Yo no tengo tetas, pero si usted tiene un par y anda este verano cerca de Sacramenia, en la provincia de Segovia, la invito a visitar la piscina municipal de este pueblo de poco más de 300 habitantes y pasar un rato en sus instalaciones en modo toples. Sería hermoso que reuniera a un grupo de mujeres y llenasen el recinto de tetas, a lo Femen. Podrían incluso llevarse a un buen fotógrafo y dejar una estampa para la historia, pero no quiero organizar campañas subversivas. Bastaría un gesto. Con que acudiese alguna mujer corajuda y sin vergüenza sería suficiente.
Sonia Lago, una veraneante vasca que ha sido acosada este verano por hacer toples en la piscina de Sacramenia, seguro que le agradece el apoyo. Según he leído en una interesante y completa información en el diario El Correo, a Lago le pidieron que se cubriese cuando tomaba el sol porque a una joven le ofendían sus tetas. La bañista se negó, puesto que las normas de la piscina no prohibían el toples, y siguió en su toalla sin sospechar que acababa de empezar una pesadilla de verano. Le insistieron de todas las maneras, hasta que intervino la alcaldesa e, incluso, la Guardia Civil, que se limitó a acudir y encogerse de hombros. Lago —quien, por suerte, es una mujer que no se deja amedrentar por nadie— siguió acudiendo cada día con su toalla y sin la parte de arriba del bikini. Y cada día le venían con una nueva: Le intentaban prohibir la entrada o le decían que, de pronto, habían cambiado las normas de la piscina. Lo cual, por cierto, sería una prevaricación.
Lo que habría dado Luis Carandell por incluir esta historia de brutalidad municipal en su Celtiberia Show. Bien está que le veamos la guasa al asunto, pero si lo pensamos en frío un segundo, el episodio se vuelve siniestro: Una Administración española de 2026 —no de 1926, ojo— la ha tomado con una ciudadana, con llamada a las fuerzas de seguridad incluida, por tomar el sol a su aire, en paz y libertad. ¿Cuántas mujeres han sido amonestadas en cuántos pueblos, y se han cubierto los senos con docilidad, aceptando la humillación, por no montar escenitas? Conocemos esta historia porque Sonia protestó y luchó por su derecho, pero estoy seguro de que la policía de la moral ha triunfado silenciosamente en muchísimos sitios. Guardianes de piscina, neopuritanos, aguafiestas y metomentodos le están amargando el baño a muchas. La valentía de Sonia Lago debería servir para que este verano del eclipse no eclipse también las tetas de las mujeres libres.

