Sin duda alguna, el verdadero enemigo del desarrollo rural-agrícola de Venezuela ha sido la dirigencia del Estado petrolero en este último cuarto de siglo. En lugar de convertir el sector en una nueva fuente de recursos y apoyos para el desarrollo tecnológico-productivo de la ruralidad, hemos visto cómo el campo venezolano ha entrado en una situación de miseria, abandono y negación de recursos básicos para propiciar un desarrollo que podría haber sido un bastión contra la pobreza. Las instituciones creadas para dirigir el sector rural gubernamental se caracterizan abiertamente por ser instituciones excluyentes; es decir, aquellas cuya lógica opera para favorecer a estrictas minorías y destruir los afanes y expectativas del resto del sector.
El chavismo construyó una red institucional cuyo objetivo era cerrar las posibilidades de crecimiento de la agricultura, la ganadería, la agroindustria y los sectores conexos.
Es increíble la imposición de una vasta red de permisología que caracteriza cada proceso ligado a la producción de alimentos y productos agroalimentarios. No puede menos que calificarse como instituciones extractivas a toda la inmensa red de organismos fundados en los últimos 25 años, creados para detener la producción nacional de alimentos y, por otro lado, gestar las fortunas de los personajes que han dirigido el sector. En Venezuela, el marco institucional público dirigido al desarrollo, financiamiento y ordenamiento del sector agroalimentario está centralizado bajo un ministerio rector y un conjunto de aproximadamente 10 a 12 entes y organismos públicos principales adscritos, diseñados teóricamente para atender de manera integral al sector rural.
El organismo matriz es el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Productiva y Tierras (MPPAT), que actúa como el eje de las políticas agropecuarias. Las instituciones públicas que integran este sector se dividen según sus funciones específicas:
1. Desarrollo de infraestructura y tierras rurales
*Instituto Nacional de Tierras (INTi): Administra, distribuye y regulariza las tierras con vocación agrícola, gestionando los derechos de los productores y campesinos rurales.
2. Financiamiento y apoyo al productor rural
*Banco Agrícola de Venezuela (BAV): Institución bancaria del Estado, en teoría orientada a otorgar créditos especializados al sector agropecuario.
*Fondo para el Desarrollo Agrario Socialista (FONDAS): Responsable de financiamientos, insumos y recursos directos a pequeños productores y cooperativas campesinas.
3. Investigación, sanidad y capacitación técnica
*Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA): Dedicado a la innovación científica, optimización de cultivos y transferencia tecnológica para mejorar los procesos en el campo.
*Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (INSAI): Encargado de vigilar la sanidad vegetal y animal, así como el control epidemiológico y la trazabilidad del rebaño nacional.
*Fundación de Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria (CIARA): Organismo que provee formación técnica, intercambio de conocimientos y acompañamiento social a las comunidades rurales vulnerables.
*Agropatria: Empresa estatal encargada de la distribución y comercialización de semillas, fertilizantes y herramientas agrícolas; un fallido intento de sustituir a Agroisleña, la empresa privada que brindó durante décadas apoyo al sector rural.
El futuro posible
Hoy estamos frente a una nueva realidad. Aunque el Estado siga ejerciendo únicamente sus funciones represivas frente a los productores, nos encontramos ante dos sólidos ejemplos. El primero es la obtención de grandes resultados por parte de los productores en los estados Portuguesa, Lara y sus zonas de influencia. El segundo gran hito es la emergencia de un nuevo liderazgo sectorial integrado por individuos responsables, con formación técnica y las cualidades morales para dirigir este importante sector de la economía nacional.
En la zona de Portuguesa y Lara, los productores decidieron evadir las trampas gubernamentales, la maraña interminable de permisos y las multas que se convertían en un cinturón de prohibiciones, sumado a la negación de recursos financieros por parte de la banca pública. Los dirigentes del sector decidieron avanzar por cuenta propia, utilizando sus propios recursos e ignorando inteligentemente las prohibiciones y vetos provenientes del Ministerio de Agricultura y del desacertado Ministerio de Alimentación. El único producto probado de estas instituciones ha sido la acumulación de fortunas por parte de los funcionarios responsables de una permisología inútil, onerosa y chantajista.
Los productores de maíz, arroz y azúcar tomaron la delantera y, en alianza con la agroindustria, decidieron salir adelante con pulmón propio, evadiendo las presiones del gobierno chavista concentrado en el enriquecimiento de sus dirigentes. Ha sido notable cómo, en los momentos de cosecha de cualquiera de estos rubros, surgían inesperadamente cargamentos importados de productos de la peor calidad para competir con los productores nacionales. Como no hay secreto entre cielo y tierra, inmediatamente se revelaba que la autorización para importar dichos productos era impulsada y aprobada desde los despachos oficiales.
Los productores portugueseños decidieron arriesgarse y trabajar basándose en sus conocimientos, experiencia y dominio tecnológico, en estrecha coordinación con los sectores agroindustriales. Esta combinación de productores —amparados por la fortaleza de sus organizaciones de base y en relación armónica con el sector agroindustrial— produjo el milagro de la producción agrícola en el estado Portuguesa, un logro que ha llenado de esperanzas a los productores de todo el país.
Un segundo acontecimiento de gran relevancia ha sido la renovación del liderazgo. Hoy Fedeagro se fortalece cada día; sus dirigentes, con conocimiento y experiencia, denuncian permanentemente ante el país los obstáculos impuestos por el Estado contra los productores: las multas, demoras y trabas que entorpecen los distintos procesos productivos.
Esta renovación de Fedeagro se asienta en un liderazgo integrado por profesionales en cada uno de los rubros, capacitados en la conducción exitosa de procesos de producción y en el dominio tecnológico y económico necesario para lograr los mejores resultados. Junto a esta insurgencia del liderazgo renovador, asistimos también al desarrollo de una conciencia ética sobre la importancia de las organizaciones de base. Los productores directos han aprendido que la unión es la herramienta más poderosa, tanto para dirigir sus actividades con éxito como para consolidar una unidad de criterios frente a las dificultades y presiones de organismos públicos cuya tarea ha sido extorsionar.
Este nuevo espíritu que comienza a expandirse en el medio rural venezolano es un claro signo de renovación y un mensaje sobre el uso creativo y productivo de la tierra, en lugar de recurrir a la renta petrolera para sustituir la producción nacional y enriquecer a funcionarios corruptos. Es una verdad inapelable: hemos aprendido que con una dirección honesta, objetivos claros y compromiso sectorial no hay fuerza que impida el éxito de este renacer de la agricultura venezolana, el cual representa una esperanza firme para todos aquellos agricultores que se vieron obligados a emigrar o a formar parte de los cinturones de miseria en las principales ciudades.
Un gran esfuerzo imprescindible para seguir avanzando es el fortalecimiento del sistema educativo para el sector rural. Existen innumerables experiencias sobre el éxito logrado al educar a la población trabajadora del sector agrícola y al abrir centros de formación para el trabajo a lo largo y ancho del país. En estos momentos, en Venezuela, las estadísticas oficiales consolidadas sobre el sistema educativo y de capacitación para el sector rural se encuentran desactualizadas desde la década de 2010.
Existen experiencias internacionales de las cuales aprender, como la de Países Bajos, considerado el estándar global en ingeniería agrícola. La Wageningen University and Research (WUR) ha ocupado repetidamente el primer lugar a nivel mundial en ciencias agrícolas. Sus programas educativos destacan por estar integrados en el Food Valley, un ecosistema de más de 1.500 empresas agroalimentarias donde los estudiantes realizan prácticas directas en agricultura vertical e invernaderos hidropónicos avanzados.
Estados Unidos se destaca por tener los presupuestos de investigación más grandes del planeta. Universidades de élite como Cornell y Massachusetts-Amherst lideran la enseñanza donde la inteligencia artificial se aplica directamente al campo. Los estudiantes se forman utilizando tractores autónomos, mapeo satelital y biotecnología aplicada.
En Australia y Japón se ofrece una formación técnica especializada muy avanzada. Australia destaca en la educación orientada a la gestión del agua y cultivos en condiciones climáticas extremas o de sequía. Por su parte, Japón es el referente educativo en robótica agrícola, automatización y agricultura ecológica en minifundios.
Obligatoriamente, en esta nueva etapa de reconstrucción nacional, el inmenso sector de productores y organizaciones del sector rural debe contar con el respaldo de todo el país y tener un Estado que, en lugar de expoliar, resuelva dificultades, elimine la permisología chantajista y promueva un avance productivo, tecnológico y fundamentalmente humano.
La buena noticia es la posibilidad de detectar procesos de carácter incluyente para los productores del agromundo en todas sus especialidades y oportunidades. Hoy contamos con un liderazgo capaz de acabar con el ostracismo y el abandono del mundo rural. Estemos atentos y ¡manos a la obra! Un mejor futuro es posible,

