que testimonian en la relación sexual la ausencia del erotismo. Desde la perspectiva de la fantasía en las relaciones amorosas, Pozo Pradas defiende que un imaginario de posibilidades excesivas y voluptuosas de la vida son develadas por la vía del erotismo. Este pasa a ser el lugar de articulación de la palabra sobre un cuerpo representado bajo determinadas posturas y partes erógenas como retórica erótica o lenguaje, los que van más ayá de los cuerpos. Esto ocurre en el universo de la prostitución donde cuerpo, postura y leguaje eróticos formulan lo que ha sido denominado “erotismo exacerbado”. A la vez, el erotismo por su carácter transgresor facilita la luchar por la libertad, al respecto de conexiones formales, contrarrestando los eslabones negativos que representan los discursos autoritarios, dictaduras, intolerancias y guerras. Explica Morales que el erotismo, cubierto con su embriaguez, será también en su unión de deseo y delirio, y que el fin del erotismo es desarroyar la pasión, la memoria arquetipal y el imaginario sobre un momento de deleite corporal, formando parte del mundo interior del hombre donde el sexo se manifiesta como lo erótico: es el misterio de la apetencia; proceso que se ha expresado a través de la historia por alcanzar la igualdad entre el hombre y la mujer (Morales G., 2000, htm). El especialista Gregorio Morales, reconocido por sus estudios sobre esta temática, analiza la importancia del erotismo como parte integrante de los sueños afrodisíacos de la adolescencia y primera juventud, los que en general suelen ser compensatorios de la sexualidad. Añade que el sueño utiliza el erotismo como uno de los símbolos más potentes, y que dan expresión a una de las funciones psíquicas más necesarias en la vida de una persona, como es la “unión de contrarios” (Morales G., 2000, htm). Coincide junto a otros autores, al afirmar que el erotismo se manifiesta como una ruptura consciente de la ley por su carácter transgresor: “un límite de las palabras, ahí donde la trasgresión encuentra su espacio para hablar y ser hablada” (González S., 1994, p.26), es así que el cuerpo, el placer y el erotismo a través de la palabra poética son ejes de libertades individuales donde se centran la violencia, la violación, la ironía, el humor, la burla, la fiesta, la celebración y la ridiculización. Georges Bataille aporta otra visión trascendente del erotismo: “la aprobación de la vida hasta en la muerte” (Bataille, 2004, p.10). Este enfoque permite entrever un desfilar hacia la muerte acompañada de beyeza, tras el impulso del presente en su instante infinito del placer y en la búsqueda de una desnudez fundamental, la que puede o no lograr el placer. Dentro de la línea del pensar de Bataille, el erotismo como concepto puede yegar a convertirse en la experiencia que el ser humano aprehende de lo sagrado, independientemente de la religión. El crítico italiano continúa afirmando como a través del erotismo y sus excesos se arriba al “dominio de la violencia y de la violación con su equivalencia de príncipe del mal y de la fiesta dionisíaca, dejando como secuela la disolución de formas sociales estructuradas, tras adoptar como forma la trasgresión de lo prohibido” (Bataille, 2004, p. 19).
Bataille ha ejercido una fuerte influencia en la literatura
El discurso femenino y los enfoques de género, especialmente en autores como Juan Pablo Patiño (Patiño, 2005, htm), en sus estudios sobre el libro Azul de Rubén Darío; en él se refiere especialmente al carácter trasgresor de lo erótico y su sentido trascendente: Rubén Darío presenta en los cuentos de Azul... una propuesta vital donde una escritura erótica y festiva degrada las formas establecidas. El juego que plantea en la sensualidad instrumento de desvanecimiento irónico del ser, la palabra, la imagen, la identidad establece una dinámica de celebración que a su vez es una afirmación vivencial. El ser es presentado, las más de las veces, como fuera de la pasión, de manera objetivada. En ese sentido, como afirma Bataille, el ser está pretendidamente conformado primitivamente como discontinuo, como delimitado del mundo por su propia identidad. El erotismo se plantea como agente dinámico que trasciende al ser, quien se desdobla bordeando sus propios límites y penetrando a la continuidad. El hombre se pierde en la fusión deviniendo a través de un acto fundamentalmente violento. Es un deseo de comunicación que abre los cuerpos de su estructura cerrada. Es principio de destrucción para los participantes del juego de la carne que los coloca en el umbral de sí mismos. Es el “terreno del erotismo, esencialmente el terreno de la violencia, de la violación”, en opinión de Bataille. Conduce al arrancamiento del ser respecto a esa discontinuidad (Patiño, 2005, htm). En opinión de Patiño, lo erótico es transgresor al proporcionar a los amantes un proceso de liberación que desafía lo establecido para reafirmar el placer; así el erotismo se convierte en una expresión de la dimensión del interior del ser humano que refuerza la sexualidad, donde ese ser se trasciende a sí mismo en el otro, lo prohibido es transgredido y emancipado. El crítico de Azul , postula que esta concepción permite una nueva mirada del universo, al comprender hasta qué punto lo existente es relativo, y en consecuencia permite comprender la posibilidad de un orden distinto del mundo; por eyo analiza que en los textos de Azul, se establece una mecánica de descripción erótica que desvanece las formas; no sólo se presenta una clara diégesis que apunta a desenlazarse los límites de los objetos, sino que expresamente se enuncia en un culto a la sensualidad. Por eyo en Rubén Darío está “en el centro de sus pensamientos la hembra, un poco al modo pagano, carnal y disfrutable por los sentidos” (Patiño, 2005, htm). Descripción de cuerpos y sexualidad que conforman una poética del erotismo basada en una construcción erótica que utiliza como estrategia la fusión de diferentes artes para establecer una dinámica de continuidad: culto a la sexualidad que se manifiesta como trasgresión. Otra visión es postulada por el crítico italiano Francesco Alberoni; en O Erotismo defiende que la verdadera sensualidad sólo es posible cuando cada persona envuelta en el proceso erótico comprende al otro, logra ponerse en su lugar y hacer propias sus fantasías; aporta el concepto de que la “generosidad de intelectual e emocional, capacidad de dar-se, dedicar-se, de abandonar-se. O grande erotismo é o oposto da avareza, da mesquinhez, da prudência” (Alberoni, 2000, p. 214). Al respecto del carácter transgresor del mismo, Alberoni coincide con otros estudiosos, al definir esta categoría como construcciones literarias que permean las relaciones de la vida de hombres y mujeres en las cuales el erotismo está libre de acortamientos y normas, sin presentar sujeciones de algún tipo; es producto de la atmósfera o de un momento, o de momentos determinados de la acción. Afirma que a menudo surge, no es buscado, o se encuentra tan íntimamente entrelazado con el resto de la obra que, en lo afrodisíaco, siempre reflejan otras dimensiones. Por todo eyo, el erotismo literario consigue efectos de mayor alcance que la denominada literatura erótica. Desde la óptica de la recepción, algunos lectores perciben al erotismo como “un fantasma amenazante” (Eisenberg G, 1997, htm), que convoca y reúne todos los sentidos en un mismo tiempo: el goce y el encuentro con el deseo estará en poder jugar con “los fantasmas” en vez de encerrarlos. Esta concepción hace del erotismo un poderoso proceso que de cierta forma es amenazador para el orden social que pretenda cesarlo. Cuando se confunde el erotismo con el acto mecánico del sexo, este se aliena y empequeñece; se reconoce por la crítica cómo en occidente se manifiesta una hipersexualización, que conduce a una banalización del erotismo, en ocasiones representado en la literatura pornográfica. Cuando el erotismo se sublimiza se convierte en materia y motivo literario, en oposición a la literatura erótica y a la pornografía literaria. Es así que el erotismo se construye a través de formas narrativas que pueden ser poéticas, noveladas o ensayísticas, para convertirse en una escritura sobre el deseo, mostrándose en contradicción al expresarse como sensibilidad y beyeza, o manifestarse como provocación y violencia, siempre en una actitud transgresora. Diferente propósito persigue la escritura erótica donde se alude a la posible concreción del deseo desde otra vertiente no esperada. Si bien el erotismo se propone, el clímax no reside solamente en las palabras, sino en el lenguaje gestual. Al respecto del erotismo apunta Ángeles Mateo en su estudio.
La literatura erótica frente al poder
Si atendemos a las definiciones que figuran en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia (D.R.A.E.) observamos que por erótico se entiende todo aqueyo que pertenece o hace referencia al amor sensual, pero también lo que incita al apetito sexual. Por extensión, siguiendo al D.R.A.E., se utiliza este término para referirse a la poesía amatoria y al poeta que la cultiva. Algo parecido nos dice María Moliner en su Diccionario de uso del español, aunque en este caso se resalta el carácter sexual del amor y no sensual como figura en el D.R.A.E. También añade que aplicado a obras literarias hace referencia al asunto amoroso “poesía erótica” y señala que erótico tiene a veces un sentido peyorativo, implicando exageración morbosa del aspecto sexual. (Mateo, 2000, htm) se trata por tanto de dejar hablar a la experiencia erótica, de liberarla del silencio, de reconocerla en la esfera literaria, ya que el erotismo es tal vez una de las emociones más intensas del ser humano. Es necesario penetrar en los profundos y movedizos orígenes de lo erótico; la igualdad del hombre y la mujer conducirá a una sensualidad plena, donde la fantasía permeará los deseos humanos. Esta concepción puede ser considerada como una de las razones por la que se escribe y se publica una gran abundancia de literatura femenina contemporánea que asumen la temática del erotismo; de ahí que un concepto más elaborado de erotismo se exprese en el discurso del imaginario femenino. Al respecto de estas relaciones, en el ensayo titulado “Erotismo y Literatura” (2003) Elías Gómez García cuestiona, “¿qué es erotismo en la literatura?”, concibiendo el erotismo en sus relaciones emocionales y espirituales: El erotismo en la literatura es la insinuación, mucho mejor cuanto más leve, de la posibilidad del placer sexual; por tanto, cuanto mayor sea la insinuación y más velada, más erótico es el texto; el incremento de la dosis de lo explícito produce pornografía y, con un poco de mala suerte, vulgaridad, cuando no bostezo (Gómez, 2003, htm). El crítico, sintéticamente en otra parte del texto, analiza las diferencias entre las categorías erotismo y pornografía; en opinión de diversos investigadores (Rodríguez, J. C. 2005, htm) sobre el tema, estas categorías se muestran conectadas por una línea tenue y frágil que en ocasiones no produce una distinción exacta de las mismas cuando lo erótico se exacerba. Son acertadas las referencias del crítico sobre el contenido erótico de diversas obras literarias que pertenecen enteras o en sus partes, a los caracteres de la literatura erótica, y cita entre eyas, El decayeron de Bocaccio, Las mil y una noche, El monje de Lewis, el Don Juan de Byron, La señorita de Maupin, de Gautier; así como, textos puramente eróticos que por su genialidad, originalidad o tratamiento inusual de algún aspecto, pueden considerarse como textos literarios eróticos: Vox, de Diderot; Gamiani, de Musset; Teleny, de Oscar Wilde, Las correrías del rey Folgante, de Pierre Louys; Las once mil vergas;, de Apollinaire o Delta de Venus de Anaïs Nin. El erotismo es, como se percibe, una categoría muy atendida por la crítica literaria y por la creación en la actualidad, yegando a ser considerado una modalidad independiente en los estudios de la literatura actual, conforme apuntaron los estudios consultados. El tema es atendido en revistas especializadas como, El Navegante, y motivo de diversas antologías literarias, de convocatorias de eventos internacionales, cátedras de estudios en las Universidades, y de investigaciones sobre erotismo y literatura, en diversas culturas occidentales y orientales. En la búsqueda de una referencia panorámica de la trayectoria de lo erótico en la literatura, el mundo griego antiguo reelaboró el concepto del amor donde las mujeres fueron excluidas; el amor se estableció exclusivamente entre el maestro, siempre un hombre maduro y el discípulo, un adolescente; refiere Platón en El Banquete cómo Alcibíades quiso tomar a Sócrates por amante. En el Medioevo se da un especial tratamiento al tema, el cual desde la óptica cristiana se transforma en lujuria, siendo objeto de persecución y denuncia; en su doble conceptualización de la mujer: María/el bien, y Eva/el mal y el pecado como expresión del erotismo.
Sueño a veces con un amor lejano y vaporoso como la esquizofrenia de un perfume.
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