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Oscar Fuenmayor: Conversé con Dios

 

Fue en estos días en que sacaba unas desesperadas cuentas (en el Café al que suelo ir) acerca de cómo iba a administrar el bono de la guerra que nos hace el gobierno, Donald Trump y todas esas oposiciones que representan a esas dos franquicias. Mis cuentas no cuadraban y aumentaba mi angustia. Adiós al arreglo del aire acondicionado que me dañaron los bajones. Descartado ese arreglo estudié comprar unos zapatos usados, lo que también descarté de inmediato pues ese gasto suntuoso comprometía mi dieta de granos y arroz para los días inmediatos. Extendí los brazos al cielo y clamé: ¡Dios arregla este desastre creado por el chavismo, la oposición y el imperio! Me sentí muy extraño al hablar así ya que toda mi vida he sido ateo. Algunos clientes me miraron compasivos. “Pobrecito, debe ser un jubilado” seguro que pensaron. Fue entonces cuando oí la voz de Dios.

─Buenos días Oscar.

─Buenas, ¿con quién tengo el gusto…?

─Soy Dios, he venido a acompañarte en tu sufrimiento, quiero que sepas que no estás solo; me llamaste hace un momento.

Instintivamente me puse en estado de alerta y observé a mi interlocutor detenidamente. Desconocido, jean y franela, bien afeitado, pelo corto.  Nunca se sabe lo que puede pasar en casos tan inusuales. El desconocido me sonrió amablemente.

─Tranquilo Oscar, soy tu amigo, conversemos.

Su aspecto sereno me transmitió cierta confianza. Ya medio repuesto de la impresión me dispuse a seguirle la corriente y lo invité a sentarse. Quizá solo quería conversar, así como dijo.

─Así que eres Dios … ─comenté para iniciar la conversación.

─Sí, También puedes llamarme Cristo ─dijo con naturalidad.

─ ¿Cristo González? ¿Cristo Fuenmayor?

─Nada más Cristo, Jesucristo si lo prefieres.

─Bueno, Cristo, ¿qué te parece si comenzamos nuestra amistad con un pequeño milagro y compartimos dos cafés con sus respectivas galletas?

─De verdad lo siento, Oscar, soy jubilado como tú así que nos tomamos dos negritos guayoyos y te debo las galletas, todavía no me ha llegado el bono de guerra.

No salgo de mi sorpresa, … ahora resulta que este Cristo es jubilado y depende para vivir de los bonos chucutos que administra el Gobierno. Esto es acabo de mundo. Bueno, así están las cosas, supongo que hasta un mesías tiene sus problemas de salario.

─Que sea así, dos guayoyos, pero me debes las galletas, ¡Y que sea antes del apocalipsis! porque en esos días vamos a estar dando carreras.

─ ¡Hecho!

─Entonces, Cristo, entiendo que es tu segunda venida.

─Cierto, y tengo mucho trabajo, el mundo está peor que cuando me crucificaron. Y solo puedo salvar a unos pocos.

─¿Salvarías a un ateo como yo?

─Por supuesto, Oscar, ya se aclaró la confusión que había y no es por fe ni pagando diezmo, es por obra. Me consta, porque todo lo sé, que has sido un buen hombre y que no te has vendido al Imperio ni traicionas a tu país entregando su soberanía y su patrimonio. Quienes han estado en eso arderán en la paila 0 por los siglos de los siglos.

─¿Sabes que podrían crucificarte de nuevo?, y mas por mensajes como ese.

─Esta vez no será así, hay ajustes en la profecía y a los jubilados y pensionados no nos toca ese martirio, ya hemos sufrido bastante por el miserable salario mínimo y los bonos de hambre. Además de hambre, desnutrición, apagones de 6 horas y aumentando, bajones, falta de agua y de internet, … etcétera, etcétera …. Como sabes porque lo padeces, una vida así también es un largo martirio. Además, así no tengo que invertir tres largos días en resucitar, ¡tres días encerrado sin tomar café!

─Pero podrían enviarte a Tocorón, cuídate.

─Soy un redentor, es mi trabajo correr ese riesgo. Tengo que padecer junto a mi pueblo, a veces en la clandestinidad, pero aquí mismo en mi pueblo.

─ ¿Es por eso que te afeitaste y vistes de jean y franela?

─Sí, el FBI, la CIA, el Mossad y los genuflexos criollos que conviven con ellos en Miraflores buscan a un sujeto envuelto en una bartola larga y de sandalias y no a un ciudadano vestido de civil. Con frecuencia cambio de camuflaje para despistarlos.

─Supongo que tienes un plan divino para el país; harás algunos milagros por aquí y otros por allá que nos permitan creer que Dios ha decidido intervenir…

─En primer lugar, nada de esperar milagros que caen del cielo ni del imperio invasor; lo primero es resignación, lo otro es el robo de nuestras vidas y la de nuestros hijos y nietos. La redención la construiremos desarrollando conciencia en la lucha y construyendo organización que enfrente el robo y la traición entreguista. Dios ya ha intervenido en nuestra lucha sembrando Cristos en el corazón de cada pueblo, yo soy solo uno de ellos. Solo el Pueblo salva al Pueblo, tengamos presente eso.

En algunas mesas cercanas se pudieron oír estas palabras y algunos clientes emocionados comenzaron a corear: ¡Cristo presidente! ¡Cristo presidente! ¡yankis go home!, lo que seguramente puso muy incómodo a Cristo quien por razones de seguridad pretendía pasar desapercibido. Yo también me emocioné y arrebatadamente propuse:

─ ¡Vamos a celebrar, Cristo, ¡yo pago las galletas!

Para ese momento Cristo ya salía aceleradamente del Café por la puerta trasera perseguido por efectivos policiales, guardias nacionales y colectivos. A mí mismo me pareció prudente escabullirme del sitio discretamente ante la posibilidad de ser detenido y acusado de conspiración, así que salí caminando muy despacio para no llamar la atención de los cuerpos represivos. Como una semana después regresé al café a pagar la deuda de los dos guayoyos que Cristo había dejado en su abrupta carrera por salvar su vida. El gerente del Café me dijo que dejara eso así, que era cortesía de la casa. Esto me hizo pensar que habían simpatizado con el discurso de Cristo acerca de la necesidad de unirnos los venezolanos sin diferencias ideológicas, para defender lo que es nuestro de las aves de rapiña extranjeras y nacionales.

Me gustó conversar con Dios y lamento que haya durado tan poco. Espero verlo otra vez antes de la Gran Tribulación y podamos compartir en paz las galletas anunciadas y su mensaje de rebelión y amor por nuestra tierra.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM