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La últimas encuestas sobre las elecciones de Israel que se realizarán el 27 de octubre de 2026

 

Las elecciones parlamentarias de Israel se celebrarán el martes 27 de octubre de 2026. En estos comicios históricos, los primeros desde los ataques del 7 de octubre de 2023, se elegirán los 120 miembros de la 26ª Knéset (el Parlamento israelí). Este proceso electoral se presenta como un referéndum directo sobre el liderazgo del actual gobernante. Benjamín Netanyahu y Gadi Eisenkot los candidatos con mayor opción. 

Israel enfrenta elecciones decisivas: ¿democracia o nacionalismo radical?

Las elecciones de este martes son un punto de inflexión para Israel, donde la oposición advierte sobre la fractura entre un Estado judío democrático y una agenda nacionalista radical. La falta de rendición de cuentas tras el ataque del 7 de octubre y la controversia del reclutamiento de ultraortodoxos marcan el debate

Este martes, Israel se enfrenta a un dilema existencial: su identidad como un Estado judío, democrático y liberal está en juego. La oposición al primer ministro Benjamin Netanyahu advierte sobre la creciente polarización en el país, dividiendo a la población entre quienes defienden una visión nacionalista y religiosa y aquellos que abogan por los valores fundacionales del Estado, establecidos en 1948.

La reciente falta de rendición de cuentas del gobierno tras el ataque terrorista más devastador en la historia israelí, ocurrido el 7 de octubre de 2023, ha intensificado el descontento. A esto se suma la percepción de injusticia por la no inclusión de los ultraortodoxos en el servicio militar, mientras Netanyahu abre múltiples frentes en la guerra.

Según la última ‘Evaluación Anual del Pueblo Judío’, realizada por el Instituto de  Política del Pueblo Judío (JPPI), el 55% de los israelíes considera que la polarización y la división interna son el mayor peligro para el país, superando incluso la preocupación por la amenaza nuclear iraní (23%) y el conflicto israelo-palestino (18%). Alarmantemente, seis de cada diez encuestados ven un riesgo real de guerra civil.

La cohesión social es una preocupación para el 78% de los israelíes. La tensión entre la derecha y la izquierda ha disminuido del 56% al 46% en el último año, mientras que la tensión entre judíos religiosos y laicos ha aumentado del 20% al 32%, alcanzando su nivel más alto en tres años. Este cambio, según el JPPI, refleja un conflicto creciente entre la sociedad israelí y la comunidad haredí, que se opone al reclutamiento militar.

En un sondeo previo a las elecciones, el 72% de los judíos israelíes afirmó que la primera tarea del nuevo gobierno debe ser aprobar una ley que obligue a los haredíes a servir en el Ejército. Además, el 71% exige la creación de una comisión que investigue el atentado del 7-O, aunque el apoyo cae al 52% entre los árabe-israelíes.

Desde la oposición, se enfatiza que estas cuestiones son cruciales para definir la identidad del país. Lianne Pollack-David, miembro del partido Yashar, sostiene que “Israel es un Estado judío democrático y también liberal”, y subraya la necesidad de recuperar estos principios. Eitan Ginzburg, exministro y candidato por el partido Juntos, complementa: “Lo que está en juego es qué Israel queremos tener”.

Pollack-David advierte que este es un momento crítico, señalando que “esto es una amenaza existencial, mucho más que cualquier amenaza externa”. La oposición no solo busca investigar el 7-O, sino también establecer un sistema educativo único para todos los sectores de la sociedad, ya que actualmente los ultraortodoxos cuentan con un sistema propio financiado por el Estado.

La percepción sobre el equilibrio entre la identidad judía y la democracia en Israel es alarmante. Un reciente sondeo del IDI revela que solo el 24% de los judíos israelíes cree que existe un equilibrio, mientras que el 41%</strong%> considera que el componente judío es demasiado dominante. Entre los judíos de izquierda, el 76%% piensa que la democracia está en desventaja.

Desde su creación, Israel ha lidiado con tensiones sobre su identidad. Inicialmente, los fundadores sionistas laboristas imaginaron un “Estado judío con instituciones laicas y aspiraciones liberal-democráticas”. Sin embargo, en los últimos años, las ideas iliberales han ganado terreno, impulsadas por un liderazgo radical religioso nacionalista que aboga por un mayor papel de la legislación judía en el Estado.

Tras los eventos del 7-O, muchos israelíes sienten que la creación de un Estado palestino es inviable en el actual contexto. Ginzburg, compartiendo esta opinión, critica la situación en Cisjordania, aunque su partido se opone a la expansión de asentamientos sin la aprobación del gobierno.

En contraste, el partido Los Demócratas, que incluye al Laborismo y Meretz, se presenta como el único que aún aboga por la paz. Tomer Avital, candidato de este partido, lamenta que “Israel antes era un faro en la región y ahora somos el país más odiado del mundo”. Asegura que tras las elecciones, un nuevo gobierno “liberal” podrá mostrar una imagen más positiva.

Por su parte, la Lista Árabe Conjunta va más allá, reclamando el derecho de los palestinos a la autodeterminación. Su director de campaña, Mauricio Lapchik, sostiene que “somos los únicos que hablamos de paz y del fin de la ocupación”, subrayando la necesidad de que los palestinos tengan su propio Estado.

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