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William Anseume: Vigilantes ante el diálogo

 

 

Absolutamente pragmáticos. ¿Existe otra posibilidad? El “diálogo” está ahí. No es una sutileza el uso de esa palabra. Cumple los requerimientos casi desesperados de los venezolanos por el entendimiento político que genere bienestar, en todo sentido. Porque ya basta. Conversar para entenderse. Parece leve. Pero no es poco.

Así como se llevaron a Maduro enganchado, así como nos ocurrieron los terremotos: el diálogo está ahí. En la llamada telefónica para saludarse – ¿Cómo sería ese saludo, verdad?- y ponerse de acuerdo para hablar cara a cara esta semana -¿Cómo serán esas caras, verdad?- En el arribo de la contraparte al aeropuerto. Está ahí, indetenible.

En las transiciones ocurre así, porque no están hechas para complacer caprichos, deseos personales ni de algunos mínimos colectivos, armados o no. Están hechas para hacer avanzar políticamente una nación. Más allá del hibridismo o del retorno al autoritarismo y sus pamplinas. Para llegar a acuerdos, preferiblemente muy duraderos. El objetivo no son unas pasajeras elecciones desesperadas, aunque ese – el de las elecciones-  sea un buen resultado como parte del proceso. Es mucho más que eso. Hay que moldear capas sociales, culturales; arrancar predisposiciones colectivas. La primera de ellas: que no tendrá resultados. Sí, los va a tener. La segunda: Que es más de lo mismo. No. Más de lo mismo no es, no puede ser. Por una sencilla razón: EE. UU. está allí, acechante, tanto o más que nosotros. La palabra tutela se queda corta, muy corta.

EE. UU. se llevó a Maduro y no preguntó. EE. UU. se entiende con Delcy Rodríguez y no pregunta. EE UU. seleccionó la parte de la oposición que le pareció más conveniente para el diálogo, sorpresivamente, y sin preguntar nada o no mucho. Actúa pragmáticamente. ¿A su conveniencia? De bolas. No es exactamente a la mía, aunque termine conveniéndome como venezolano que quiere que esto se resuelva. ¿Qué tiene intereses económicos, geoestratégicos y políticos suyos para ganar elecciones allá? De bolas.

Ahora bien, el “diálogo” que empezó con una llamada de rompehielo, causa pataletas en algunos lados. Como es natural en toda transición. Aspavientos, piedrecillas lanzadas al vacío. Gritos despavoridos a la luna. Comenzará con un tema que une a todos los venezolanos: los terremotos. No veo a nadie negándole un vaso de agua o una comida a alguien de los que más padeció los terremotos porque es chavista u opositor. Ahí, aquí, así, todos somos venezolanos y nos queremos y nos entendemos y comemos arepa y cachapa.

El diálogo, ante el que estamos vigilantes, acechantes, más bien, requerirá que la información fluya. Si se convierte en un coto cerrado impenetrable, se aislará indebidamente de los afectados: los venezolanos. Debemos estar al tanto de todo, con la curiosidad chismosa que nos caracteriza: si estuvo Calvin Klein o Carolina Herrera. Si se le salieron los mocos en un ataque de arrechera; ah, pero también, significativamente, los alcances mayores que afectarán nuestra vida en el futuro inmediato. Y, ¿por qué no?, algunos temas más trascendentes, requerirán la debida consulta. Involucrarnos constituirá un logro para el reconocimiento del mismo. Aunque, repito: pragmáticamente está ahí, inocultable. A todos nos interesa, aunque algunos se hagan los desinteresados paisas.

 

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM