Venía de defender el precio del petróleo en Nueva York y de conversar con el Papa en Roma. En Moscú, en plena Guerra Fría, le esperaba la prueba más delicada de su gira: Hablar con la otra superpotencia sin dejar de ser Venezuela.
El aire de Moscú a finales de noviembre no se anuncia: se siente en la piel, en el aliento que se vuelve visible y en una luz baja que parece llegar desde muy lejos. En esa atmósfera aterrizó, en la tarde del 23 de noviembre de 1976, el avión que traía a Carlos Andrés Pérez desde Gran Bretaña. Venezuela todavía no terminaba de despertarse cuando el presidente ya pisaba la pista de Vnukovo 2, donde lo esperaba Nikolái Podgorni, jefe del Estado soviético, junto a otras altas personalidades.
Aquel recibimiento tenía algo de ceremonia y algo de enigma: el hombre que faltaba era tan importante como los presentes. Ese mismo día, un terremoto en Turquía había dejado más de cinco mil muertos, recordatorio brutal de que el mundo seguía su curso trágico más allá de las alfombras rojas.
El abrazo en Maiquetía
La gira había comenzado con un abrazo. A las 4:15 de la tarde, en el Aeropuerto de Maiquetía, Pérez despegó en el Supercoloso DC-8 de Viasa, el avión que se convirtió en emblema de aquella etapa del país. CAP abrazó al ministro del Interior, Octavio Lepage, que quedaba como presidente encargado. «Usted ya sabe», Le advirtió Pérez. «Buena suerte le deseo a usted», respondió Lepage.
Lo acompañaba una delegación pequeña: la primera dama, Blanquita Rodríguez de Pérez; el canciller, Ramón Escovar Salom; el ministro de Industrias Básicas, Carmelo Lauría; el ministro para Asuntos Económicos Internacionales, Manuel Pérez Guerrero; el presidente del Instituto de Comercio Exterior, Reinaldo Figueredo; el médico personal del mandatario, Ramón Téllez, y Simón Alberto Consalvi, embajador ante la ONU, que tenía el propósito de fungir como vocero oficial. En Londres se les uniría Sonia Pérez Rodríguez, la hija de la pareja presidencial, que estudiaba en París.
De Nueva York a Roma
Antes de Moscú, Pérez había estado en Nueva York, donde el 16 de noviembre intervino ante la ONU con un discurso histórico: abogó por un nuevo orden internacional, defendió los precios del petróleo y condenó las dictaduras, la violencia, el colonialismo y el irrespeto a los derechos humanos.
Se había alojado en el piso 35 del hotel Waldorf Astoria. Después de la conferencia, partió a Roma para entrevistarse con el Papa Pablo VI. Ese itinerario, de la tribuna mundial al Vaticano y de allí a Londres, explica el tono con que llegó a la capital soviética: no era la visita de un mandatario en busca de padrino, sino la de un presidente que venía ejerciendo, en voz alta, una política exterior propia.
Un reconocimiento de 1857
El viaje no caía en el vacío. Venezuela había sido el primer país latinoamericano cuya independencia fue reconocida por Rusia, el 17 de febrero de 1857.
Las relaciones diplomáticas entre la URSS y Venezuela se establecieron el 14 de marzo de 1945, fueron suspendidas el 13 de junio de 1952 por la falta de condiciones en Venezuela para la actividad normal de los representantes soviéticos y se restablecieron el 16 de abril de 1970, a nivel de embajadas.
Pérez fue el primer líder de Venezuela que visitó la Unión Soviética en visita oficial. En ese mismo año de 1976, Moscú recibió también a la delegación venezolana encabezada por el presidente del Congreso Nacional, Gonzalo Barrios, y una delegación soviética encabezada por el vicepresidente del Soviet Supremo, K. Khalilov, realizó la visita de respuesta a Venezuela.
La espera en el Kremlin
Según la nota de EFE fechada en Moscú el 24 de noviembre de 1976, Pérez llegó invitado por el Presidium del Soviet Supremo y el Gobierno de la URSS.
Alekséi Kosiguin, presidente del Consejo de Ministros, no acudió al recibimiento porque había viajado a Bucarest para asistir a la reunión del comité político consultivo del Pacto de Varsovia. Allí se encontraba también Leonid Brézhnev, secretario general del Partido Comunista.
Durante su estancia, Pérez mantendría entrevistas con Podgorni, y se esperaba que se entrevistara con Brézhnev y Kosiguin cuando regresaran de la capital rumana. Se llegó a especular que no viajaría desde Londres a Moscú si Brézhnev no lo recibía.
Después se concretó la cita, y no hizo falta el rodeo por Leningrado para encontrarse con el dirigente comunista: Brézhnev voló a Moscú. Hay fotos del encuentro Brézhnev-Pérez en El Universal del 28 de noviembre, y El Nacional informó que la prensa oficial en Moscú dio gran despliegue a la visita. En su discurso, Pérez dijo: «Venezuela es independiente de toda sujeción a bloques de países».
Petróleo por petróleo
El tema central de las conversaciones, según EFE, era la ampliación de la cooperación entre Venezuela y la URSS en los sectores económico e industrial, y dentro de este último la tecnología petrolífera ocuparía un lugar destacado.
Al término de la visita se anunció el acuerdo que mejor resume su lógica práctica: la URSS entregaría crudo a clientes de Venezuela en Europa y Venezuela lo haría a Cuba por la URSS. «Así se ahorrarán en fletes y se obviarán dificultades», informó El Nacional el 27 de noviembre.
En el mismo diario se leía el titular de la entrevista en el Kremlin: Brézhnev y Carlos Andrés Pérez estaban satisfechos con la entrada a las nuevas relaciones Caracas-Moscú. En Caracas, mientras tanto, Zapata lo miraba con humor en una caricatura: «Dicen que Carlos Andrés lo que anda es en campaña para la Presidencia del mundo».
«Hemos hecho mucho por Venezuela…»
La estancia en la URSS debía durar hasta el domingo, cuando el mandatario se desplazaría a Madrid, y EFE dejaba abierta la posibilidad de que lo hiciera el sábado vía Leningrado o directamente el domingo desde Moscú.
El camino abierto en 1976 no se cerró allí: en 1983 Venezuela recibió a la delegación soviética encabezada por el vicepresidente del Soviet Supremo, S. Imashev, y más tarde contribuyeron a esa cooperación las visitas a Rusia del presidente del Congreso Nacional y el Senado, Eduardo Gómez Tamayo, en 1995, y del presidente de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, Ramón Guillermo Aveledo, en 1997.
Pero el primer paso ya estaba dado. Pérez regresó a Venezuela el 2 de diciembre de 1976, luego de una larga gira internacional, y al bajar del avión dijo: «Hemos hecho mucho por Venezuela y Latinoamérica en estos últimos quince días». Esa noche , CAP se dirigió al país en cadena nacional, escenario muy extraordinario para el momento.
Queda la imagen de un presidente petrolero que entró al Kremlin sin pedir permiso para seguir siendo venezolano, y de un acuerdo que convirtió la distancia en una ecuación práctica: el crudo viajaría menos para llegar igual de lejos. En plena Guerra Fría, Venezuela no eligió bloque; eligió interlocución. Y esa, quizá, fue la frase más perdurable de la visita.
Periodista especializado en crónicas históricas.



