Escribo como odio
Escribo para abandonarme,
para hacer infinita la soledad que acompaño.
Escribo para volar
el mundo
y explorar laberintos de tiniebla y espejos.
Escribo para no fingir
cuando hiervo devastación y fe en el caos.
Escribo para vencer
tentación de durar
y, menos desbocado, morir más.
Para, lo escrito ayer, poder romper mañana,
tomar pulso al abismo, maldecir, corromper,
desistir, apagar, despertar a dormir, ocultar, abolir.
Escribo para matar.
Ángel Guinda (Zaragoza, 1948 – Madrid, 2022) fue autor de una obra lírica heredera de la mejor tradición de la poesía española, pero construida con un lenguaje renovador, por lo que ha sido calificado como un raro de los Novísimos. Premio de las Letras Aragonesas en 2010 y finalista del Nacional de la Crítica o del Nacional de Poesía, ha sido traducido al inglés, francés, italiano y portugués, entre otros idiomas. Considerado un poeta indómito y vital, un desencajado de su generación, Ángel Guinda carbonizó su propia existencia hasta legar un estremecedor testimonio de la condición humana.

