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Gustavo Coronel: Un recuerdo para Odoardo León-Ponte

 

 

Me dan la noticia del fallecimiento de mi querido compañero fundador de Agrupación de Orientación Petrolera (AGROPET), Odoardo León Ponte. Marcos Marín Marcano, Odoardo León-Ponte y yo fundamos el grupo que habría de participar exitosamente en el proceso de nacionalización petrolera. En su memoria reproduzco aquí un escrito sobre AGROPET, de mi libro: Ciudadanos del Petróleo en Venezuela.

Ciudadanos del Petróleo en Venezuela

La hora de AGROPET

Odoardo León Ponte

Odoardo León-Ponte

A las nueve de la mañana del 13 de febrero de 1974 bajé al cafetín de la empresa Shell, en el edificio La Estancia, a tomar una taza de café con mis compañeros de trabajo Marcos Marín Marcano y Odoardo León-Ponte. Durante ese breve encuentro, y el que sostuvimos tomándonos otro café a las nueve de la mañana del viernes siguiente, conversamos sobre la situación petrolera nacional y sobre el curso que estaban tomando los acontecimientos relacionados con la posible nacionalización petrolera. De particular interés para nosotros, empleados petroleros a nivel gerencial medio, era ver cómo las discusiones públicas sobre este tema estaban totalmente en manos del sector político, el cual no mostraba una real comprensión de la complejidad del paso que se proyectaba dar. La opinión preponderante en aquel momento en el país era: (a), que el petróleo se vendía solo; (b) que la tecnología se podía comprar en el mercado abierto; (c), que las empresas concesionarias debían ser excluidas de papel alguno postnacionalización y que no debían ser objeto de indemnización porque habían arruinado el ambiente; (d), que el control del petróleo requería su manejo directo, y (e), que el Estado debía tener la propiedad total de la empresa o empresas petroleras (estatización versus nacionalización).

El país estaba bajo un clima de fervor nacionalista, estimulado por los sucesos ocurridos en el mundo árabe, donde Muamar el Gadafi, entonces presidente de la República Árabe Libia, había puesto a la Occidental Petroleum de rodillas y el precio del petróleo había sido unilateralmente incrementado por los gobiernos. El sector político venezolano estaba montado en esa ola y parecía pensar que la nacionalización era asunto de emitir un decreto ejecutivo y ya.

Nosotros pensábamos que el país entero y, en especial, el liderazgo político que tendría en sus manos la decisión final, debía conocer mejor las complejidades del proceso al cual se enfrentaría el país. Con base en estas conversaciones, decidimos elaborar un documento inicial que analizara el problema en sus varias facetas: los intereses de la Nación, los intereses de los partidos políticos, los intereses sindicales y de los empleados de la industria; los intereses de las empresas concesionarias y los deseos y temores del venezolano promedio. Una vez elaborado el documento, lo conversamos entre nosotros y decidimos convocar una reunión de empleados petroleros para discutir el tema. Para ello, con el dinero de nuestros bolsillos, alquilamos un salón en el hotel Tamanaco con capacidad para unas treinta personas y convocamos una reunión para las ocho de la noche del día 27 de marzo.

A las siete de esa noche había unas doscientas cincuenta personas esperando el inicio de la reunión. El dueño del hotel, Rafael Tudela, se dio cuenta de la situación y de manera muy generosa nos abrió el Gran Salón, sin costo adicional alguno. Esa noche nació la Agrupación de Orientación Petrolera, Agropet, integrada por gerentes y técnicos petroleros venezolanos, la cual inició una intensa participación en el debate que duraría casi dos años, tanto en el seno del III Congreso Venezolano del Petróleo celebrado ese año como en las reuniones de los colegios profesionales y en los debates y conferencias llevados a cabo por la sociedad civil venezolana.

Entre las numerosas escaramuzas que se llevaron a cabo en torno a este asunto tan fundamental, estuvo la que se generó durante el IX Congreso de Ingeniería, en Maracaibo, mayo de 1974.  En ese evento una moción del petrolero político Jesús Lachman, pidiendo la inmediata estatización de la industria petrolera venezolana, fue rebatida por dos geólogos petroleros allí presentes, Francisco Pancho Gutiérrez y Elías Zambrano. En aquel momento la moción de Lachman fue ampliamente derrotada, pero ello acentuó la confrontación abierta entre los profesionales quienes laboraban en CVP, la empresa petrolera del Estado, y quienes lo hacían en la industria petrolera privada.

El III Congreso Venezolano del Petróleo, en junio de 1974, fue escenario de una dura batalla. Yo fui el secretario de organización de ese evento, Rafael Sandrea era el presidente y Arévalo Reyes, Alberto Quirós, José Gregorio Páez, Rubén Chaparro Rojas, Romer Boscán, Gerardo Acosta y Jesús Gómez Carpio eran miembros del comité organizador. La ponencia principal “Alternativas para el manejo futuro de los hidrocarburos” debía haber sido preparada por un grupo que originalmente incluía a Alirio Parra, Félix Morreo, Ramsey Michelena, José Sahagún y José Rafael Domínguez, pero, al final, resultó ser casi por entero elaborada por el suscrito y David Bain, ya que los miembros arriba nombrados dejaron de asistir a las reuniones. Esta ponencia tuvo apenas un valor académico porque el presidente Pérez nos dijo, en su discurso de clausura, que ya la decisión sobre la estatificación de la industria petrolera estaba tomada. En mi novela El Petróleo viene de la Luna hablo con más detalles sobre este evento, páginas 225-250.

El momento cumbre de nuestra participación en el debate sobre la nacionalización fue la reunión a la cual fuimos invitados por el presidente Carlos Andrés Pérez (CAP), en Miraflores, en enero de 1975. A esa reunión acudimos unos cuatrocientos empleados petroleros y, en dos horas, le hicimos al presidente y su gabinete en pleno nueve presentaciones sobre los aspectos financieros, estratégicos, organizacionales, operacionales, comerciales y de recursos humanos relacionados con la nacionalización en ciernes, presentaciones ensayadas a conciencia por los charlistas, por lo cual duraron exactamente las dos horas anunciadas. Al final de estas presentaciones, CAP dijo que se había sentido impresionado de nuestra precisión y por oír de nosotros la explicación de muchos aspectos del proceso que no conocía hasta ese momento. Rio abiertamente cuando, abriendo el ciclo de presentaciones, yo dije que las directivas de las empresas nacionalizadas no deberían incluir políticos de carrera. El impacto de esta reunión sobre el curso de los acontecimientos petroleros fue dramático y objeto de muchos ataques del mundo político. Detalles sobre esta reunión, la cual fue posible debido al aporte de Carlos Rengifo y la lista de los charlistas de ese día pueden encontrarse en la misma novela El Petróleo viene de la Luna, páginas 235 a 244.

Sería imposible enumerar a todos los gerentes y técnicos petroleros que le dieron vida a AGROPET, ya que la organización llegó a tener más de tres mil miembros en todo el país, más o menos distribuidos así:

Anzoátegui: 100

Carabobo: 30

Monagas: 120

Paraguaná: 400

Zona metropolitana: 900

Zulia: 1500

Entre los petroleros que dieron sus aportes al documento inicial de Agropet, estuvieron Omar Ferrer, Francisco Paco Barea, Conrado Araujo, Rafael Álvarez, Moisés Lapco, Pablo Reimpell, Rubén Chirinos, Juan Vicente Vera, Enrique Chirinos, Aquiles Fernández, Gonzalo Franceschi, Gorgias Garriga, Rafael Macías, Héctor Riquezes, Enrique Landaeta, Tiberio Faría y otros. Luego de la primera reunión en el hotel Tamanaco, quienes fuimos nombrados directivos de la agrupación, comenzamos a visitar los diferentes sitios de actividad petrolera. En Paraguaná encontramos una extraordinaria fuente de apoyo y entusiasmo en Leopoldo Polo Aguerrevere, Antonio Molina, Andrés Revesz, Edgar Jiménez, Rafael Strauss, Antonio Tepedino, Oscar Rodríguez, José Mur y muchos otros.  En Maracaibo nos esperaban Francisco Chacín, Dael Montiel, Rolando López, Francisco Santamaría, Adalberto Briñez y otros. En Lagunillas recuerdo a Carlos Belfort, Enrique Chirinos, Pedro Pagazani, Pedro Vegas, Douglas Parra, Luis Pellicer, Arnaldo Salazar, Ovidio Suárez, Demetrio Quintero, Ovidio Rodríguez y otros.  En Morón recuerdo a Efraín Brown, Luis Cedeño, Agustín González y Eddie Scott, entre muchos otros. En Puerto La Cruz-Anaco a Nilo Giménez, Bernardo Jurado, Francisco García, Ricardo Paytuví y muchos otros.

Los directivos de las diferentes seccionales de la organización en todo el país incluían a Carlos Ramírez, Conrado Araujo, Roberto Mandini, Juan Piña, Oswaldo Amaya, Pedro Pablo Elías, Rubén Chirinos, Luis de la Cruz, Orlando Castillo, Ernesto Fronjosa, Juana Albornoz, Luciano Macupido, Carlos Scott, Fernando Escribens, Carlos Rico, Humberto Vidal, Antonio Álvarez, Adolfo París, Carlos A. Pérez, Mauricio Tedeschi, Diego Nucete, Raúl Miquilarena, Federico de Chene, Agustín Andrade, Eugenio de Bellard, Edmundo Cárdenas, Ramón Mantellini, Aunario Marín, Frank Aveledo, Rafael Pérez Álvarez y muchos otros.

En la prensa escribíamos Gustavo Nieto, Tiberio Faría, Roberto Mandini, Luis Mantellini, Ramón Mantellini, Carlos J. Ramírez, Oswaldo Amaya, Rafael Montero, Paco Barea, Carlos Rengifo, Gustavo Inciarte, Marcos Marín, el suscrito y muchos otros.

Las reuniones, eventos y conferencias en los cuales nuestra opinión se hizo sentir, las presentaciones en universidades, organizaciones empresariales y profesionales, más las contribuciones escritas en la prensa, particularmente en la revista Resumen, la cual se convirtió en nuestro formidable aliado, representaron un insumo que fue decisivo para moldear la fisonomía final del evento nacionalizador, el cual se acercó mucho a lo que nosotros propusimos. El modelo operacional y gerencial no fue el de la empresa única propuesto por el sector político, el cual había fracasado en la mayoría de las empresas petroleras estatizadas del planeta, sino la figura de una casa matriz coordinadora de empresas operadoras múltiples; se suscribieron convenios de tecnología y comercialización que le garantizaron a la Nación estabilidad en sus ingresos petroleros, se introdujo en la ley un artículo quinto que dejaba abierta la posibilidad de convenios futuros de asociación con las empresas privadas (un proviso que la misma izquierda, que tanto lo combatió, es la que más lo ha utilizado durante los años del chavismo).

Debido a la respetable personalidad del general Rafael Alfonzo Ravard, el sector político conservó un temor reverencial de la gerencia profesional, el cual protegió a PDVSA de una inmediata politización. Sin embargo, ella llegaría inevitablemente durante las décadas siguientes, cuando se le arrebató a PDVSA su autosuficiencia financiera y sus directivos comenzaron a ser seleccionados con base en afinidades político-partidistas. Antes de que comenzara su declinación, PDVSA llegó a ser una empresa líder a nivel mundial y se ganó el respeto del mundo de la energía.

AGROPET no terminó su actividad en el año de la nacionalización. Por algunos años después, al menos hasta 1980, permaneció activa, en su labor orientadora y vigilante de los riesgos de politización de la industria.

Lo que comenzó con una taza de café compartida por tres empleados de modesto nivel medio en una de las empresas petroleras concesionarias, se convirtió -gracias a la iniciativa de los gerentes y técnicos petroleros- en un formidable instrumento de opinión, hermoso ejemplo de democracia en acción.