pancarta sol

Rafael Fauquié: Enseñar autonomía III

 

En todas las áreas que les competen, los Estudios Generales están destinados a compartir con los estudiantes la convicción de que la ética y cierto ideal de lo humano son y serán siempre valores insustituibles en la enseñanza. Asignaturas como literatura, sociología, historia, filosofía son medios útiles, certeros instrumentos para alcanzar esa finalidad: transmitir al estudiante la idea de que todo conocimiento vinculado a lo humano debería conducir hacia una visión del saber como necesario punto de partida para la creación de sociedades capaces de exigirse a sí mismas lo que ningún individuo debería dejar de exigir para sí: respeto, libertad, dignidad.

Materias como la historia, por ejemplo, serían una excelente oportunidad para entender el itinerario de la humanidad no como memoria colectiva empeñada en imponer el culto de unos pocos protagonistas o la solitaria evocación de derroteros de muerte y destrucción; tampoco como el obsesivo recuerdo de las luchas por el poder. ¿Cuál debería ser el sentido de la memoria histórica desde la perspectiva de los Estudios Generales? Alguna vez he comentado que, a la hora de entender el pasado, deberíamos acompañarnos más a menudo de versiones destinadas a percibirlo desde el tamiz de la imaginación y, sobre todo, de la sensibilidad. Repetiré algo que escribí hace algunos años: “En acto reconstructor, la historia, la verdadera historia, une el pasado con el presente, convierte recuerdos colectivos y tradiciones en soporte del hoy y en sugerencia del mañana. La memoria de la historia  ‑crítica, lúcida, subjetiva‑  sería tal vez el más adecuado puente que clausuraría el ruido ensordecedor de los rituales patrióticos y abriría una nueva expresividad, la del diálogo del tiempo.”

El tiempo universitario resulta ideal para el propósito de los Estudios Generales: en él los estudiantes tienen la edad suficiente para entender lo moralmente necesario. Antes es demasiado pronto; después, será ya demasiado tarde. Además el ambiente universitario, él mismo beneficiario de una autonomía sobre la cual apoya su esfuerzo comunicador de enseñanzas a quienes acuden a sus aulas para iniciar el camino de su propia vida, resulta indispensable para cumplir con el propósito de transmitir conocimiento y, muy especialmente, el relacionado con los Estudios Generales.

Desde luego, la universidad se debe a su sociedad, pero siempre desde un necesario sentido de autonomía, desde una libertad de cátedra que, en última instancia, se apoya sobre la independencia del saber, un saber necesariamente ajeno a muy estrechos requerimientos de índole política o económica. En última instancia: la autonomía que la universidad exige para sí misma es el origen de una visión del conocimiento apoyada en la idea de que el saber esencialmente existe para la mejoría del ser humano.

Se trata de unir los eslabones de un propósito educativo concebido como una cadena donde todo se orienta hacia un ideal que relaciona la autonomía de la persona con la autonomía de lo colectivo. Un individuo libre es el punto de partida de una sociedad libre. La autonomía individual es el preludio necesario de una autonomía social que defienda instituciones justas apoyadas en la deliberación colectiva, en el respeto a las leyes y a las instituciones, en el rechazo a gobiernos de fuerza y en la condena a caudillos de toda laya.

Una sociedad autónoma está conformada por individuos autónomos; por personas que existen como seres críticos, reflexivos; que no podrían abandonar los ideales democráticos porque la educación les enseñó que su único destino como personas no podía ser otro que el de vivir en una sociedad democrática.

Y ésa sería una conclusión de este tema “Enseñar autonomía”: solo en la condición autónoma de los  individuos que son parte de un cuerpo social, podrá este cuerpo llegar a convertirse, a su vez, en sociedad autónoma, perfectible, respetuosa de la dignidad y la libertad individuales, respetuosa de los derechos humanos de sus ciudadanos, respetuosa de la voluntad de las mayorías pero también del derecho de las minorías. O sea: sociedad capaz de perfectibilidad a partir de su autonomía.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM